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Opinión / Columna
"Ninguna cosa humana tan inestable y floja, como la fama del poder cuando no va cimentada en su propia potencia". Tácito EL PODER MAREA Y EL PESIMISMO DERROTA EL triunfo endulza la vida, distiende, quita presión, provoca risas, alimenta el optimismo, incrementa el compañerismo, fortalece la solidaridad; en fin, una victoria tranquiliza. Sí, todo eso y más, pero cuidado, puede mover el piso y dar paso a la nociva hoguera de las vanidades. Vencer al joven equipo venezolano metió un tanque de oxígeno en la concentración del equipo mexicano. El pésimo papel frente a El Salvador y Trinidad, eran sacos de sal que incomodaban y amargaban. Ante ello, de nueva cuenta, los inefables merolicos, especialmente los del pulpito televisivo, se convierten en los principales enemigos de la consistencia de la Selección. Y esto es una práctica recurrente que nos ha acompañado como una epidemia corrosiva. Los narradores del duopolio televisivo se hermanaron en sus exageradas loas a los jugadores aztecas, lo cual puede ser, en un primer momento, estimulante para generar espíritu de triunfo y colectivizar ánimo, sobre todo en una mayoritaria población que sufre los estragos de la crisis económica y social del país. Sin embargo, exagerar, como sólo lo hacen estos parlanchines, puede significar un bumerang para el futuro del equipo nacional. Encarar a los venezolanos y a los rivales iniciales de la Copa Oro, nos puede llevar a construir espejismos vulnerables y frágiles. Qué bueno que gane el equipo mexicano, bien por los muchachos y mejor para el cuerpo técnico, tan tenso y presionable. Los verdaderos retos deben verse a partir del 12 de agosto, fecha del encuentro contra la selección de los vecinos del norte. Es deseable y seguramente posible, que para ese tiempo, la única fórmula del éxito -es decir trabajo más trabajo- nos permita contar con un grupo cohesionado y asimilado al sistema de juego que Aguirre y Carrillo le buscan imprimir. Es importante encontrar una vía equidistante que legitime juventud y experiencia. Los que jugaron contra Venezuela mostraron deseo y actitud; estos valores son centrales para conformar un equipo ganador, pero también hay que recuperar el otro vector triunfador; esto es, binomio y actitud. Algunos villamelones ya se apresuraron a dar de baja a los jugadores experimentados que no fueron convocados para esta fase. Cuidado, prudencia y sensatez deben ser los elementos para la toma de decisiones futuras. Ni sobran todos, ni faltan todos. Se trata de redescubrir la esencia del futbol competitivo. Debe jugar quien cuente con las características técnicas y físicas que se adapten al sistema del entrenador, que no siempre pueden ser los jugadores más vistosos. Aguirre, no obstante su pragmatismo, suele ser equilibrado y ello lo puede llevar a ir conformando una fórmula ganadora y lucidora. Aunque ahora, a estas alturas del precipicio en el que estamos, vale más lo primero. Sí, ni modo, la conclusión es ganar a como dé lugar. Pese a nuestro repudio a esa actitud, no estamos para otra cosa. Algo más.- Lo hecho por el equipo norteamericano frente a España, es digno de reconocimiento y es una sonora bofetada a la soberbia de quienes siguen insistiendo en ver por encima del hombro a dicho equipo, y ratifica la consistencia y persistencia de la concepción integral de los gringos... Mario Carrillo, auxiliar de Aguirre, filósofo y controvertido técnico, carga la enorme pena de la reciente muerte de su padre; él comprende que uno empieza a morir desde que nace; y también sabe que los muertos sólo desaparecen cuando los olvidamos. pedropenaloza@yahoo.com |