Opinión / Columna
Autopista 
Carmona Solís 
17 de junio de 2009

  EL COLUMNISTA (perdonarán nuestros amables lectores el uso en primera persona), en su paso a lo largo de 48 años en la crónica deportiva, ha presenciado infinidad de percances aparatosos en el automovilismo, pero el ocurrido a Carlos Pardo, que le costó la vida el pasado domingo, ha sido uno de los más impactantes.

Lamentablemente, otros dos costaron vidas a otros tantos pilotos mexicanos. Uno, el legendario Moisés Solana Arciniega, en aquel accidente en Bosencheve, cerca de Valle de Bravo, cuando al mando de un McLaren de Grupo Siete, perdió la vida en un vehículo que quedó destrozado totalmente. Fue el 27 de julio de 1969.

Y el de Pedro Rodríguez de la Vega, quien sin lugar a dudas ha sido el conductor más exitoso en la historia de nuestro país, con marcas mundiales que no se han superado a la fecha (murió el 11 de julio de 1971 en Nuremberg, Alemania), quien a unos 240 kph, dio de frente contra un muro de hormigón cuando conducía un Ferrari y no sobrevivió. Estaba considerado como el número uno del mundo en ese entonces.

Muchos dirán, ¿y el de Ricardo Rodríguez de la Vega, el primero de noviembre de 1962 en esta capital? Pues ese percance no fue tan aparatoso. Muy pocos pudieron presenciarlo y Ricardo no habría muerto si en ese entonces hubiesen sido obligatorios los cinturones de seguridad y el piloto hubiese sido expulsado de su monoplaza a la colisión, pero el coche no sufrió daños tan considerables.

Podríamos hablar de muchos otros. Aquel de Michael Andretti en la Indy, cuando dio más de nueve giros laterales y cerró con dos de campana y resultó ileso; el de Alessandro Zanardi en Lauzits, Alemania, en la Indy, cuando su bólido fue embestido y cortado en dos; el de Robert Kibuca hace dos temporadas en la F-1, del cual los pilotos salieron con vida. Y tantos y tantos y tantos...

El automovilismo es un deporte de riesgo. Y como tal debe de considerarse. Pero todo piloto que se tilde de profesional, siempre dice que si debe morir, le gustaría que fuese en la pista y con el nómex puesto.

Ahora le tocó a Carlos Pardo. Buen piloto, joven limpio, profesional, dedicado. Su accidente fue impactante. Y sin lugar a dudas la parca le quitó la oportunidad de cumplir su deseo, de repetir como campeón este año, de una serie que fue suya en el 2004, en su primer año de existencia en el medio.

Preguntaban algunos amigos que si a título personal, al columnista le afecta. La respuesta es afirmativa. Convivimos muchos años de ilusiones, alegrías y sinsabores con Carlos, como con muchos otros deportistas. Pero él, Carlos Pardo, era muy especial. Sencillo, cumplidor, bromista. Siempre con la sonrisa en la boca. Respetuoso.

Se ganó el respeto y la admiración de muchos aficionados, que llegaron a su última ceremonia, en el velatorio y hasta su cremación ayer. Y su recuerdo quedará en todos quienes le conocimos. Respetamos el dolor de su hermano Rubén, de quien nos imaginamos su profundo dolor, y de su esposa. Y rogamos a Dios porque pronto les dé resignación.

Habrá que recordar a Carlos como el ganador de su última prueba. Estaba en camino a cumplir su anhelo. Este año estaba en plenitud. No dudamos que pronto sea ganador en las carreras que seguramente en la gloria, debe realizar el "promotor" San Pedro.

Un recuerdo, Carlos y hasta pronto....

CAMBIANDO VELOCIDAD

Oiga usted, lo que no se vale es la sarta de tonterías que muchos han dicho en relación al percance... Lo bueno es que al respecto, Édgard Matute dio declaraciones claras, refutó muchos de los argumentos que querían culpar a la organización o al circuito del accidente y fue preciso al decir que la serie se mantiene y su calendario se respetará como está anunciado, a menos de que otra causa de fuerza mayor, como la epidemia de influenza, lo obligue... Lo que sí sería bueno es que con base en esto, se prevean circunstancias. Por ejemplo, no estaría de más que se hiciese una minuciosa inspección técnica de los chasises con más tiempo de uso que están rodando, de los cinturones de seguridad o arneses (vigencia), extintores, etc. Y que también el examen médico a los pilotos en cuanto a capacidad de recuperación en esfuerzos y resistencia, sea real... Pero es primordial que se apliquen sanciones a los consistentes golpeadores. Hay muchos que tienen esa costumbre y ya se vio una vez más que los accidentes que pueden provocar, pueden ser mortales. Todo eso en aras de la seguridad en las pistas que cada vez son más rápidas y con autos que alcanzan mayores velocidades No estaría por demás exigir que la ambulancia de primera intervención contase con equipo de terapia intensiva y que un helicóptero de traslado esté presente en las pistas siempre y no sólo cuando Carlos Slim Domit esté en las carreras...

Y hasta la próxima: AUTOPISTA.
 
Columnas anteriores
Cartones
Columnas