Opinión / Columna
Olimpiónicos 
Héctor Reyes 
Polos opuestos
ESTO
31 de enero de 2009

  Bajo un estilo propio y sello particular, en días pasados se dio a conocer una estrategia nacional para impulsar el deporte masivo y de alta competencia como lo entiende el presidente Felipe Calderón.

En el sexenio pasado, su antecesor Vicente Fox, con gorra y chamarra puestas, lanzó el proyecto de activación física financiado por la iniciativa privada y cuyos resultados jamás rindieron los frutos prometidos.

Luego de poner en evidencia los graves problemas que aquejan a nuestro país, podríamos resumir que las penas con pan son buenas, porque la perspectiva de que México es el país número uno del mundo en obesidad infantil y segundo en adultos, sólo detrás de Estados Unidos, no tenemos una solución de peso.

La solución ejecutiva se enfoca una vez más a la escuela, el terreno fértil de los mexicanos para salir del problema. Sin embargo, no sabe el mandatario que el déficit de maestros de educación física es espectacular; es decir, que no tenemos al personal para impartir la media hora de activación física diaria para tener los efectos deseados en el físico de niños y jóvenes mexicanos, apremiados por un mundo que se precipita en un remolino que absorbe toda voluntad y esperanza, por el futuro que no les hemos podido construir.

Durante el sexenio pasado asistimos a una de las clases piloto de activación física en el centro de la ciudad; los bemoles surgieron a "ras de tabla" a pesar de su efectividad en la demostración de las rutinas planificadas a lo largo de la semana, de acuerdo a funciones corporales específicas por sesión.

Los docentes no querían asumir el compromiso por la falta de incentivos, y luego no había tiempo para incluir el programa de ejercicios dentro de las formaciones matinales, salvo la opción de sacrificar una materia obligatoria para cumplir con los horarios prefijados por la Secretaría de Educación Pública.

Desde el punto de vista económico, para generar un movimiento deportivo intramuros, el Gobierno Federal tendría que incrementar el presupuesto para cubrir la plantilla laboral en más de 100 mil escuelas existentes sólo a nivel primaria y no se tiene, ni se plantea a la hora de definir prioridades.

La educación física en México fue sepultada hace muchos años, y revivir muertos resulta una tarea titánica. La obesidad a consecuencia de los productos chatarra y el sedentarismo, son consecuencia de la vida citadina; en el campo vemos a pocos niños que sufren de esta enfermedad, porque el estilo de vida es completamente diferente.

Campesinos, obreros y albañiles dudo mucho que padezcan esta problemática por la exigencia física de su labor, y hay que tomar en cuenta que su único aporte de carbohidratos es a través del refresco de cola y la búsqueda del pan diario que llega a resumirse en tortilla, frijoles y salsa verde o nopalitos, con queso y huevo, si son afortunados.

Los niños de la ciudad han engordado, porque ya su rutina se establece de la escuela a su casa; los juegos en las calles ya no se realizan y todo su mundo se circunscribe a la tarea y televisión, mientras los padres trabajan y llegan a altas horas de la noche, cansados, fastidiados y con los nervios de punta, con la amenaza de perder el trabajo.

La obesidad o sobrepeso es el reflejo de la condición existencial del mexicano, porque hay gordos que son sinónimo de riqueza, de bonanza, pero en nuestro país, es la ansiedad con la que se vive cada minuto, y para cambiar este panorama, México necesita ser un país de verdaderas oportunidades.

Comentario: hreyes@oem.com
 
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