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Espectáculos Local
Con gran éxito se presentó la película "Olas de verano"
El Sudcaliforniano
17 de marzo de 2008
Redacción
La Paz, Baja California Sur.- La gente le agradeció el magnifico trabajo que realizó poniéndose de pie al final del filme, logrando arrancar buenos comentarios. En esta película participaron actores de la región, por mencionar algunos, se encuentra Guillermina Sáenz, Rubén Rivera, Cinthia Hernández, entre otros. A continuación un comentario del maestro Rubén Olachea. César Talamantes nos regala, con Olas de verano, una tragedia sin melodrama. Su visión de la realidad no es trágica ni cómica, acaso sí paradójica, porque la belleza del paisaje natural no coincide con lo social. Asistimos no a la celebración de costumbres sino a una despedida presentida de que las cosas ya no serán como antes, como cuando uno en La Paz dormía en el patio y ni zancudos había, esa fecha de caducidad para un estilo de vida que se sabía no podría durar por siempre pero cuya fecha exacta no venía en ningún envase ni se sabía con exactitud. 28 minutos que se quedarán registrados en nuestra memoria, porque se trata de un sueño, de una fantasía, de una anécdota construida sobre la base de nuestra realidad palpable, tangible, comprobable y verificable. El malecón sigue siendo el mismo porque los carros pasan con prisa algunos, con calma otros. Pero ese malecón, al mismo tiempo, ya no es el mismo de antes. Falta la casa modesta cuyo zaguán se cruza fácilmente, pues en este pueblo no hay ladrones y no había por qué desconfiar. Más bien, antes de cruzar el umbral ya había una dulce voz ofreciéndote un vaso de agua por lo menos, que el calor es mucho y mucha la calor. Así, un mundo en el que aún se escriben cartas de amor y despedida, un muelle donde el llanto del hombre es un soplo ahogado, a escondidas de todos menos del mar que es implacable. El mar sabe lo perecederas que son nuestras angustias y limitaciones, nuestras preocupaciones banales. Asistimos pues al estreno de un registro que nos narra el final de una época, una era en la que la canción Puerto de ilusión incluía gente sin estrés ni comportamientos bipolares. La tortuga, la caguama enorme que vigilaba con sabiduría los ires y venires de la gente común, fingía que no sabía que tarde o temprana sería sacrificada, traicionada por el hombre con quien creyó un día se podía poner a jugar con él, a nadar con él. Ese hombre está hoy más preocupado por el valor de sus propiedades que por los valores sencillos de ética y de paz con la vida, el mundo y el universo que de niño uno, se suponía, adquiría vía todo. Todos los mensajes que de niños escuchamos los paceños era de un mundo que se podía poner cada vez mejor, no cada vez peor. Hoy, con la ironía compartida con los Simpsons, aprendemos a sobrevivir sabiendo que este mundo no nos pertenece y que jamás nos perteneció, que el plan era otro, y que las sorpresas pueden empeorar así que hay que ponerse listo. Pero hay quien, más que listo, se vuelve pillo, pícaro y abusivo. No quiero contar el final, la realidad tiene un peso específico que cada quien calibra. La luz que Talamantes manipula nos cuenta una historia entrañable y da cuenta de la hermosura cotidiana, desde el tibio oleaje hasta el crepúsculo de oro que parece anunciar algo grandioso que no existe en palabras. Sólo aproximaciones. Así están formados nuestros sueños, de belleza inenarrable. Dos jóvenes, dos generaciones enfrentadas al asfalto, a las tarjetas de teléfonos que expiran, a miradas de amor trunco, a conversaciones que nos dicen justo lo que no deseamos escuchar. Por eso venimos al cine, en busca de lo que amamos. A veces los amores imposibles, condenados al fracaso, son los que perduran, los que muy a su manera, triunfan. Amores que de todos modos deben ser acariciados, aquilatados, recordados hasta el fin de la memoria, que es la vida, porque sin memoria no hay orgullo ni dignidad. Felicidades. Gracias. |
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