Toros
30 de junio de 2009
Al César lo que es del César
La fiesta de los toros, en manos de profesionales
Miguel Ángel García

Los jueces que dirigen el espectáculo taurino en la Plaza México son un reflejo de un sistema, más que autoritario, erróneo, que quiere regir un espectáculo meramente privado, como lo es la fiesta brava en el coso capitalino. Pero lo peor es que, al parecer, el mismo gobierno de la ciudad y delegación política Benito Juárez, no sabe con exactitud del desarrollo que sus jueces y menos comisión taurina, están realizando en la fiesta de los toros. Esto nos hace ver que la fiesta de los toros debe ser llevada por gente profesional en el ramo, no por personas que ya no tienen absolutamente nada que hacer en este espectáculo, ya que, por ende, no les interesa lo que puedan ocasionar y lo que se pueda desprender de una mala decisión, como es el caso actual y que sucedió el domingo pasado a manos de un juez de plaza.

¡SÍ EXISTÍA LA COMISIÓN TAURINA!

Pero, como no es así y podría seguir así quién sabe hasta cuándo, pareciera que existe una consigna en contra de la tauromaquia, de la misma empresa y del público asiduo a los toros, para desaparecer este espectáculo y con ello coartar el derecho al trabajo de muchas personas que dependen del toro, amén de reprimir a las personas de su diversión favorita. Ahora resulta que la comisión taurina llevará un reporte de lo sucedido con el personal del Jefe de Gobierno, donde citan, según fuentes allegadas, una agresión en contra del juez Ricardo Balderas y faltas al pendón -emblema de la ciudad de México- para con ello buscar una cita con el Gobierno del DF y que éste defina lo que procede en contra de quien o quienes resulte responsable. ¿Entonces sí existía la comisión? Porque al parecer solamente aparecen cuando hay que echar más leña al fuego y no para proponer actividades e ideas que nutran la tauromaquia, lo cual es parte de su trabajo.

INCONGRUENCIAS

Imaginemos que en un concierto de cualquier cantante, nacional o internacional, las autoridades capitalinas decidieran qué tipo de micrófono debiera de usar el dueño del escenario; o cuántas bocinas se deben de utilizar y de qué tamaño. Es más, ¿a poco existe una reglamentación para que en una noche solamente cante un artista extranjero. Apenas el fin de semana se llevó a cabo una edición más del concierto Vive Latino y ¿adivine cuántos grupos extranjeros se presentaron en un mismo escenario durante los días que duró el magno evento? En el toro es diferente, ya que la cantidad de extranjeros en una sola tarde no debe de rebasar el cincuenta por ciento de los nacionales. ¿Y sabe quién decide eso?, sí, exactamente, las autoridades capitalinas, claro, basadas en un reglamento taurino que es aplicado por ellos mismos y que realmente poco valor tiene hoy en día, para una sociedad más dinámica.

NO LES IMPORTA EL PÚBLICO

En la Plaza México, como en otros coso grandes, las autoridades deciden qué tamaño de puya se debe de utilizar, qué tipo de banderillas, la presencia de lo toros y la cantidad de toreros extranjeros que deberán de actuar en una tarde. Además, ellos deciden en qué momento otorgar una oreja o rabo, o qué astado merece arrastre lento, vuelta o el indulto. En los cosos es el único lugar donde las peticiones del público, en muchas ocasiones, valen un soberano cacahuate. Imaginemos que en la Quinta Vergara de Viña del Mar, un juez determinara a que cantante otorgar la Antorcha o la Gaviota, galardones que toda la vida han decretado su gran público. Entonces, ¿por qué no dejar que el público de la Plaza México decida?, claro, con base en un buen criterio de un juez con aptitudes y que efectivamente, vele por los intereses del aficionado.

MÁS EJEMPLOS

Y podemos seguir con ejemplos que hacen ver por qué la fiesta de los toros debe de ser manejada por los profesionales, como todo espectáculo privado que se realiza en la capital. Por ejemplo: ¿por qué la comisión taurina -lo mismo que la delegación Benito Juárez- tiene en su poder el libro de registro de las ganaderías? ¿No es algo incongruente? Sobre todo cuando la empresa, encargada de comprar los toros, es quien debe de saber qué toro compra y con qué edad. Ahora, si los registros los tiene la comisión taurina, ¿por qué nunca están presentes a la hora de ir a las ganaderías a reseñar ganado para las plazas? Pero eso sí, cuando el ganado llega a la plaza y éste no satisface el criterio del juez, es rechazado injustamente y basta que digan: "este toro no pasa".

IMPACTÓ A LA ECONOMÍA DE LOS TOREROS

Ahora, y luego de tantas trabas para los festejos taurinos en la Plaza México, la empresa ha determinado cerrar sus puertas hasta que no se llegue a un acuerdo entre los profesionales de la fiesta brava: matadores, subalternos y ganaderos con las autoridades capitalinas. Esto afectará más que nunca la economía de todos los que comen de este espectáculo, comenzando por los toreros, subalternos, monosabios, vendedores y todo el impacto que habrá de sucederse en negocios aledaños a la Plaza México. Y no se diga del ganado que se quedará en el campo y que ya estaba destinado para ser vendido a la Plaza México. Y lo peor es que se daña severamente al espectáculo como tal, a sus antiguas tradiciones, a lo que muchos han engrandecido con su sangre y vida entregada para hacer de la tauromaquia una parte fundamental en las artes.

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