Mazatlán
Antonio Frausto: un temido 'rey del pueblo', ligado por siempre a Gregorio Hernández
El Sol de Mazatlán
10 de abril de 2009

Escuinapa, Sin (ESPECIAL).- Los nombres de Antonio Frausto Ocampo y Gregorio Rodríguez Hernández, quedaron ligados para siempre la noche del 28 de noviembre de 2004.

Mientras que Frausto se sentía el rey del pueblo, temido por muchos, protegido por algunos grupos de policías y era el presunto dueño de la plaza en el mercado del tráfico de drogas, Gregorio se dedicaba a la venta de fotografías en eventos especiales, vendía periódicos y trabajaba como reportero gráfico en El Debate.

Antonio nunca contó con que una de sus últimas felonías en Escuinapa (porque se le achacan otras posteriormente) sería la presunta orden de asesinar a Rodríguez Hernández.

El hecho pasó de sus dimensiones policiacas municipales, donde tenía el control, pues no sólo la alerta corrió a cargo de los medios locales y regionales, sino que tuvo cobertura nacional y organismos como "Reporteros sin Fronteras" y "Crímenes contra reporteros, Proyecto Impunidad", se encargaron de hacer de este crimen sucedido en un pueblo relativamente tranquilo e ignorado, la nota que dio a conocer a Escuinapa en todo el mundo.

La presión para los grupos dentro de los cuerpos policiacos que lo sostenían, solapaban y granjeaban favores y dádivas, fue más grande, ya no pudo estar contento en Escuinapa, tuvo que irse, con algunas vueltas, pero nunca pudo ser el mismo.

Sin embargo, la burbuja que incomprensiblemente mantenía a Frausto con total impunidad dentro del pueblo, no se reventó ni aun cuando apuntaban las investigaciones hechas por las autoridades que lo responsabilizaban como el autor intelectual del asesinato del regidor Anselmo Serna, que en ese entonces se estrenaba en el trienio encabezado por Melesio Páez Morales mismo que pertenecía al mismo partido que los llevó al Gobierno, el PAN.

Cuando cayó ultimado el regidor Anselmo Serna, se le fincaron responsabilidades a un trabajador de él conocido como "Chabelo" Rojas, mismo que sigue purgando la condena.

Luego una mujer que ejercía la prostitución con la que Frausto se vio días antes de encontrarla enterrada en la playa "Del Ángel" cerca de Cristo Rey, pero sin el peso que tenía el reportero, no se investigó ni se dio con el responsable del crimen de la mujer, y en el caos del edil, sólo se dio con el autor material del homicidio, quien dijo que mató al regidor, la noche del 15 de febrero de 2002 porque éste, días antes, le había echado el carro encima, cuando otras versiones aseguran que el edil -en una fiesta del recién pasado 14 de febrero- había bailado con una compañera sentimental de Frausto, y porque había pedido atención al problema que representaban los abusos de la camarilla de "el Toñillo", como también se le conocía en cabildo.

EL PADRINO

Hasta ese crimen nada había cambiado; Frausto seguía siendo el "señor" de los policías, sabedor que podía hacer de las suyas sin que nadie lo molestara, constantemente se ufanaba de ser buscado como "Padrino" de muchas generaciones de estudiantes y maestros que lo seguían para sacar provecho de las dádivas que daba en forma de cerveza o de contratos de música.

Tales acciones lo acreditaban ante la sociedad, desde el trienio pasado que fue encabezado por el también panista Alberto Ramos que, se supo, acudió muchas veces a la residencia que tenía en Cristo Rey, tanto en campaña, como cuando era gobernante, especialmente en lo que se refería a las constantes fiestas que hacía. Fue con Ramos Corona que Frausto ascendió vertiginosamente ante la complacencia del alcalde reconocido por su incapacidad para ejercer el gobierno en forma estricta.

Aun cuando después del homicidio de Rodríguez Hernández, Antonio Frausto ya no pudo estar en sus dominios de manera plena, era conocido que volvía con cierta frecuencia y es de conocimiento público que a él se le atribuye la desaparición de uno de sus operadores, identificado como Sergio "el Checho" Castro, a principios de 2008, del cual nunca más se supo nada.

"Aquí anduviera todavía, pero la soberbia pudo más" comentan algunos que confirman que lo conocían, pero piden no ser identificados. "Meterse con el reportero fue su fracaso", apuntan quienes se dicen "compañeros de clase, porque no fuimos amigos, amigos".

Son exalumnos de la escuela secundaria que antes se conocía más por "Federal" que ahora que se le conoce por el nombre que siempre ha tenido "Eligio Díaz" y que consideran que allá en los inicios de la década de los 70s, el entonces adolescente era un muchacho regular en clases; "más bien era burrito, pero -eso sí- no era maldito, aunque le decíamos el bronco".

UNA VEZ MAS SU NOMBRE RESALTA

Ahora de nuevo su nombre surge al confirmarse lo que desde hace meses era un secreto a voces, que había sido detenido pero hasta ayer no había información oficial al respecto.

Antonio Frausto Ocampo fue detenido a principios de este año junto con su hijo José Rigoberto Frausto Díaz, en el Estado de Nebraska, y otro sujeto de nombre Jorge Alberto Hernández Campos, donde se mantenía oculto, pero a la vez siguiendo en el trabajo que supo hacer: distribuir drogas, según informes de la Corte de Distrito del Estado de Nebraska, quien detalló que para no verse relacionado con el nombre que le dio "mala fama" en el mundo, debido al homicidio del reportero, usaba como alias su nombre pero sin el primer apellido y el de su nombre pero sin el segundo apelativo: Juan Antonio Frausto Díaz.

Sin embargo, a Frausto lo detienen no porque la PGR o la PGJE haya pedido su aprehensión a través de la Interpol o de algún convenio policiaco de colaboración en particular, porque nunca se le fincaron responsabilidades por el crimen del reportero, ni de ningún otro en la zona, sino por la posesión e intento de distribuir hasta 50 gramos o más de metanfetaminas, conspirar para el tráfico y distribución de drogas, así como uso y posesión de una pistola calibre 9 milímetros.

Después de esa primera incursión en la secundaria federal, de la que sale graduado en 1973, nadie supo de él, pues se fue al norte y de allá trajo las nuevas formas de trabajar en el municipio donde corrompió a elementos policiacos de distintos niveles, pero especialmente era muy popular entre los policías municipales.

Pero no tenía el control de todos los elementos, más porque los que eran sus incondicionales y le saludaban como "jefe", mientras le hacían reverencia, no permitían que sus compañeros también gozaran de las propinas que con frecuencia les mandaba o él mismo les recompensaba.

Y era evidente también que, en la policía ministerial, donde con frecuencia había cambios, no podía tener el control de los comandantes, incluso hubo uno que se reía de él, y lo retaba a golpes; "lo agarré a patadas, es un tlacuache que no sé por qué la gente le tiene miedo aquí en Escuinapa".

SE DABA SUS VUELTAS

Una vez que ocurrió el homicidio que dio la vuelta al mundo, Frausto regresaba, y lo hacía a veces con ganas de que todo mundo se enterara, como para dejar en claro que él seguía mandando, pero en ocasiones sus desplantes resultaban contraproducentes.

En una ocasión, a mediados de 2007, en la marisquería "La Escondida" trajo a un amigo, nunca se precisó quién, pero era en jerarquía mayor que Frausto y lo dejó en ridículo, pues lo tundió a golpes para que todos se dieran cuenta de quién mandaba realmente; el mito de Frausto se fue poco a poco despedazando.

"Reporters sans frontiéres" en comunicados que fueron dando alrededor del mundo, dio a conocer, dos días después del asesinato de Gregorio Rodríguez, que la policía encontró, en la propiedad de Antonio Frausto Ocampo, el jeep que habrían utilizado los asesinos para desplazarse.

Según los primeros elementos de la investigación, el motivo para asesinar al fotógrafo sería su trabajo. En un artículo publicado el 3 de diciembre, el periodista Jesús Blancornelas recordaba la probable existencia de unas fotografías tomadas por la víctima el pasado 20 de noviembre, mostrando al exdirector de la policía nacional, Abel Enrique Zavala, en compañía de Antonio Frausto Campo, en una fiesta.

Entre tanto, la organización "Crimes Against Jounalist, Impunity Project" aseveraba que en el expediente integrado por la Procuraduría General de Justicia del estado de Sinaloa se establece que Rodríguez Hernández fue asesinado porque a fines de julio de 2004 logró fotografiar la detención de ocho hombres, realizada por tropas de la Tercera Región Militar, en un camino a Teacapán, en Escuinapa. Entre los detenidos estaban Antonio Frausto Ocampo y un hermano de Jesús Antonio Aguilar Iñiguez, en ese entonces jefe de la Policía Ministerial del Estado, de nombre Tamar Salatiel.

Eso ocurrió en junio de ese año, cuando las tropas del Ejército adscritas a la Tercera Región los detuvieron con un fusil automático y una pistola, mismos que dispararon por los rumbos de la gasolinera en Teacapán, siendo también detenidos Lorenzo López, Jesús Ponce Félix, Guadalupe Angulo Mayorga, Leopoldo Ponce Félix, Alberto Aguilar García y Ponciano Corona Estrada.

Dos días después, el Cabildo votó de forma unánime para que fueran destituidos los altos mandos responsables de la Seguridad Pública, pero el Alcalde Melesio Páez Morales decidió posponer la decisión argumentando que eso afectaría el proceso electoral.

Los mismos medios en su constante seguimiento del suceso, aseveraban que en octubre de 2004, el corresponsal de El Debate en una fiesta celebrada en la comunidad de Cristo Rey, volvió a captar con su cámara a Frausto Ocampo, quien convivía con varios personajes de la región, entre los que se encontraba presuntamente el entonces jefe de la policía municipal, Abel Enríquez.

Fuentes cercanas a las pesquisas indicaron que el reportero se rehusó a entregar fotos de la fiesta y por eso lo mataron, aunque no fue que se rehusara, ya que otras personas que lo conocían de cerca afirman que en esos días estaba asustado, pues ya había sido maltratado por la gente de Frausto quien le pedía unas fotos, pero que no sabía dónde habían quedado.

Sin embargo, el funcionario no reveló nombres bajo el argumento de mantener en reserva la investigación. Pero el miércoles primero de diciembre de 2004, agentes ministeriales, estatales y del Ejército catearon dos fincas propiedad de Antonio Frausto Ocampo.

El secretario segundo del Juzgado Mixto de Primera Instancia, José Julio Astorga, dijo en ese momento que la Agencia del Ministerio Público de Escuinapa le solicitó la orden de cateo.

Iban en busca de un hijo de Antonio Frausto y porque se le relacionó con el homicidio del periodista, precisamente se trata de Antonio Frausto Díaz quien fuera detenido en compañía de su padre el pasado 8 de enero.

NO VALIERON LAS PRUEBAS

Incluso la organización y otros medios de comunicación nacionales identificaba a un sicario del Cártel de Sinaloa el que asesinó al periodista Gregorio Rodríguez, del diario El Debate.

"Se trata de Frausto Ocampo, operador de ese grupo delictivo que encabeza Ismael El Mayo Zambada" dictaba una reportera de "La Crónica", quien citó como responsable de la aseveración al entonces Procurador General de Justicia del Estado, Óscar González Mendivil.

"Tenemos un sospechoso, queremos que a través de pruebas esta presunción se convierta en una probable responsabilidad para solicitar las órdenes de aprehensión correspondientes", añadió el funcionario.

Sin embargo, nunca llegaron estas órdenes en contra de Frausto Ocampo, aunque sí decenas de elementos de la Policía Ministerial, Estatal Preventiva y Ejército Mexicano catearon dos casas propiedad de Antonio Frausto, ubicada entre las calles Michoacán y Mateo Camacho en el que se halló un vehículo Jeep, placas VGY7572 de Sinaloa, propiedad de Antonio Frausto Ocampo, y en el que presuntamente iban los atacantes. El auto mostraba manchas de sangre en un costado del asiento del copiloto.

Encontraron también una pistola escuadra Pietro Beretta, calibre .25; un silenciador para armas de fuego; un chaleco antibalas camuflado; 13 cartuchos de calibre .9 milímetros; otro de fusil AR-15 y otro de AK-47; un par de binoculares con mira infrarroja, cuatro bolsitas de mariguana y un rifle calibre .22 milímetros.

Poco después de los cateos, el procurador de Justicia del Estado, Óscar González Mendivil precisó que tenían identificada el arma que usó el asesino para privar de la vida a Gregorio Rodríguez.

El funcionario estatal señaló que las primeras pesquisas realizadas por los elementos comisionados para este caso confirmaron que el principal móvil es el trabajo realizado por el periodista.

"Puede existir una molestia o antipatía de parte de los participantes en el hecho violento por el trabajo que realizaba el comunicador", dijo en ese entonces.

Detalló que el elemento más contundente en la averiguación previa integrada por el crimen es la identificación del arma utilizada en el asesinato contra Rodríguez Hernández, misma que fue detonada en otro hecho violento.

"Creo que el hecho de identificar el arma le da una solidez científica, porque tiene el correspondiente dictamen pericial, son exámenes muy fiables", indicó en ese entonces el procurador estatal.

Para detallar esta afirmación de que era la misma pistola .9 milímetros utilizada en el atentado contra un médico y su esposa en Teacapán, y la que se usó para asesinar a Gregorio Rodríguez Hernández, Fabián Rodríguez Parra, entonces coordinador de la Policía Ministerial del Estado en la zona sur, dijo que se determinó que era la misma arma mediante pruebas periciales a los casquillos y ojivas localizadas en los lugares de los dos atentados.

Incluso las mismas marcas que deja el arma quedaron en las ojivas localizadas en ambos sitios, reiteró. Al conocerse que se trataba de la misma pistola, manifestó, se solicitó que el Juez Mixto de Escuinapa librara orden de cateo a dos fincas o casas de Antonio Frausto Ocampo en el Ejido Cristo Rey, en ese municipio.

Sin embargo, en los cateos efectuados la tarde del miércoles no se localizó dicha arma. Así es que, a pesar de "tan sólida prueba", nunca se ejerció la orden de aprehensión.

Eso sí, el funcionario dijo que el trabajo de los reporteros en Escuinapa se garantizaba, pero días después el corresponsal de Noroeste, Juan Torres, fue amenazado por el mismo motivo, situación que lo alejó del periodismo.

TOTAL IMPUNIDAD

Por su parte, el director de Seguridad Pública que entró en relevo de Abel Enríquez Zavala, Manuel Martín García Valdez, reconoció que hasta antes de su llegada, Antonio Frausto Ocampo y su grupo gozaban de total impunidad en Escuinapa, que por lo menos desde los últimos años dichas personas acudían a la cabecera municipal, se paseaban por las calles armados, y pese a que se tenían quejas, nadie les llamaba la atención.

"Yo desconozco si el anterior director haya tenido algún acercamiento con ellos, sí te digo que ellos tenían aquí libre tránsito y nadie los tocaba". Sin embargo, añadió que hasta ahora que se conoce que son señalados como presuntos responsables del crimen contra el reportero gráfico del periódico El Debate en Escuinapa, Gregorio Rodríguez Hernández, se da cuenta que eran las mismas personas que pasaban y nadie les hacía nada.

Pero reiteró desconocer si se ocultaba algo, o alguien en la corporación preventiva los encubría. Al mismo tiempo que informó que en el ejido de Cristo Rey la gente de esa comunidad sabían de la presencia de la familia de Frausto Ocampo que es originaria de Michoacán, y ahora que sucedió el asesinato del periodista y el ataque a un médico y su esposa en Teacapán, los pobladores se encuentran asombrados.



CONVERSACIONES PRIVADAS

Por su parte, el prestigiado periodista Jesús Blancornelas en su columna semanal "Conversaciones privadas" publicada el 3 de diciembre de 2004, dejaba en claro la participación de Frausto en el homicidio.

"En cada asesinato de periodistas no hay casualidades, sólo hechos. Estoy seguro: Conocen a los asesinos. Sobran policías que saben quién ordenó matar al periodista Gregorio Rodríguez Hernández. Pero se hacen. Están enterados perfectamente sobre los detalles.

Enterados perfectamente cómo tres malvados llegaron hasta donde estaba el fotógrafo de "El Debate" en Escuinapa, Sinaloa. Le cayeron por la espalda. Con pistola y a la cabeza. Ni siquiera tuvieron valentía para verlo de frente. Cobardes ventajosos. Gregorio cenaba con sus dos pequeños hijos. Desgraciaron a los niños. Nunca olvidarán un relámpago tronante tras otro. Recordarán por siempre al padre sangrante. Muerto. Desmadejado en el piso. Los rufianes destrozaron amor y cariño.

Empujaron a la esposa hacia inesperada viudez. De repente, el compromiso para sostener y educar a los huérfanos de padre. Acabaron con la felicidad familiar más grande. No tienen perdón de Dios.

Otra era mi piénsula sobre el narcotraficante sinaloense. Le creía querendón con la familia. Gustoso de la tambora, corrido y hembras. Persignados. Pecadorcillos deseando a la mujer del prójimo. Dadivosos. Ajustadores de cuentas frente a frente.

Por eso lo de Escuinapa es salvajada. Fueron despiadados. Lacras. Me dan asco. Les queda chiquito llamarles malvados. Cuando matan a un compañero periodista está muy claro: Nunca sabe cuándo lo atacarán, pero los asesinos sí. Hasta se preparan.

Y por la forma no hay duda quién fue. Cuestión de ligar lugar, hora, arma y huida. Con ver a la víctima se conoce el motivo. Por eso es más fácil encontrar al matón y no la aguja en el pajar. Cuando nos emboscaron y mataron a mi compañero Luis Lauro Valero fue claro: Debería y no se presentó la acostumbrada escolta de agentes estatales. Se retiraron sabiendo que habría balacera. Después del ataque, al día recibieron orden de traslado a varias ciudades. En junio asesinaron a nuestro editor Francisco J. Ortiz Franco. Fue raro: Agentes ministeriales llegaron después de la Cruz Roja. Y eso que la Procuraduría está a doscientos metros del lugar de la tragedia.

Ahora con Gregorio, horas antes de matarlo, el cuerpo policíaco fue cambiado. De Escuinapa a Tecualilla. En su ausencia sucedió la balacera. Los agentes llegaron una hora después. Por eso en el caso de Gregorio la lógica indica interrogar primero al exjefe de la policía municipal, Abel Enríquez Zavala.

Debe aclarar su relación con Antonio Frausto, "El Toñillo". Llegaba a tanto así: En las Fiestas del Mar de Las Cabras, Antonio andaba pasado de copas y disparando. La Ministerial lo detuvo, pero su amigo y jefe policíaco Abel le rescató. No lo encarcelaron. Fue una escandalera. Por eso destituyeron al jefe de la policía. Y es donde surge un hecho clarísimo. Fue cesado antes de la muerte de Gregorio. Pero lo retiraron hasta después de asesinado el periodista.

También debe investigarse una versión: Gregorio tomó fotos o video comprometedores: Abel y Antonio enfiestados el 20 de noviembre. Cerca de "El Patio", donde se realizaba una función de box. No se sabe dónde están las fotos, si es que existen.

Pero entonces, y sin que se les tilde como sospechosos, sino en vías de auxiliar, debe interrogarse a los colaboradores de Gregorio. Conocían dónde andaba y qué fotos tomaba. Por eso insisto sobre la investigación. La vida me ha enseñado que en los crímenes de periodistas no hay casualidades. Sólo hechos.

Nada más en este año mataron a Roberto Mora de "El Mañana" en Nuevo Laredo, marzo 19, Tamaulipas. Licenciado Francisco Ortiz Franco, junio 22. Tijuana, editor de ZETA. Francisco Arratia Saldierna, agosto, Matamoros, Tamaulipas. Leodegario Lucas, desaparecido en Acapulco, Guerrero, septiembre ocho. Y ahora Gregorio, en Escuinapa, Sinaloa.

Hasta los años setentas, el periodista debía cuidarse de los políticos. Ordenaban los crímenes desde las cercanías presidenciales hasta el muy modesto ayuntamiento, pasando por cualquier gobernador. La gran mayoría ni siquiera fueron investigados. Los taponeó influencia e impunidad. El interés político. Pero finalizandos los setentas, empezando los ochentas, recuerdo cómo empezó esa mezcolanza político-narcotraficante: Martínez Montenegro y el licenciado Jesús Jacobo Michel inauguraron la lista trágica sinaloense. Siempre se dijo del primero y en secreto. Fue "Calderoncito", protegido del entonces gobernador Alfonso G. Calderón Velarde.

Luego Manuel Burgueño y Sergio Galindo, también en Sinaloa. Víctor Manuel Oropeza, José Ramírez Puente y Linda Bejarano, en Ciudad Juárez, Chihuahua. Ernesto Flores Torrijos, Norma Moreno Figueroa, Pablo Pineda y Saúl Martínez Gutiérrez, en Matamoros, Tamaulipas. Jorge Brennes, en Río Bravo, Tamaulipas. Félix Fernández García, en Miguel Alemán, Tamaulipas. José Luis Ortega Mata, en Ojinaga, Chihuahua. Benjamín Flores en San Luis Río Colorado, Sonora.

Héctor Félix Miranda, Luis Lauro Valero Elizalde y Francisco J. Ortiz Franco, en Tijuana. Todos ellos fronterizos. Me faltan el resto en el país. La mayoría de estos casos tienen el sello cómo en el pasado con los políticos. Influencia e impunidad taponean cualquier investigación. Vale más esa pestilente alcahuetería de policías con mafiosos. La profesión del periodista se complica. Está llena de vericuetos.

Hace meses, una dama habló en cierto club tijuanense. Aseguró que yo quería terminar cómo mártir. Balaceado. Que por eso escribía del narcotráfico. Otro desorientado calificó de "suicidas a los ZETA" por publicar nombres y fotos de los mafiosos. Pero si no informamos nada entonces nos califican de miedosos o hasta aventuran "ya se vendieron". Sobran quienes tildan de "amarillista" la tarea periodística porque se menciona el narcotráfico.

Eso sí, aunque ellos o su parentela estén metidos hasta los codos en la suciedad mafiosa. Aquí nos está pasando como el cohetero. Si la petardiza ensordece, chiflan, y si no, también.

La verdad es que el narcotráfico se metió hasta abajo de las camas. Ya no se diga la cocina. El martes encontraron un "encajuelado" en Tijuana. Le mocharon la cabeza. Este miércoles fue abandonado sin vida un conocido abogado. Ya casi son 400 las ejecuciones en el año. Sinaloa las supera. El domingo ajusticiaron a un hombre allá por Colonia Paseo del Sur, Monterrey. Al día siguiente otro en el Municipio de Allende. Montoneros dispararon y mataron a dos personas cerca a la Reserva Territorial Campestre, Nuevo Laredo. A nueve los ajusticiaron en Cancún. Total. Es un matadero imparable.

Y entre más tiempo pasa mayor es la complicidad policíaca. Sinaloa la vivió recientemente. La sufrimos en todo el país. A los policías les pagan por investigar y encubren mafiosos. A nosotros nos pagan por informar y matan a nuestros compañeros.

De nada sirve protestar. Es inútil exigir investigar. Puras promesas. Ya me cansé de solicitarle respetuosamente al Presidente tipificar como delito federal los crímenes a periodistas. Parece que estoy hablando con un sordo. Desde hace años pedimos protección y nuevas leyes a los diputados. Ni en cuenta nos toman.

Pero eso sí. Son los primeros en llamar para decir a los deudos o compañeros de periodistas "lo siento mucho". Pura palabrería. Me da tristeza la injusticia a compañeros ejecutados. Sus familias quedan desprotegidas. Sin dinero. Gana más un flojeriento diputado en tres años que un periodista toda su vida.

Gregorio Rodríguez Hernández era un buen hombre. Escuinapa todo lo sabe. Estoy seguro: Ningún narco grande ordenó matarlo. Fue la chiruza. Y la policía sabe todo.