Querétaro
Mijangos inédita
Claudia Mijangos en una imagen desconocida, captada en el penal de San José el Alto, Qro., el 24 de octubre de 1990 por la perito fotógrafo Mónica Rodríguez Lucio.
Diario de Querétaro
24 de abril de 2009

Sergio A. Venegas Alarcón y Lorena Alcalá

SEGUNDA PARTE

Querétaro, Querétaro.- "¡No mamá, no mamá, no lo hagas!". Éste fue el grito que despertó a algunos vecinos de la calle Hacienda del Vegil la madrugada del lunes 24 de abril de 1989; cinco horas después, toda la ciudad se estremeció con la noticia: Claudia Mijangos Arzac, maestra de catecismo en el colegio Fray Luis de León, dueña de una tienda de ropa en el Pasaje de la Llata, ex reina de belleza de Mazatlán, de 33 años de edad, había matado a puñaladas a sus tres hijos, Claudia María de 11 años, Ana Belén, de 9 y Alfredo Antonio de 6.

El interior de la casa marcada con el número 408 presentaba una escena que parecía sacada de una película de horror.

El piso de la sala y las escaleras que iban hacia la planta alta estaban manchados de sangre, al igual que el pasillo entre la recámara principal, la recámara del pequeño Alfredo, la recámara de las niñas y el baño.

La puerta de la alcoba estaba entreabierta y el cuadro que se ofrecía a los ojos era aterrador:

Sobre la cama King Size de la recámara principal, se encontraban los cuerpos sin vida de los tres niños de la familia Castaños Mijangos, cubiertos con una colcha de color naranja con vivos blancos, apilados unos sobre otros.

A un lado de los niños estaba el cuerpo de una mujer, con sus ropas también manchadas de sangre, con los ojos entreabiertos.

En la esquina de la recámara, sobre un sillón, dos cuchillos de cocina, uno de 41 centímetros y el otro de 33 centímetros, ambos con cachas de madera en color café, limpios.

Un tercer cuchillo de 31 centímetros, se halló en la recámara de las hermanas Claudia María y Ana Belén, caído sobre la alfombra y lleno de sangre desde la junta hacia la parte media de la hoja.

Los policías que respondieron al llamado de ayuda en esa mañana, pensaron primero que la mujer también estaba muerta, porque su ropa y sus manos estaban tintos en sangre, pero después, el comandante Adolfo Durán Aguilar, uno de los oficiales que entraron a revisar la casa, le buscó el pulso en el cuello, dándose cuenta de que todavía estaba viva.

Llamaron a la Cruz Roja y enseguida los socorristas llegaron, pusieron a Claudia Mijangos en una camilla y la trasladaron al Hospital del Seguro Social, situado -entonces y todavía- en la avenida 5 de Febrero esquina con Zaragoza.

UNA NOCHE DE TERROR

De acuerdo con el peritaje de Criminalística de campo que se hizo en la casa de Vegil 408 de la colonia Jardines de la Hacienda, se concluyó que para cada niño se usó un cuchillo. También se determinó que el primero en ser atacado, y el primero en morir, fue Alfredo Antonio, el niño más pequeño, quien fue agredido mientras dormía en su cama.

En su locura, la madre, Claudia Mijangos, se apoyó sobre la cama del niño, lo tomó de la mano izquierda y a nivel de la articulación de la muñeca, le ocasionó la primera herida, pero Alfredo, al sentirse herido, realizó un movimiento instintivo de protección y ambos movimientos, el de ataque y el de defensa, provocaron la amputación de la mano izquierda; después le fueron ocasionadas las demás heridas.

La segunda en ser atacada fue Claudia María, de 11 años, quien fue apuñalada seis veces en su lecho, pero alcanzó a salir del cuarto tratando de protegerse y es cuando Claudia apuñaló a Ana Belén, de 9.

Mijangos Arzac bajó las escaleras corriendo en busca de Claudia María, quien se había desvanecido boca arriba sobre el piso que dividía la sala del comedor y la volvió a apuñalar, para posteriormente arrastrarla hacia la planta alta y depositar su cuerpo inerte en la recámara principal, junto con sus hermanos.

"Mis niños están dormidos en la casa", declaró una Claudia Mijangos febril y quejumbrosa, ya internada en el hospital del Seguro Social, a las preguntas expresas de la agente del Ministerio Público Investigador, Sara Feregrino Feregrino.

"Yo quiero mucho a mis hijos, son niños muy buenos y no son traviesos".