Opinión / Columna
Minuto 45 
Teodoro Cano 
2 de junio de 2009

  Todos los campeonatos se celebran al máximo, pero siempre hay alguno especial que se disfruta como nunca. Eso es lo que ha pasado con la coronación de los Pumas el domingo pasado, al superar en toda la línea a un Pachuca agrandado, que ya se sentía campeón antes de saltar a la cancha, a pesar de que en el marcador se encontraban abajo 1-0.

Daba la impresión de que los Tuzos, quizá arengados por su dueño y presidente, Jesús Martínez, y como siempre lo hace, metió la cuchara en los vestidores o quizá antes de la plática del técnico Enrique Meza, para motivar a "sus" muchachos y hacerles sentir que ya eran los campeones del futbol mexicano, situación que según ha trascendido, provocó el rompimiento de Enrique Meza como entrenador del conjunto de Hidalgo y el presidente del club, que se ha distinguido por querer ser siempre "la figura" del equipo sobre técnicos y jugadores.

Si no pregúntenle también a José Luis Trejo por qué, antes de ser campeón con los Tuzos, ya había roto relaciones con "Don Jesús", un hombre al que no le gusta ver sobresalir a nadie sobre él y siempre encuentra la forma de "humillar" a sus entrenadores.

Pero esa es harina de otro costal. Lo que vale, lo que realmente importa, es lo que hizo el equipo Universidad bajo la dirección del "Tuca" Ferreti, un conjunto al que no se le concedían posibilidades de llegar siquiera a calificar, debido a que no se reforzó, y que estaba detrás de las candilejas de conjuntos que invirtieron una millonada, como Guadalajara, América y Cruz Azul, o el campeón Toluca, por mencionar sólo a cuatro. De ellos, tres ni siquiera consiguieron la calificación.

Los Pumas se dedicaron a lo suyo y el técnico Ferreti, con un grupo de 23 jugadores, de los cuales 15 fueron de la cantera, se lanzó a la aventura de ir a conquistar el campeonato Clausura 2009, y lo consiguió en forma deslumbrante, sobre todo en los dos partidos ante el superlíder Pachuca, al que superó totalmente.

De hecho, Universidad se vio muy superior en todas sus líneas, ante un Pachuca que no pudo hacer ese futbol que le permitió soñar con su sexto campeonato.

Ese primer tiempo del partido de ida fue algo especial, con un futbol fácil, rápido, en momentos de primera intención y con una marca a "muerte" sobre los jugadores peligrosos de los Tuzos, como Christian Giménez, Damián Álvarez, Blas Pérez y Ulises Mendívil.

Édgar Benítez, Francisco Torres, Paúl Aguilar, Jaime Correa, Gabriel Caballero, Miguel Calero, Muñoz Mustafá, Gerardo Rodríguez, Luis Montes, Chema Cárdenas, Iván Pérez y todos los elementos que utilizó Enrique Meza, en ningún momento pudieron hacer ese futbol en el que tenían basadas todas sus esperanzas para ser campeones.

Por su parte, Universidad contó con una base sólida y con fortaleza en todas sus líneas, comenzando en la portería, donde Sergio Bernal, a pesar de ese tremendo pecado del segundo gol de Giménez en el partido de vuelta, siempre fue un gigante bajo el marco y dio confianza a sus defensores, una línea defensiva que aguantó a pie firme las acometidas del rival y dio salida a los volantes como Israel Castro y Jehú Chiapas, dos jugadores que se mostraron enormes en la contención y en ese fuelle para ir y venir para defender y atacar.

Fue vital la reaparición de Leandro Augusto, pero nadie puede dejar de mencionar a Francisco Palencia, el gran veterano que fue el corazón del equipo en la recta final en busca del campeonato. Jugó como verdadero novato, peleó en todos los terrenos y puso balones de gol de enorme importancia.

Nadie puede restarle méritos a la labor realizada por David Toledo, que fue un león en la cancha, al lado de Ismael Íñiguez que tuvo sus altibajos, y con un ariete que hizo los goles importantes en el momento exacto como lo fue Dante López, o la presencia de Martín Bravo, que en los pocos minutos que jugó lo hizo con garra, con coraje y determinación.

Y ni hablar de Pablo Barrera, que anotó el gol del campeonato en jugada individual, pero que tiene, igual que todos los nuevos campeones del futbol mexicano, un auténtico espíritu universitario, con fe, hambre de gloria y de triunfo.

Fueron 23 jugadores los utilizados por "Tuca" Ferreti y todos ellos contribuyeron con ese granito de arena que le ha devuelto el orgullo de ser universitarios a los fieles seguidores del equipo, que siguen -y no hay duda que continuarán- con los festejos de este campeonato que en esta oportunidad tiene un sabor especial, porque fue logrado en base a la cantera, en base no sólo a sus jugadores, sino a hombres que estaban decididos a triunfar y lo han logrado.
 
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