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Tamara de Lempicka y Víctor Contreras: una amistad interminable
Víctor Contreras. Foto: Archivo / El Sol de Cuernavaca
El Sol de Cuernavaca
2 de agosto de 2009

Tomas López

OEM.- Por primera vez, tuvimos los amantes en México de la obra de dos grandes artistas: Víctor Manuel Contreras y Tamara de Lempicka, de conocer mucho - que es poco al final de cuentas- a cerca de la verdadera vida de esta gran pintora neocubista, princesa y condesa que ha cautivado al mundo con su obra y que hoy, tres décadas después de su frustrado intento de exponer en México, por fin alcanzó el objetivo gracias a su gran amigo y a la directora del Museo de Bellas Artes, Roxana Velásquez Martínez de exponer en el Palacio el sitio más importante en cuanto a cultura y arte se refiere de este país.

Por cierto, la exposición ha sido todo un éxito pues de junio a la fecha ha sido visitada por más de 150 mil personas y aún falta todo agosto y los primeros días de septiembre en donde por tradición es cuando más visitantes llegan al palacio de Bellas Artes, en donde la obra de la pintora que vivió la última etapa de su vida en Cuernavaca, ocupa nada menos que cuatro salas.

Roxana tuvo el tino de luego de hacer la presentación de rigor, de dejar solo en el centro del escenario a Víctor Contreras, quien después de presentar un video con su vida y obra pasó al asunto que lo llevó a ese recinto.

La invitación era para una conferencia titulada El Imperio Bajo el Volcán: Víctor Contreras y "Tamara Lempicka, Misterio, Genio y Verdad"; pero no, no fue una conferencia formal.

Fue una bella y sabrosa charla en voz de quien fue el mejor amigo de esta singular mujer que nos ha cautivado a todos con su impactante obra; Y es que Víctor Manuel Contreras es un charlador nato sabroso, picarón, apasionado, profundo, filósofo y sí, muy, muy divertido. Porque platica jugando, algo que advirtió desde el principio de su plática:

"Ya saben que juego mucho y es que jugando, jugando se llegan a hacer cosas serias". Y este fue sin duda el caso.

El pintor y escultor, conquistó desde los primeros minutos al respetable que llenó la sala de conciertos Manuel M. Ponce, en el primer piso del palacio de Bellas Artes; el público rió muchas veces, aplaudió, se divirtió y al final premió con un prolongado aplauso no solo al charlador, sino también a la homenajeada, a quien fue su gran amiga y confidente, Tamara de Lempicka.

El relato fue sabroso porque no fue una biografía formal en orden cronológico; Víctor Contreras fue saltado en el tiempo relatando desde cuando Tamara y su familia tuvieron que huir ante el desmoronamiento de la Rusia Zarista a sus tiempos de estudiante en la Academia de Artes de Nueva York donde conoció a nuestro Víctor. Para ir luego a sus encuentros en París o cuando se reencontraron en Cuernavaca, ciudad en donde la artista pasó el último tiempo de su paso por este mundo.

La charla fue una delicia porque él no solo contaba lo que vivió y conoció de manera muy amena, sino que además sus gestos, sus movimientos con las manos para dar énfasis. Relató por ejemplo cómo estudiando un diplomado en la Academia de las Artes de Nueva York, en una semana se hicieron amigos y cómo desde entonces cuando conoció su obra vio que ésta no era para adornar los rincones de los burgueses; sino que es para inundar los sentidos de amor o despertarlos y llevarlos a un nivel de percepción de la vida mayor. Ahí vio que pintó -un tanto en contradicción- a los ricos y los nobles que conoció con una belleza innata; pero nunca a los tontos y desde entonces le aconsejó:

"A los tontos evítalos... se pega".

Supimos pues que Tamara fue siempre una enamorada de México, desde su primera vista en 1954, acompañada de su primer esposo, Tadeusz, a quien por cierto conoció en un baile de disfraces, se enamoró en cuanto lo vio, ella iba de bruja; él de cadete.

Tamara y Víctor... Víctor y Tamara tuvieron muchas mañanas y tardes juntos compartiendo secretos, intercambiando opiniones, filosofando, recordando a los granes maestros europeos, a sus técnicas; aunque eso sí ella siempre fue admiradora de los grandes de la pintura mexicana.

Otro secreto delicado; el escultor jaliciense relató como a su huida por la guerra ella se fue a Finlandia y él fue tomado preso acusado de sospecha; pero Tamara amaba a Tadeusz y por ello no dudó en hacer hasta lo imposible por rescatarlo y sí, lo logró, aunque a confesión del maestro, tuvo que ceder muchos de sus encantos con los cónsules de Finlandia y otros diplomáticos para lograr su objetivo; pero una vez conseguido éste, la pareja emigró a Paris.

Y así se fue pasando el tiempo entre anécdotas de todo tipo. Un día, ya en la última etapa de su vida quiso conocer al famoso padre Watsson, fundador de Nuestros Pequeños Hermanos. Víctor la acompañó y tras ver lo bondadoso de su obra, no dudó en ayudarlo de inmediato y le hizo un generoso donativo de 100 mil dólares a los que tiempo después se añadieron otros 50 mil para obras de ampliación,

-Esto, desde luego soltó la cólera de su hija Kizette, quien en una visita a México, se enteró -claro, era menos dinero para ella, comentó sonriente- a lo que la artista le respondió de manera tajante:

"No tengo que darle cuentas a nadie, lo que tengo... lo que soy, se lo debo a mis pinceles y se lo puedo dar a quien me de la gana".

Claro, fue el fin de la discusión.

La relación entre ambos artistas fue de un profundo cariño sin duda, prueba de ello es que Víctor Contreras relató en otro pasaje que cuando ella ya residía en Cuernavaca, sus visitas eran muy frecuentes, tanto que é llegaba cantándole ópera, concretamente el Himno al Amor- Subía cantando por las escaleras hasta donde estaba ella sentada en la terraza de su casa viendo el Popocatépetl... y me le arrojaba a las piernas. Ella comenzaba a acariciarme... Hasta que un día nos encontró así su esposo. Mi cabeza en su regazo y ella acariciándome el pelo.

El marido (que era el segundo, es decir Raoul Keffner) le reclamó airado en inglés:

"¡A mi nunca me hiciste eso!"

... Yo me sentí muy apenado y me quité de inmediato... no me fuera a soltar un trancazo... (risas) a lo que ella solo respondió también en su inglés-ruso.

"No hagas caso querido",

Su marido furioso, solo dio media vuelta y se fue.

Los amores de Tamara fueron muchos y variados, sin faltar uno que otro afaire, aunque algunos no son ciertos como el que se algunos le atribuyen con el poeta Gabriela D´annunzio; de todo ello habló su gran amigo, por eso fue una confesional amena, divertida e interesante.

La casa de Tamara tenía una amplia terraza cuya vista daba al Popocatépetl, ella le decía a su amigo que le encantaba el volcán porque le recordaba mucho al Fujiyama; por eso cuando ella sintió que su final estaba cerca (un par de años antes de su partida) hizo que Víctor la acompañara al volcán, en donde tras una caminata, ella le dijo que quería que al morir quería que la cremaran y que sus cenizas las depositaran ahí...

"¿Harías eso por mí Víctor?...

Él tras unos momentos de reflexión y un débil intento de oposición respondió:

¿Lo harías tú por mí?

Tamara se dio la vuelta, dio unos pasos y con ese aire de diva, de auténtica princesa europea de cuentos y fábulas, solo respondió con un:

- Of course.

El pacto estaba sellado.

Y así fue, cuando finalmente partió al más allá, Víctor Obligó a su hija a que lo acompañara, para que diera testimonio de que se había cumplido con el deseo de su amiga:

Ya en la araña voladora, le ofreció las cenizas a su hija pero le dio horror y las rechazó; entonces las lancé; éstas iban en una bolsita color lavanda que era su favorito y pensé en quedármela... Pero una fuerza superior, me dijo

"¡No... tírala!...". Luego pensé en quedarme con la cajita; pero de nuevo surgió la voz y la lancé también.

Cuando lo hice comprendí que la había liberado... y me había liberado yo.

Aunque a decir verdad no del todo, pues una pregunta final surgió de entre los presentes:

-Por como nos hiciste el relato de Tamara, parece sin duda que aún la sigues queriendo mucho...

-Por supuesto que sí.

A veces, cuando hablo de ella no puedo evitar que se me asomen las lágrimas, porque ella desde donde está, me trajo aquí y es por ella que estoy aquí.

Se levantó sonriente mientras los aplausos de pie del respetable retumbaron en el espacio.

Luego amigos, intelectuales, artistas, funcionarios, políticos fueron a abrazarlo, a felicitarlo y ya en menor número lo acompañaron una vez más a hacer un recorrido por esta fantástica exposición.