Opinión / Columna
ESTO...cadas 
Don Volapie 
9 de septiembre de 2009

  ESTOCONAZO: La empresa de la Plaza México se anotó un estoconazo al programar a tres de las damas toreras que hay en la actualidad en México: Hilda Tenorio, Elizabeth Moreno y Lupita López, quienes trajeron en capotes y muletas aires nuevos, frescos, a la temporada chica y ofrecieron una gran tarde que se recordará por algún tiempo. Además, su presencia como que envió un mensaje a sus colegas los novilleros. Por principio de cuentas hicieron que el público acudiera en considerable cantidad para presenciar el espectáculo femenil, pues está acostumbrado a la presencia de los novilleros. Cada quien en su estilo fueron aplaudidas, ya que además no desentonan de sus congéneres machos, es más su desempeñaron es mejor que cualquier novillero, pues le ponen más énfasis que ellos. Tienen más valor que algunos de los coletas. Así vimos a la michoacana Hilda Tenorio hacer alarde de valor y conocimientos, lista para tomar los trastos toricidas. Toreó sabrosamente a la verónica y en quites cuajó chicuelinas más ajustadas que una faja y luego un vistoso quite por zapopinas. Con la muleta se fue a un alto nivel al ejecutar el péndulo y tres muletazos más sin pestañear con las zapatillas clavadas en la arena y de ahí a torear sobre ambas manos echando muy abajo la muleta con largueza y temple y luego se le derrumbó todo al darse a pinchar. Pero Hilda hizo ver mejores de lo que eran sus novillos. Ya está lista para tomar la alternativa. La yucateca Lupita López, que hacía su presentación en la capital, entró con el pie derecho. Le cayó bien a la gente y dio una agradable sorpresa con su toreo al que le imprime un sello muy especial que de inmediato llega a los públicos. Fue volteada feamente y se levantó como impulsada por un resorte para seguir en la cara del toro con una sonrisa en la boca para seguir toreando hasta conseguir una oreja. Y Elizabeth Moreno, con el mejor lote, se colocó en un casillero importante al cortar su segunda oreja en la gran plaza. Reconoció que en su primer novillo acusó la falta de torear y en el segundo lo aprovechó al máximo, a pesar del diluvio que azotó el coso y a despecho de ello se dio a torear con temple y largueza con la muleta barriendo el ruedo. En ese momento le salió la inspiración y hasta dijo que seguramente fue "agua bendita". Elizabeth se jugó alegremente el físico y luego de la oreja que le otorgaron chapoteaba llena de felicidad en el agua acumulada en el ruedo. Ahí hay una tercia de toreras que refrescarán el ambiente taurino.

El domingo si abrieron las espuertas del cielo y dejó caer agua para ahogar a los capitalino. Afortunadamente las espadas estaban metidas en su fundón y no les pasó nada, pero listas para las nuevas ESTO... cadas.
 
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