Opinión / Columna
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Derrotero
Fernándo Amaya Guerrero
VAYA RETO
El Sudcaliforniano
24 de febrero de 2011
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Sin que nadie la obligue, salvo su personal concepción del servicio público, su valor personal, la responsabilidad de cumplir promesas formuladas públicamente, y el respeto que su nombre le inspira, la licenciada Esthela Ponce Beltrán, ya sin el acicate de una campaña política que para ella fue venturosa, se ha comprometido a un cambio tan radical en la administración pública, que pretende nada menos que hacer olvidar a la ciudadanía del Municipio de La Paz, las posibles desilusiones, e inclusive, amarguras que esa sociedad haya cosechado a lo largo de los pasados 15 años.
Es un reto en toda forma, ciertamente.
En un reportaje de Miguel Rubio publicado ayer en este periódico, a manera de saludo, podemos leer, adjudicado a la presidenta municipal electa de La Paz: "Es necesario marcar la diferencia con administraciones municipales de los últimos 15 años. De tales administraciones afirmó que han fallado en el manejo de los fondos públicos, en grado tal que el ayuntamiento está endeudado y requiere de una total reestructuración financiera y administrativa".
En el reportaje de Miguel, se adjudica a esta joven paceña, el siguiente mensaje:
"Habiendo pasado ya la fiesta electoral en la que todos mostraron su interés y capacidad, es necesario enfrentar con los mismos bríos, el reto que implica hacer realidad la esperanza de los ciudadanos, de una vida digna, y ésta sólo es posible si generamos condiciones de empleo, de seguridad, de servicios eficientes y de disfrute equitativo del ocio y la recreación".
Cuando esta joven paceña luchaba por alcanzar la victoria electoral en las recién pasadas elecciones del 6 de febrero, hacía yo diferentes comparaciones en mi pensamiento, de lo que esta muchacha podría alcanzar, como administradora de los bienes y las esperanzas de los paceños, en relación a lo que el sector femenino ha dado a la población en la misma oportunidad. Mi reflexión me impulsaba siempre a creer que seguramente habría una buena diferencia en favor de Esthelita. Pero ella se ha encargado ahora de hacer mayor el comparativo. Se ha ido hasta 15 años atrás.
Uno como ciudadano simple, ve y a veces sufre por acciones oficiales que reprueba pero no tiene poder ni para comprobarlas, ni para sancionarlas. El caso de aquellas personas que han de tomar las riendas administrativas de la ciudad, es diferente, porque aquello que haya visto, podrá corroborarlo con auditorías que por cierto han sido anunciadas, y después, quizá sancionarlas, dependiendo del calibre de cada caso. Aquí la pregunta sería que si cuando se piden cuentas, tal petición va acompañada con la sanción que el acto que se reclama merece y esto no tiene nada que ver con revanchas, o deseos insanos de castigos. Simplemente sucede que la gente tiene ganas de ver que en efecto, la justicia se hace, y se hace con todo el imperio que representa, esto es, indiscriminadamente.
La licenciada Ponce Beltrán está preparada académica y anímicamente para hacer algo más que rescatar tortuguitas. Tiene además la emoción que hace sensibles a las personas, y si acierta en la selección de aquellos ciudadanos que han de acompañarla en esta intensa aventura de cuatro años y medio, con toda seguridad va a establecer esa diferencia que desde ahora ha vislumbrado, y darle a la sociedad la oportunidad de comprobar que efectivamente, en la conducción de un gobierno tan sólidamente ligado a la familia, como un municipio es posible demostrar a propios y extraños, todo lo que se puede hacer con la contribución de la gente.
En este juego en que todos estamos, lectora, lector, es posible que las auditorías que se lleven a cabo, arrojen resultados que eventualmente aconsejen la querella ante la autoridad judicial, y todo esto derive en sanción corporal. No es, a mi juicio, tamaño panorama el que se busca, pero tampoco puede la autoridad que desea hacer las cosas bien, diferentes, pues, iniciar actuando como si se tratara de un borrón y cuenta nueva.
De todos modos, si hay culpables, éstos pueden, en un profundo examen de conciencia, aceptar su culpa y luchar por redimirse, El próximo episodio que aquí se incluye, demuestra que hasta en los casos de máximo extremo, el hombre, genéricamente hablando, tiene siempre una esperanza de redimirse, a pesar de la gravedad de sus acciones. Veámoslo, es muy breve y aleccionador.
REDENCION.
Desde la hermana República de Bolivia, nos llega un mensaje, lo publicó ayer este periódico, que nos invita a reflexionar hondamente, en la posibilidad que cualquier ser humano, por más bajo que haya caído, tiene para redimirse y darle vuelta a su vida, en un giro de 360 grados, para convertirse en una persona que de criminal asesino, se torna humanista y generosa.
Jaime Cárdenas está preso porque mató a dos hermanos. Al revisar su propia vida, dice que mató a muchas más. Cuenta: Robando a la gente he matado como a 15 personas, pero cuando sicarios apuñalaron a mi hijito en el pecho, por una venganza mató a otros más. Por esa causa asesiné a 15, diez cruceños guerrilleros de Santa Cruz, dos cochabambinos y tres de Sucre.
Aunque confiesa que no le asusta la cárcel, anuncia: "Pienso cambiar mi vida trataré de terminar el colegio y después quiero estudiar medicina, quiero ser útil, he hecho mucho daño".
¿Usted cree que este hombre alcanzará algún día la redención? Es difícil saberlo, pero de seguro, aquellos que han robado a la gente de Baja California Sur, a la mejor, si se arrepienten tan sinceramente como este asesino, a la mejor si alcancen la redención, me parece. Tendrían que regresar todo lo que han robado, es verdad. Sería algo que pudiera resultar equivalente con los estudios que pretende el asesino del ejemplo, que quisiera ser médico para curar a la gente, en vez de matarla. Hay algún parecido DIGALO USTED.
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