300 años
Leyenda de Chihuahua
En el Panteón de Dolores descansa La Mujer Elegante. Foto: El Heraldo de Chihuahua.
La dama elegante
El Heraldo de Chihuahua
19 de marzo de 2009

El Heraldo de Chihuahua

Parte importante de la historia de un lugar son sus mitos y leyendas. Trozos de oralidad y escritura, donde se combinan la realidad y la fantasía, volviendo casi imperceptible la delgada línea que las separan. Fábulas que se van transmitiendo de generación en generación, llenas de datos, sucesos y personajes que al cabo de los años se convierten en un elemento más de la genealogía de ese lugar. Entre las más conocidas leyendas de Chihuahua se encuentra aquella que cuenta la historia de una dama que, vestida elegantemente de blanco, visitó los templos de la ciudad a bordo de un taxi, para finalmente llegar a su morada en el Panteón de Dolores. Por años, los taxistas la han platicado como un recuerdo vivo, veraz y posible.

Se dice que los hechos ocurrieron una noche de 1940 por el centro de la ciudad, precisamente el Jueves Santo, en la avenida Ocampo, donde transitaba un carro de sitio que regresaba de llevar un pasaje a La Fundición, allá en Ávalos. El conductor, ya cerca de la medianoche, vio a una mujer muy bien vestida que le hacía la parada con un pañuelo blanco, y a quien recogió para luego llevarla a cumplir una manda, que según pidió la mujer. Intrigado pero servicial, el chofer la llevó primero al templo de San Francisco y después al de Santo Niño, tal como ella, de manera amable, le solicitó. De camino, el hombre estudió a la mujer y se dio cuenta que pertenecía a la aristocracia de la ciudad y que debía estar pasando por algún momento difícil, ya que constantemente se llevaba el pañuelo a los ojos, como si los secara de las silenciosas lágrimas. Al llegar al primer templo la mujer bajó y caminó por el atrio, sin siquiera tocar ni esperar a alguien que abriera la puerta para ella, y sin poder comprender el chofer cómo hacía para poder entrar a la iglesia a horas no adecuadas.

El recorrido incluyó la Catedral y su hermoso altar, para luego enfilar rumbo a la Capilla de Nuestra Señora de Lourdes, donde el taxista decidió seguirla, pero ella desapareció y él mejor se regresó al coche, todavía extrañado de los viajes de aquella mujer por la ciudad a medianoche, quien también recorrió el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, el templo de Santa Rita y finalmente el del Sagrado Corazón, que entonces estaba en construcción, dejando en cada subida al coche un tenue olor a nardos, que el taxista no podía explicar. Finalmente, al concluir la visita a los siete templos como parte de una manda que la mujer debía cumplir supuestamente para recuperar la salud, le pidió al chofer que la llevara al Panteón de Dolores, ubicado allá en la zona sur de la ciudad y que tanto miedo provocaba en los habitantes de la época, al comenzar ya a relatarse leyendas sobre sus eternos moradores.

La tradición oral dice que al momento de que el taxista pretendió el cobro de sus servicios la mujer con voz serena lo envió a una casa, a mi casa, se dice que dijo, donde le pagarían el dinero solicitado, a cambio de un anillo de matrimonio que la mujer le dio en prenda y como prueba de su veracidad. Parte de la tragedia de la historia es que al llegar el joven al día siguiente al domicilio señalado y preguntar por la mujer y su dinero, el propio hijo de la dama salió a recibirlo, preguntando dónde había conseguido él el anillo de bodas de su madre, y al contarle la travesía nocturna por los siete templos de la ciudad el taxista recibió como respuesta una corriente helada bajando por su espalda y erizando sus cabellos: La dama elegante había fallecido hacía más de un año de una enfermedad incurable.

Sin poder reaccionar ni encontrar una explicación lógica a todo aquello, se cuenta que el taxista, sin decir ya ninguna palabra y llevándose la historia más allá de la vida, cayó fulminado precisamente en el corazón. Desde entonces los taxistas de la ciudad cuentan el itinerario fantástico sufrido por un colega suyo, que tuvo a mal trasladar a una mujer en apuros, sólo para darle vuelta a la ciudad y conocer, al fi nal de su vida, que se trataba de "La Dama Elegante".