Opinión / Columna
Por fin... la verdad 
Rosalinda Coronado 
Fue hace 25 años
ESTO
3 de agosto de 2009

  Cómo han pasado los años, dice una canción, y así se escurrieron dentro del deporte 25 años.

Porque en un día como hoy, Ernesto Canto Gudiño se proclamó campeón olímpico en la distancia de los 20 kilómetros de caminata, entró triunfante al Estadio Coliseo en Los Ángeles, California.

La corona estaba más que cantada para Ernesto, era el número uno del mundo y al momento de partir a la cita olímpica, sabía que los únicos rivales que tenía que vencer eran el cronómetro, el clima y en tercera instancia los jueces.

No tenía quién le pisara la sombra, ya que los más cercanos competidores se tuvieron que quedar en casa, el bloque socialista decretó "boicot" a los Juegos Olímpicos de 1984, esta actitud fue como una revancha a la ausencia de Estados Unidos a los Juegos Olímpicos de Moscú 1980.

Hace 25 años, entonces México sí era potencia mundial en la caminata y Canto era el titán, el máximo exponente, ya que traía como cartas de presentación el oro en el I Campeonato Mundial de Atletismo, los récords mundiales de pista y de ruta.

Fue el último de los grandes de los marchistas de México, ningún otro andarín tiene todos los títulos que estaban en juego.

Por ejemplo, Daniel García fue campeón mundial, pero no tiene presea olímpica, además Canto, hoy funcionario del IMSS, tiene la corona de los Goodwill Games, Juegos de la Buena Voluntad.

Así que Ernesto Canto es el vivo ejemplo del triunfalismo, un atleta de gran talento, con "buena estrella", que fue llevado por el camino correcto por el entrenador polaco-mexicano Hausleber.

Es oportuno indicar que Ernesto y María del Rosario Espinoza son los dos únicos mexicanos que tienen oro en Mundiales y en Juegos Olímpicos, Juegos Panamericanos entre otros torneos, y ambos son tan sencillos, tan sensibles, que su grandeza rebasa las poses de "figura o diva".

Ellos saben muy bien su papel y ante todo no son usados para buscar batallas ajenas, a lo que van, a entrenar a competir y a sacar provecho a sus dones. A María del Rosario le falta un largo camino hacia Londres 2012.

Retomando el tema de Canto, él se presentó a competir en los Juegos Olímpicos de Seúl, donde los jueces le impidieron revalidar la corona olímpica, al eliminarlo a pesar de contar con una de las mejores técnicas en el mundo y a partir de entonces, llegó el maleficio a la marcha mexicana.

En la época de Ernesto Canto, los ochentas, las prácticas las dirigía y diseñaba el profesor Hausleber y todos obedecían, no existía la piratería.
 
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