Barroco
Felipe Angeles, el pensador de la revolución mexicana
Diario de Querétaro
28 de junio de 2009

Javier Velázquez

Querétaro, Querétaro.- Llueve en Zacatecas. 23 de junio de 1914. Zacatecas, no se olvida. La estrategia militar de Felipe Ángeles y el carisma de Pancho Villa hicieron posible la toma de la ciudad.

Ya habían triunfado en Torreón el 3 de abril del mismo año. Binomio relevante, audaz, inteligente de La Revolución Mexicana: Ángeles y Villa. Dos espíritus libertarios, dos rebeldes significativos. Felipe Ángeles fue el artillero extraordinario formado en Francia, el lector de literatura, filosofía, historia: el pensador de La Revolución Mexicana, la lucidez sin ilusión. Villa era El Centauro del Norte, que defendió las causas de los desprotegidos. Villa, el mito indiscutible, de bandido a revolucionario. Felipe Ángeles sabía que La Revolución había fracasado con la ambición, el despotismo y la máscara de Venustiano Carranza, quien le organizó un juicio vendido en el Teatro de Los Héroes de la ciudad de Chihuahua, en la última semana de noviembre de 1919. En abril 10 del mismo año, el reformador de La Constitución, El Primer Jefe Constitucionalista pagó 58 mil pesos, para que asesinaran a Emiliano Zapata. Carranza desde la máscara de la legalidad, cometió actos de barbarie y corrupción. Escribió Felipe Ángeles:

"Yo redacté el telegrama que cruzó el rostro de Carranza como un fuetazo. Por mi fuimos a Zacatecas y vencimos finalmente a Huerta. Yo soy el culpable de que, desoyendo los despóticos mandatos de Carranza, hayamos ido a dar el último golpe de muerte a los huertistas. Yo soy el culpable de haberle dicho a Carranza su miseria moral, su envidia, su falta de patriotismo, su ambición, su despotismo". (Gilly. 2008. 252).

¿Cuántos generales y políticos mexicanos desde la Constitución de 1917 se han servido de ella para perpetuar la injusticia, la impunidad, la corruptela? ¿Qué pasaría si la Constitución pudiera articular un lenguaje y denunciar todas las atrocidades en su nombre? ¿Desde la Constitución se han perpetrado crímenes? ¿Se ha beneficiado realmente el país, los trabajadores, el campo, las instituciones de salud, educación, cultura, deporte? El general Felipe Ángeles fue sentenciado y fusilado, de manera muy, muy... constitucional, en la madrugada del día 26 de noviembre de 1919. Antes de morir, un sacerdote fue a intentar confesar al general revolucionario, quien le dijo, algo así: "No entiende, padre, que un hombre que ama tanto la vida no tiene miedo a morir. Nada es más sagrado, excepto el hombre". El general Ángeles pidió que no le vendaran los ojos, y él mismo dirigió al pelotón. Espíritu trágico, espíritu libre que amó tanto a México hasta llegar al paredón de fusilamiento.

Hay que recordar la vida y obra de Felipe Angeles a diario. Personaje histórico esencial de nuestra Historia. Arquetipo de ética ejemplar. Ahora en la polifónica para-teatralidad de las elecciones, es imprescindible hacer memoria con personajes de la categoría del general Felipe Ángeles, quien antes de servirse de la Revolución y el poder, sirvió a su patria, con su inteligencia, con su arrojo militar y su sangre. ¿Dónde están los continuadores de la filosofía revolucionaria del General Ángeles? En el juicio expresó: "Cometer crímenes desde el poder es iniciar la era de los asesinos"... ¡Vaya vigencia! ¿Cuántos crímenes desde el poder, a lo largo y a lo ancho de nuestro país, en tiempos de Revolución, Guerra Cristera, Modernidad y en los últimos veinte años? ¿Cuántos impunes? ¿Cuántos castigados con Justicia inmediata? ¿Cuántos con Justicia tardía? En tiempo de elecciones y siempre hay que volver a leer los pensamientos de Felipe Ángeles, la dramaturgia de Elena Garro, en torno a tan complejo e inusual personaje, la novela de Ignacio Solares, La noche de Ángeles. Las obras completas de Sergio Magaña, Rodolfo Usigli, Juan Rulfo, Octavio Paz, Jorge Ibargüengoitia, Fernando del Paso; a los historiadores Adolfo Gilly, Fiedrich Katz, Odile Guilpain, Javier Garciadiego, Miguel León Portilla, Enrique Krauze, entre otros.

Comprender la filosofía, la praxis de Felipe Ángeles, quizá, pueda transformar el pensamiento de los candidatos, para iniciar una auténtica y profundísima renovación en el campo, el empleo urbano, los servicios médicos públicos, en la educación, en la cultura, en los salarios; que en general están en condiciones de agonía extrema, enmascarados en el pantano de la legalidad, la burocracia y la demagogia; ya lo pensó Rodolfo Usigli, en El Gesticulador (obra escrita en 1938 y estrenada en 1947 en el palacio de Bellas Artes de la ciudad de México).

¿Quién es cada uno en México? Dondequiera encuentras impostores, impersonadores, simuladores; asesinos disfrazados de héroes, burgueses disfrazados de líderes; ladrones disfrazados de diputados, ministros disfrazados de sabios, caciques disfrazados de demócratas, charlatanes disfrazados de licenciados, demagogos disfrazados de hombres. ¿Quién les pide cuentas? Todos son unos gesticuladores hipócritas" (Usigli 1983. 63).

Ojalá que la gente vaya a votar por el candidato con mayores ideas políticas para transformar sustancialmente la realidad, la historia, la sociedad en nuestra colonia, nuestra ciudad, nuestra delegación, nuestra comunidad, nuestro estado, nuestro país.

De lo contrario se continuará en la amnesia y el perverso uso del poder para perpetuar la impunidad, la corrupción y la desesperanza. Ojalá que se rompa de una vez por todas, la inconmensurable cadena del tanatismo y los abusos desde el poder. ¿Será? ¿Realmente se podrá construir otro México desde nuestra incipiente democracia? Habrá que ir a votar y estar atentos a los procesos de hoy y los que siguen.

Y no hay que olvidar que el 13 de junio de 1868 nació Felipe Ángeles en Zacualtipán, Hidalgo. Que fue un militar con ideas de justicia social y democracia, que planificó la batalla memorable, un 3 de abril de 1914, junto con lo dorados de Villa, y cayó la ciudad de Torreón. Y el 23 de junio, otra vez de 1914, Zacatecas no se olvida, por el triunfo de la estrategia militar de Felipe Ángeles y la inolvidable valentía de Francisco Villa.

¡Salud!