Chihuahua
Don Luis Terrazas la nombró así en honor de su esposa Carolina
La Quinta Carolina, comienza su restauración. Foto: El Heraldo de Chihuahua
El Heraldo de Chihuahua
31 de marzo de 2009

De la redacción

Chihuahua, Chihuahua.- La historia de la Quinta Carolina comienza cuando murió de tuberculosis pulmonar el general Ángel Trías. La finca donde falleció había sido propiedad de su familia y don Luis Terrazas emprendió las gestiones necesarias con las hijas de Trías para adquirir Ia propiedad que originalmente estaba contenida 10 mil 500 hectáreas, aproximadamente.

Así, el 12 de febrero de 1895, según quedó asentado en los libros deI Registro Público de Ia Propiedad, el licenciado Juan Francisco Molinar, en representación de Luis Terrazas, y el licenciado Manuel Prieto representando a Victorina y Teresa Trías, firmaron el contrato de compra-venta en el libro protocolo deI notario público Rómulo Jaurrieta.

AI año siguiente, un 4 de noviembre de 1896, don Luis Terrazas le obsequia a su esposa Carolina Cuilty un bello regalo para celebrar el día de "Las Carolinas": una hermosa casona de campo construida en el mismo espacio que había ocupado Ia antigua "Labor de Trías". La magnífica residencia quedó bautizada con grandes letras elaboradas sobre los bloques de cantera como Ia "Quinta Carolina ", y su inauguración fue un gran acontecimiento en Ia vida social de Chihuahua porque con ello se daba inicio a un gran proyecto que, a Ia manera de Ias ciudades europeas, permitiría a esta ciudad contar con un área campestre suburbana.

En los años siguientes, muchos capitalistas adquirieron terrenos a Io largo de Ia avenida de Nombre de Dios que conducía a los coches de caballos desde Ia ciudad de Chihuahua hasta los terrenos de Ia Quinta, después de tomar una desviación y entrar a Ia gran alameda que conducía directamente a Ias puertas de Ia casa de campo de doña Carolina Cuilty.

Era tan importante el proyecto suburbano iniciado con Ia Quinta Carolina que por sí mismo provocó Ia ampliación de Ia red de tranvías hasta aquellos terrenos. Muchos extranjeros y comerciantes de Ia ciudad construyeron en esta zona. Entre otros propietarios se citan a Federico Moye, Rodolfo Cruz y Julio Miller.

Poco más de diez años pudieron disfrutar los Terrazas su finca de campo.

En 1910 Ia Revolución incendió todo el territorio deI estado. Don Luis Terrazas y Ia señora Carolina Cuilty junto con algunos de los hijos emigraron a Ia ciudad de México, mientras se sabía en qué iba a terminar Ia guerra contra Porfirio Díaz.

Después de que se firmaron los Tratados de Ciudad Juárez, en mayo de 1911, Ia familia Terrazas regresó a Chihuahua y prácticamente nadie los molestó, ni a ninguna otra de Ias familias adineradas. EI régimen deI presidente respetó en todos sentidos a los capitalistas, especialmente a los de Chihuahua, con quienes Madero tenía muchos negocios: Ias familias Madero y Ia Terrazas tenían varios intereses en común.

Sin embargo, cuando en 1912 se levantaron los orozquistas con el Plan de Ia Empacadora en contra deI gobierno deI presidente Madero, se exaltó por todos los medios Ia relación entre Pascual Orozco y los ricos de Chihuahua. Se genera entonces una gran campaña política para desprestigiar al movimiento rebelde de los chihuahuenses que indiscutiblemente apoyaban a Orozco, y después de 1913, cuando Francisco Villa asume el gobierno de Chihuahua, se desata una cacería terrible contra todos los que tenían algún negocio de importancia, es decir, contra aquellos a quienes se les acusó de que habían apoyado a Pascual Orozco.

Cientos de residencias y todo tipo de negocios fueron confiscados durante Ia Revolución, y muchas de estas propiedades, sobre todo Ias fábricas y haciendas, murieron rápidamente en cuanto a su producción. La Quinta Carolina fue una de Ias primeras propiedades ocupadas por el gobierno revolucionario deI general Francisco Villa. Durante algún tiempo se convirtió en Ia casa deI general Manuel Chao y fue utilizada también para reuniones deI régimen. Después de Ia derrota de Ias fuerzas villistas el gobierno de Venustiano Carranza devolvió a Ia familia Terrazas Ia Quinta.

A Ia muerte de don Luis Terrazas, Ia Quinta Carolina pasó a ser propiedad deI señor Jorge Muñoz. Muchos años, desde Ia década de Ios treinta, Ia Quinta estuvo habitada y Ios terrenos aledaños produjeron Ias mejores verduras y hortalizas que se consumían en Ia ciudad de Chihuahua. En Ia finca se conservó buena parte deI mobiliario, e incluso el despacho que había pertenecido a don Luis siguió siendo utilizado como oficina por don Jorge Muñoz.

En Ios primeros años deI gobierno deI licenciado Óscar Flores se instalaron pozos para el abastecimiento deI agua de Ia ciudad. Esta medida significó Ia muerte para todas Ias huertas que se habían habilitado alrededor de Ia Quinta y, en cierta forma, provocó también el abandono de Ia misma y de todas Ias instalaciones que Ia acompañaron desde finales deI siglo pasado. Poco tiempo después de que se hicieron Ios pozos se formó un ejido en Ias propiedades. Don Jorge abandonó el lugar y solamente acudía los fines de semana. Cierto día, los ladrones se metieron a lo que era el despacho deI señor Muñoz y ese acontecimiento marcó el inicio de una cadena de robos.

Según cuenta una de Ias personas que todavía vive en Ias casas cercanas a Ia Quinta, en los años setenta, cuando se generalizaron Ias invasiones en Ia zona, mucha gente acudía a Ia finca durante Ia noche y se llevaba Ias cosas que podía de su interior.

En los años siguientes, Ias instalaciones de Ia Quinta se convirtieron en refugio nocturno de todo tipo de personas. En los años de 1980 a 1989, algunos chihuahuenses dispuestos a destruir despiadadamente Ia Quinta Ia incendiaron varias veces. En el primero de ellos se destruyó el gran domo que cubría todo el patio central. Luego vinieron otros incendios que acabaron con algunas recámaras y los tapices.

La casa grande de la Quinta Carolina fue donada en 1987 al Gobierno deI Estado por Ia familia Muñoz Terrazas, no obstante las autoridades permanecieron indiferentes ante su destrucción, al igual que todos los chihuahuenses.