Opinión
Leonardo Varela
Foto finish

El Sudcaliforniano
7 de diciembre de 2006

Al final del día, las amenazas de no dejarlo rendir protesta como Presidente Constitucional regalaron a Felipe Calderón un final de foto en la cual aparece rodeado, acuerpado, apoyado por la bancada panista en pleno, enviando un mensaje simbólico de fortaleza, muy distinto a la imagen tradicional del Presidente solitario en la tribuna, o a la que pudo haber sido de un Calderón "bajito, gordito y de lentes" frente a la estatura física de Fox.

El simbolismo de la imagen diluyó las anécdotas y dotó de sustancia a lo que hasta ese momento era sólo especulación y escenografía: si tomaría posesión o no, si lo haría en el Congreso de la Unión o en el Campo Marte, etc. La agenda de los medios, afortunadamente, se vio rebasada por una realidad que ya no respondió a la necesidad de espectáculo, sino a la solidez de la vida institucional del país.

Empieza bien su mandato el nuevo Presidente y qué bueno que así sea, pues finalmente el éxito de un gobierno federal, estatal o municipal repercute en sus gobernados, tanto quienes votaron por él como quienes votaron por otras opciones. Apostar por el éxito de México, al fin y al cabo, es apostar por el éxito colectivo y la capacidad para construir acuerdos aún entre quienes sostienen posturas antagónicas.

Así lo han entendido los sectores más progresistas de la oposición, tanto en los gobiernos estatales emanados de ella como entre los legisladores. El Gobernador de BCS asumió una postura de hombre de Estado que debe en todo momento reconocerse y respaldarse. Las declaraciones del senador perredista Carlos Navarrete, líder de su bancada, en el sentido de dar por terminado el periodo de la confrontación para inaugurar el de las propuestas, son otro signo alentador, que refleja civilidad, voluntad e inteligencia.

Sólo con tales atributos en nuestra clase política y en la ciudadanía podremos afrontar los grandísimos retos del presente y el futuro: en primer término, arrebatarle las calles a la delincuencia, quitarle el control de las policías, despojarla del poder factual, real, ominoso y palpable del que se han hecho. En segundo, impulsar un modelo de desarrollo más competitivo y equitativo para México.

Sin lo primero difícilmente se conseguirá lo segundo, cuando la seguridad es una condición indispensable para lograr una mínima calidad de vida, ya no se diga generar empleos, productividad y altos estándares de bienestar para todos.

Ahora, en cuanto a lo segundo (el desarrollo), apremia la construcción de una visión integral e integradora de nuestra realidad, donde por ejemplo, asumamos el combate a un rezago educativo que ya no se mide, como hace unas décadas, en millones de analfabetos, sino en millones de desempleados y subempleados, en millones de mexicanos que no leen ni un libro al año, en formas rezagadas y premodernas de pensar, expresarnos y comportarnos.

En este contexto ubico, por ejemplo, el llamado de atención que se hizo durante las últimas semanas en el estado respecto al tema de la violencia intrafamiliar y particularmente de la violencia en contra de las mujeres, una forma específica de atraso social que nos debería alarmar y movilizar, como bien señala la diputada Georgina Hernández, y que se constituye a la vez en tema de la agenda educativa y legislativa, entre otras.

Dentro de esa visión integradora, la educación, la salud, la ciencia y la cultura no pueden ser concebidas como entidades independientes o aisladas, sino que tienen que fortalecerse de manera conjunta, coordinada, para lograr un cambio de mentalidad y el alcance de nuevas capacidades que nos permitan sobrevivir y sobresalir en un entorno internacional donde en el muy corto plazo la competencia y las incompetencias serán mucho más acusadas, por ejemplo al liberalizarse el ingreso de profesionales en el marco del TLCAN.

La defensa de la educación pública y su fortalecimiento desde una óptica responsable son tarea central del nuevo gobierno y del conjunto de la sociedad. Los nuevos problemas de nuestro sistema educativo se concentran ahora en la educación media superior y superior, donde la deserción, la reprobación y una pobre planificación de la demanda-oferta educativa son sólo algunos de los problemas que reclaman más urgente atención.

Dentro de los mayores aciertos en las designaciones hechas por el Presidente para integrar su gabinete se cuenta, sin duda, la de Sergio Vela al frente de la CONACULTA. Ligado al ámbito de la música, Vela conoce al derecho y al revés el mundo de la cultura y será un elemento cohesionador en tiempos cuando la clase intelectual y creativa se encuentra polarizada, sobrepolitizada, invadida por un desmedido afán protagónico. Será su gran reto el mismo que lo fue de Sari Bermúdez: descentralizar, despegarse o desplegarse ante una élite capitalina que resiste contra viento y marea la necesidad de construir un verdadero proyecto cultural de alcance nacional, plural, incluyente.

Si hubiera que emitir una opinión acerca de este momento político, sería la invitación a mirar hacia delante y rumbo al largo plazo, donde debemos fijar metas que nos obliguen a asumir responsabilidades que como país hemos venido postergando y supeditando a las agendas de coyuntura.

El gobierno de Calderón tiene ante sí la posibilidad de demostrar que es capaz de imprimirle su sello al nuevo periodo que inicia y rebasar por la izquierda el cliché mediático de la derecha. La oposición tiene la posibilidad de mostrar que tiene un verdadero proyecto alternativo de nación y que éste es capaz de integrarse a una visión colectiva, incluyente, de la realidad nacional.

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