Opinión / Columna
Notas taurinas 
Francisco Lazo 
10 de octubre de 2009

  AMIGOS, bien puede decirse que en la inminente Temporada Grande 2009-2010 en nuestra monumental Plaza México está anunciada una combinación de reconocidas ganaderías bravas mexicanas y la participación del mejor cuadro de diestros con que se cuenta hoy día en el mundo de los toros, con lo cual bien podría predecirse una campaña que, a pesar de los tiempos que corren, tiene trazado un programa muy atractivo y que ha de rebasar los 12 festejos del compromiso. Con esa base se ha integrado un reparto en el que intervendrán hierros de prestigio y otros que se han creado en los últimos tiempos y que se abren paso por el buen juego de sus astados, en tanto que vuelve a sentirse la ausencia de algunas vacadas más de gran crédito y renombre. En la selección de los matadores de toros nacionales se ha contratado ya a los que están en la preferencia del público, aunque también es muy notorio que hasta el momento de escribir estas notas no hayan sido incluidos Eulalio López "Zotoluco", Ignacio Garibay y Joselito Adame, pero se espera que no falten en el elenco de la campaña y por lo pronto actuarán muchos jóvenes que han ido alcanzando nuevas metas y que están en voces de los aficionados, como son Arturo Macías, que es el que más torea en nuestras plazas; José Mauricio, uno de los triunfadores de la pasada temporada; Juan Chávez, Octavio García el "Payo" y Mario Aguilar, quien confirmará su alternativa. Entre los españoles tomarán parte figuras como Enrique Ponce, José Tomás, Julián López El Juli y el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, así como el francés Sebastián Castella. En la inauguración de la temporada, el 8 de noviembre, aparecen ya en el cartel el mexicano Manolo Arruza y el valenciano Enrique Ponce, faltando uno por mencionar y la ganadería que jugará primeramente sus toros. Ahora bien, es tradicional que veremos dos estilos de ejercitar el toreo: el español, más técnico, y el mexicano, más joven y más emotivo. Estas son seguramente las principales diferencias de ambos toreos que ha dividido la fiesta en nacionalidades, el toreo español y el toreo mexicano, que sólo se equiparan en el valor al enfrentarse al toro y desarrollar su arte. Tales características son el producto de la manera de hacer y sentir la lidia de cada uno de los hijos de las dos naciones: en el toreo español, con más de cinco siglos de existencia y mayores experiencias, se disfruta el gusto y regusto al dominar a la res para sacrificarla luego de faenas cortas, y en el toreo mexicano se busca siempre combinar ese dominio técnico con la emoción que causa imponerse a la furia del toro para entregarse largamente al goce que produce pasárselo muy cerca, sin importar las consecuencia que esa actitud le conlleva: la tragedia. Y no hay que descuidar que las figuras del toreo de uno y otro lado del mar son capaces de adaptarse brillantemente a uno y otro estilo y cuando lo logran pueden llamarse con toda propiedad astros del toreo.

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