Opinión / Columna
Minuto 45 
Teodoro Cano 
7 de junio de 2009

  Vamos a hacer un lado ese penalti que inventó el árbitro Walter Quezada de Costa Rica, que le dio el triunfo a El Salvador por 2-1, cuando la escuadra mexicana dirigida por Javier Aguirre comenzaba a levantar, luego de que Cuauhtémoc Blanco había logrado empatar a un gol.

Lo que realmente cuenta es la forma como jugaron nuestros seleccionados y que vino a confirmar que el "Vasco" no traía ninguna varita mágica para transformar un equipo, que nuevamente tiene un inicio pésimo dentro de una eliminatoria mundialista.

Claro que duelen las derrotas y más si se trata de la Selección de México, sobre todo ahora que cayó al quinto lugar del hexagonal de la Concacaf y todo parece llevarnos al pesimismo y pensar que va a ser más difícil que nunca calificar para una Copa del Mundo.

Sin embargo, esta situación se veía venir. Aguirre llegó de emergente después de que en este proceso que inició Hugo Sánchez se fue a pique con su despido. Sin darle la menor oportunidad de armar un cuadro confiable y triunfador, se contrató a un técnico europeo, Sven Göran Eriksson, y las cosas fueron de mal en peor. Es ahora que un mexicano tiene la enorme responsabilidad de devolverle la vida al seleccionado mexicano, y jure usted que lo va a lograr.

Anoche, ante un equipo de El Salvador, dirigido por Carlos de los Cobos, no pudimos ver a ese conjunto que todos estamos esperando, basados en la capacidad y en el carácter de un entrenador triunfador como lo es Javier Aguirre. Pero eso no se consigue de la noche a la mañana.

Ayer cambió prácticamente toda la estructura del equipo que dejó Eriksson, y como era lógico, con sólo unos cuantos días de entrenamiento no se iba a lograr lo que se quiere, y que aún confiamos se va a conseguir.

El Salvador jugó su partido. Fue más sereno, mostró más juego de conjunto, y tuvo jugadores que levantaron a los aficionados de sus asientos, como el caso de Rodolfo Zelaya "que fue una pesadilla para la defensiva mexicana" o Eliseo Quintanilla, que no soltaba el balón y hacía ver mal a nuestros volantes.

Realmente el conjunto salvadoreño tiene lo que se merece por el trabajo que ha realizado De los Cobos con esta nueva generación de jugadores que visten la camiseta azul y que ha sabido unir.

Eso era algo que comenzó a buscar Javier Aguirre, que en 10 días era difícil lograr ante un cuadro que lleva junto y con trabajo constante, varios meses.

Ayer vimos a un equipo, si es que así se le puede llamar, con la camiseta de México que jugó un pobre partido. Las individualidades fallaron prácticamente todo el tiempo, comenzando por Andrés Guardado, a quien no se le vio "comerse" el balón como lo hace en España.

Tampoco vimos una defensiva sólida con dos torres como Galindo y "Maza" Rodríguez, y los laterales Osorio y Rojas se vieron perdidos, ya que les costó marcar a los habilidosos salvadoreños por las bandas, y prácticamente nunca se animaron a ir al frente para darle salida al equipo.

Esa línea media en la que confiamos mucho, con Pavel Pardo y Gerardo Torrado, no funcionó a la altura de sus posibilidades, y adelante fue un desastre Fernando Arce, que nunca pudo entrar en contacto con Guillermo Franco, quien más peleó ante la defensiva enemiga. Nery Castillo casi no tocó el balón en esta ocasión.

Para colmo de males, al minuto 11, producto de esa defensiva errática y de la habilidad de Zelaya, México ya estaba en desventaja con el gol de Enrique Martínez.

Se esperaba una reacción inmediata de los nuestros, pero los vimos lentos, sin ambición, sin actitud para pelear el balón desde la salida al conjunto salvadoreño, que se defendió con mucho orden.

Tuvo que entrar en el segundo tiempo un jugador de 36 años, Cuauhtémoc Blanco, para darle otra fisonomía a lo que estaban haciendo en la cancha sus compañeros. Y lo hizo con base en su movilidad, en su talento para el toque exacto y rápido, lo que preocupó a los rivales. Prueba de ello fue que Torrado despertó con ese balón largo que fue dirigido a Franco, pero lo derribaron y se marcó la pena máxima, que Blanco ejecutó como maestro para emparejar a uno el partido.

Incluso la mesa estaba puesta para que los nuestros le dieran la vuelta al marcador, pero otra decepción: volvieron al futbol semilento, sin ambición, y ya vio usted lo que pasó. Vino un penalti inexistente y una derrota más como visitante, para un equipo que en unos días recibirá a Trinidad y Tobago, y después tendrá que esperar a que se reorganice el "Vasco" y disponga de más tiempo para trabajar con el seleccionado mayor.

Se tendrá que olvidar de enviar a la Copa Oro a un equipo alterno para "no molestar" a los consagrados, porque lo más urgente ahora es trabajar el mayor tiempo posible para salvar la eliminatoria a como dé lugar.

México, a pesar de todo, tiene tiempo para recuperar el terreno perdido y estar entre los tres primeros lugares para calificar directamente.
 
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