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Opinión / Columna
La semana pasada en Las Vegas, Nevada, días antes del enfrentamiento tan desnivelado que ganó el moreno Floyd Mayweather a Juan Manuel Márquez, coincidí por la tarde en un restaurante de esta bella ciudad del juego, con el ex campeón Jorge "Travieso" Arce. Platicamos obviamente de boxeo y de lo difícil que es "tomar la decisión del retiro y mantener la palabra de no regresar al ring a causar pena". "El Travieso" me comentó haber visto mi última pelea, la cual fue el 29 de septiembre de 2001 en el Madison Square Garden de Nueva York, donde vencí por nocaut efectivo en ocho asaltos al sudafricano Zolani Petelo. Yo comenté que en ese combate para el séptimo round tenía peligrosos cortes en ambas cejas, y el réferi Arthur Mercante ya me había anticipado en la esquina que si se agrandaban más las heridas, me detendría el combate y le darían la victoria al sudafricano Petelo, por nocaut técnico. Nacho Beristáin realizó como siempre un buen trabajo en la esquina para controlar el sangrado; en ese entonces yo tenía 36 años y mi rival 25. Expuse el campeonato mundial de peso minimosca, avalado por la Federación Internacional de Boxeo, yo no sabía que esa era mi última pelea y la gané gracias a "DIOS" y a mi esfuerzo, regresé a México me tomé un descanso, analicé mi desempeño, con calma examiné uno por uno los videos de las 26 peleas de campeonato del mundo que tuve, platiqué largamente con mi amigo don Eduardo Ricalde Medina y me di cuenta que era el momento para decir adiós a esta profesión que tanto me gustó y además me pagaban. Siendo sincero "yo no me retiré del box, el tiempo me retiró". Al paso del tiempo, las facultades de cualquier pugilista comienzan a mermar paulatinamente, los golpes son acumulativos, con el tiempo la piel del rostro por tantas batallas ya se corta y se inflama fácilmente y los reflejos, las piernas, los tiempos de reacción disminuyen, existen algunos que duran más que otros, dependiendo cómo se cuiden, también hay los llamados garbanzos de a libra, como el caso de Bernard Hopkins que sigue activo a los 44 años o George Foreman que su último pleito fue a los 48, "pero son contados". (Continuará) |
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