Opinión / Columna
Olimpiónicos 
Héctor Reyes 
Atletas globales
ESTO
11 de febrero de 2009

  Hace algún tiempo reseñamos quién era mejor: si el nadador Michael Phelps o el atleta Usain Bolt, durante los pasados Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Por supuesto que con el escándalo por el consumo de marihuana, tomó la delantera definitiva el deportista originario de Jamaica. Phelps, sancionado tres meses por su Federación y perdido algunos patrocinadores por conducta inapropiada como señalan sus contratos publicitarios, no tenemos duda alguna a quién le daríamos el reconocimiento de universalidad.

La forma en la que fue exhibido Phelps se trató de un lío de faldas o de un complot cercano a su círculo, y de amigos que subsisten como rémoras que a las estrellas las llevan a esos extremos dentro de la Universidad de Baltimore, en noviembre del 2008. Me decían que lo peor que le puede suceder a un hombre es ascender a la categoría de los héroes, de famosos que pierden su intimidad y todo cuanto hacen será consignado por propios y extraños.

¿Cuál es el pecado del ganador de 14 medallas olímpicas, ocho de manera consecutiva en Beijing y que borró la marca de su connacional Mark Spitz de siete conquistadas en Munich 72?

Si así de fácil consume estupefacientes, ¿no será igual que con las substancias prohibidas para mejorar el rendimiento deportivo que lo llevó a esa proeza histórica en el "Cubo de Agua"? Pues si, como en su tiempo se sospechó de Spitz en el inicio de la revolución de la medicina deportiva, luego de la aplanadora alemana del bloque oriental con transfusiones sanguíneas, anabólicos, entre numerosas bebidas mágicas, del equipo australiano con hormonas sintéticas asociadas al páncreas, en fin... Phelps, con su conducta testimoniada en todo el mundo, deja mal parada a la natación de los Estados Unidos.

Esto no se olvidará con facilidad por los historiadores deportivos. Este acontecimiento se ubicará a la par de su conquista deportiva y quizá todo por la soberbia en la que caen personas de su naturaleza. Pagó con creces.

Jeremy Schaap, de ESPN, comentaba en el foro que recuperamos que ocho oros no tienen precedentes, pero no sabe cuánto crédito extra tienen los nadadores, simplemente porque en su deporte hay muchas pruebas. No es coincidencia que Mark Spitz sea el recordman anterior. No cree que Janet Evans sea mejor que Jesse Owens, simplemente porque ella haya ganado más medallas de oro. El número de preseas no es siempre referencia.

Y Jean Phillipe Leclaire, del diario L´Equipe, reiteró: "Phelps no es más grande que Bolt, simplemente porque haya ganado más medallas. Ganar tres medallas en la pista es, como mínimo, tan difícil como conseguir ocho en el agua. Y no estoy hablando de los récords del mundo. Este año (2008) se han batido más de 100 en natación. Una vez más, no es sólo una cuestión de marcas, récords del mundo, etcétera... No olvidemos que el deporte es también gracia, estilo, poesía en movimiento".

Ese grupo de periodistas, si recuerdan algunos de sus argumentos, llegaron a la conclusión de que son los "co-atletas globales del año". Dos meses después, su opinión no sería la misma, no obstante que sospechaban que Bolt era el deportista dopado y no el adorado Phelps.

Comentarios: hreyes@oem.com.mx
 
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