Opinión / Columna
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Joaquín Sermeño Lima
El secuestrador más célebre de la TV
El Sudcaliforniano
19 de septiembre de 2009
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Después de más de dos largas horas de total suspenso, con las cadenas de televisión nacional e internacional desplegando a sus mejores reporteros y camarógrafos al aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México, en medio de un ingenioso despliegue de las fuerzas del orden público nunca antes visto en tiempos de paz; después de que Neuróticos Anónimos puso en marcha el Plan No-Te-Enojes y su organización hermana Alcohólicos Anónimos llevara a cabo un operativo de inspección visual por todas las cantinas de la capital del país para detectar a aquellos de sus agremiados que no supieron resistir el estrés producido por el secuestro de un avión de Aeroméxico y habían regresado a las chelas y a los vinos generosos; después de que la mesa directiva del Senado suspendiera las discusiones sobre el nuevo impuesto denominado "Contribución para el combate a la pobreza", con el objetivo de seguir por televisión los detalles del secuestro de un avión comercial en cielo mexicano; después de que Juanito declarara que AMLO no es el presidente "legítimo" de México y de que él (Juanito) dirigirá los destinos de la Delegación Iztapalapa aunque no le guste a Clara Brugada, quien se quedó como novia de rancho, ilusionada por sentarse en la silla delegacional una vez que Juanito le prometiera renunciar al cargo; después de que Juanito llegó a la Basílica de Guadalupe para rogar a la Virgen que aparte a los enemigos que lo bloquean, encabezados por Clara Brugada; después de que Agustín Carstens anunciara otro pequeño de sus célebres "catarritos" al esperar un impacto temporal del uno porciento en la inflación, debido a los nuevos impuestos y aumento en los viejitos; después que Hacienda informara que plantea subir el ISR al 30 porciento y a 3 porciento los depósitos en efectivo, que habrá alzas periódicas en electricidad, diesel, gas LP y gasolinas, así como más gravámenes a telecomunicaciones, tabaco y licores; después de que el PRI y el PRD declararan que la reforma fiscal no pasará; después de que el PAN dijo que avalará la iniciativa y asumirá el costo político; después de que el secretario de Hacienda declarara que los dos grandes objetivos del gobierno son el abatimiento de la pobreza y la generación de empleos; después de que con la reforma fiscal, el presupuesto del 2010 generará 35 millones de empleos temporales; después de que el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) aprobara 750 millones de dólares para Procampo; después de que el CEESP (Centro de Estudios Económicos del Sector Privado) propusiera la desaparición del Procampo; después de que el doctor Luis Miguel Pérez Juárez afirmara que el 82 por ciento de los programas sociales no llegan a los beneficiarios; después de que el secretario de SAGARPA declarara que SAGARPA sí dará apoyo inmediato a los productores del campo afectados por Jimena; después de que Juanito y Clara Brugada se reunieran para repartirse los huesos que se disputan en la Delegación Iztapalapa, sin llegar a ningún acuerdo; después de que el coordinador de los diputados del PRI admitió que en su bancada no existe una posición definitiva de rechazo al nuevo impuesto del 2 por ciento al consumo (o sea que existen po$ibilidade$ de palabrear$e); después de que la secretaria de Energía aseguró que el precio de los combustibles tendrá el próximo año un "ajuste mínimo y gradual"; después de todo ello y en medio de ello, un solitario pastor pentecostés dejaba en libertad a los pasajeros, a la tripulación, y finalmente entregaba pacíficamente el avión de Aeroméxico que había secuestrado.
El mitote televisivo fue impresionante: reporteros y camarógrafos trataban de acercarse lo más posible a la aeronave retenida, las fuerzas del orden público y los militares rodeaban al pájaro de hierro (sin albur), los rostros de los participantes en el operativo se encontraban protegidos por una máscara negra que escondía su identidad. Las armas eran largas y relucientes a rechinar. Los uniformes de combate impresionaban a las doñas, quienes plantadas frente al televisor abandonaban al famélico pollo que estaban cocinando a su triste suerte. Los pasajeros bajaron de la aeronave por su propio pie, igual lo hizo la tripulación, todos ordenaditos y calmaditos. Cuando estuvieron a salvo, entró la tropa y arrestaron a 7 u 8 personas del género masculino. De todas ellas, después sólo se supo del pastor, sobre quien recayó todo la responsabilidad. Del resto de los capturados, jamás se dijo ni media palabra. El pastor declaró que sus cómplices fueron tres: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Con ello, asumía la completa responsabilidad del suceso.
De tan singular secuestro, convertido por las grandes cadenas televisivas en un gratuito show lleno de entrevistas a las guapas sobrecargo, a las pasajeras, a los imponentes capitanes, -de todo ello- solamente se sigue hablando del risueño pastor y sus exhortaciones a hacer el bien y ganarse la vida eterna. Sin embargo, una vez pasados los primeros sustos, surgió en forma natural la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible -desde el punto de vista de la seguridad de los usuarios- que un solo hombre pueda secuestrar un avión comercial en pleno vuelo, con una bomba de juguete y una Biblia en la mano?
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