Opinión
Alejandro Álvarez Arellano
Pemex y el 'hotdoguero'

El Sudcaliforniano
22 de julio de 2008

El próximo domingo se realizará esa farsa a la que le han llamado "consulta petrolera". Que terminará en un rotundo fracaso, no hay la menor duda.

Los mejores pronósticos para el 'Deefe', donde tuvo su cuna y mejor impulso dicha pantomima, apuntan a que no irán a las urnas más del veinte por ciento de los potenciales consultados, y acudirán muchísimo menos en las otras escasas entidades donde se promueve el teatro.

Y es que esa "consulta" es el resultado lógico de otra farsa, el "foro sobre la reforma energética" que resultó a su vez del chantaje que una minoría de legisladores impuso a fuerza de actos ilegales en el recinto del Congreso. Una cadena de desatinos no puede concluir en un éxito.

Es lógico.

Pero lo más lamentable de toda esta historia es que se tejió una red de conceptos mentirosos a partir de las cuales se torció ideológicamente la solución a un problema elemental: que Pemex, y con ello el país completito, va directo al fracaso de mantener su funcionamiento como hasta ahora.

Veamos. Cuatro de cada diez pesos del presupuesto federal provienen de esa paraestatal cuyas reservas probadas ya no llegan a los diez años.

La producción petrolera viene bajando sistemáticamente, de enero a mayo de este año descendió casi diez por ciento respecto al mismo periodo de 2007. Los altos precios del petróleo en el mercado internacional no redundan en beneficios concretos para México porque tenemos que comprar los productos petroquímicos en el extranjero.

El Instituto Mexicano del Petróleo en cuarenta y tres años de funcionamiento ha sido incapaz de generar la tecnología necesaria para explorar y explotar yacimientos petroleros en ambientes distintos a los terrestres, pero aún en el continente, procedimientos fundamentales como la exploración geofísica y la perforación se realizan con tecnología y "software" que no son mexicanos, ya no digamos en el mar.

De continuar como hasta ahora, la burocracia sindical y la administrativa seguirán chupando como garrapatas las ganancias de Pemex por más discursos sobre la soberanía y el nacionalismo que salgan de los roncos pechos de los políticos. Esa es la realidad, lo demás es rollo.

Cualquiera que se asome al funcionamiento de la empresa más modesta podrá entender que es imposible que un empresario participe directamente en todas las fases del proceso productivo o de servicio.

De ahí el título de esta columna. El señor que vende hot dogs en la esquina no construyó el carrito, lo más probable es que lo rente, cuando surjan carritos más modernos dejará de rentar el actual y rentará otro. La materia prima de su negocio no la produce el hotdoguero, no fabrica el pan, ni las salchichas. Tampoco siembra el tomate para hacerlo cátsup, ni la cebolla, ni el chile (no empiecen, que es cosa seria).

No cría puercos para hacer el tocino. Ni fabrica las servilletas. Si se le poncha una llanta al carrito o tiene un desperfecto no tiene una llantera o un taller mecánico para esas eventualidades.

Pero ese sencillo hotdoguero tiene más autonomía, independencia o soberanía que un empleado de mostrador.

Otro ejemplo. La exitosa empresa Exportadora de Sal (ESSA), orgullosamente sudcaliforniana y mexicana por tener mayoría de capital nacional, no representa ningún peligro para nuestra soberanía porque en ella participe capital japonés. Tampoco es un riesgo para la nación, ni para nuestro estado, que los enormes camiones de carga que utiliza ESSA se compren a una empresa norteamericana.

Ni al más loco se le pudo haber ocurrido que para conservar la soberanía tuviéramos que fabricar esos enormes camiones y sus refacciones. ESSA tampoco fabrica las bombas para bombear el agua de las lagunas hacia los vasos de evaporación, ni los trascabos que cosechan la sal, ni las bandas transportadoras para cargar la sal a los barcos. ¿Y alguien se opone a este funcionamiento?

Acuerdo que no es acuerdo

Los transportistas turísticos y los choferes de taxis de Los Cabos han firmado un acuerdo que todavía no es acuerdo. Y es que el documento en el que coincidieron las partes en conflicto, publicado en este diario, simplemente es una tregua mientras se cocina un procedimiento legal que pueda darles satisfacción en el reparto del negocio que representa llevar turistas de los hoteles al aeropuerto y viceversa. Negocio gordo por lo que se ve ya que representa millones de pesos anuales de ganancias. No se usted apreciado lector, pero yo prefiero en calidad de turista contratar de antemano los servicios de transporte que exponerme a ser esquilmado por los voraces taxistas. Pero hay para todos los gustos.
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