Opinión / Columna
Mi Perspectiva 
José Luis Camarillo 
2 de julio de 2009

  Al margen de multiusada frase de que los grandes al morir se vuelven leyenda, Alexis Argüello era de esos hombres que parecían no pertenecer a este mundo. Muchas películas llevan en el fondo algo de realidad y Argüello pudo pertenecer, como lo sugiere "Hombres de Negro" (Men in Black) a otra galaxia.

Alexis, a quien quedaba como anillo al dedo el mote de "Flaco Explosivo" -su esbeltez le acompañó toda su existencia-, nos dejó con las ganas de verlo contra Salvador Sánchez, ya que ambos eran reyes de peso ligero y pluma del CMB respectivamente, a inicio de los años 80. Pero a mediados de 1982 el centroamericano decidió irse a superligero y en agosto de ese mismo año Sánchez pereció en un accidente carretero.

Bien lo dijo ayer el ex alcalde de Managua, Dionisio Marenco, de quien Argüello fue vicealcalde: "Argüello ya era, antes de ser alcalde: una gloria de Nicaragua".

Alexis no fue lo feliz que le correspondía porque, en el inicio de su época dorada, su país tenía al frente al dictador Anastasio Somoza, quien lo tomó como su boxeador favorito. Al ser derrocado Somoza por los sandinistas, estos últimos decomisaron las propiedades de Argüello para dar inicio a una serie de vicisitudes de quien finalmente fue reconocido como un héroe y al que fueron reintegrados sus bienes, al cabo de los años.

El ex púgil también fue un coloso abajo del ring al reconocer públicamente haber batallado contra las drogas y el alcohol durante su vida. Su sonrisa cautivaba a personas de todas las partes del mundo donde se presentaba. Era común verle en el Salón de la Fama de Canastota, Nueva York, al que pertenecía.

Alexis estuvo muy ligado al boxeo mexicano. A pesar de haber destronado a nuestro Rubén Olivares, fue muy querido en nuestro país y vino a entrenar muchas veces. Era común verle al lado del "Cuyo" Hernández y ser atendido por el doctor Horacio Ramírez Mercado, quien además le curaba sus cortadas.

Argüello, surgido de una familia humilde, comenzó su carrera púgilistica en 1968, tras abandonar sus estudios secundarios. En 1974 se convirtió en el primer nicaragüense en ganar un título mundial de boxeo, al que sumó otros dos en 1978 y 1981.

Su impresionante carrera le valió el respeto y la admiración de los nicaragüenses hasta la idolatría.

jlcamarillo@esto.com.mx
 
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