Opinión / Columna
 
Javier Zenteno Barrios 
Campañas para el cambio o "guerra de lodo"
Organización Editorial Mexicana
9 de diciembre de 2011

  Ya inició la temporada más intensa de las campañas electorales en México.

Los partidos políticos se están posicionando para acceder o mantenerse en el poder, y al interior de cada uno de ellos, sus miembros están en el frenesí de la búsqueda de su futuro laboral y político.

Mientras ello ocurre, el país se debate y consume entre sus profundas contradicciones y deficiencias estructurales no resueltas, que no son tan sólo un lastre para el desarrollo del país, sino un grave impedimento para el futuro de las nuevas generaciones.

En el segmento de los nuevos ciudadanos, entendido como los jóvenes de 18 a 29 años de edad, es donde se encuentra la base electoral más significativa para los partidos. Dicho en otras palabras, entre estos electores se encuentra el principal semillero de votación que puede crear la diferencia entre ganar o perder la elección, por su significado numérico y de voto útil.

Numéricamente esta franja representa cerca del 30 por ciento del padrón electoral integrado por cerca de 78 millones de mexicanos. Conforme a pirámides poblacionales elaboradas con información censal, la población entre 25 y 29 años la integran 10.4 millones de jóvenes; la que se encuentra entre 20 y 24 años por 11.3 millones, y la que está entre 15 y 19 años 11.8 millones de individuos, respecto de los cuales se podría estimar que cuando menos tres millones podrán votar en el 2012.

Como voto "indefinido", entendido como aquel que no tiene una preferencia de partido o candidato predeterminado, resulta un objetivo claro de todos los operadores de campañas de ganar la preferencia de este segmento de la población, que conforme a diversas opiniones y datos de la Encuesta Nacional de la Juventud 2010, la participación organizada en temas políticos no se encuentran entre sus principales intereses. Incluso, dentro de este grupo poblacional, se encuentran los "ninis".

Para un alto porcentaje de estos jóvenes, particularmente para los que será su primera elección, el próximo primero de julio puede representarles una oportunidad de experiencia cívica así como de aquilatar la posibilidad de convertirse en sujetos activos de las decisiones colectivas.

Su problema radica en que para una amplia porción de los jóvenes entre 18 y 29 años les es ajeno el pasado reciente, lo cual les impide contrastar y sopesar calidad y consistencia de personas y partidos, aunado al hecho de que por deficiencias del sistema educativo y la inexperiencia colectiva de una democracia consolidada entre la población, entre los partidos y la llamada clase política, no contamos con una cultura cívica originada en la experiencia del propio país.

En este último sentido, basta contrastar la reciente votación española en las que los sujetos activos reconocen victorias y derrotas y de inmediato inician el trabajo conjunto para enfrentar los gravísimos problemas. En México, sólo vemos acusaciones recíprocas; señalamientos de ilegalidades reales e inventadas pero que pocas veces son comprobados; "cacerías de brujas" de los Gobiernos entrantes y plantones como el de Reforma ocupada por López Obrador, que redituó más en problemas para los habitantes de la ciudad que para "hacer valer sus reclamos".

Los jóvenes necesitan encontrar si no certidumbre, cuando menos una esperanza en el futuro inmediato, en el que a partir de su esfuerzo puedan encontrar opciones de vida en medio de las condiciones necesarias para su desarrollo personal.

Estas campañas pueden ser una oportunidad inigualable para los jóvenes si lo que se discute y analiza son los mejores candidatos y las mejores opciones para el cambio que el país requiere.

Por el contrario, si sólo será una "guerra de lodo" y de tormentas de "spots" de mercadotecnia, se perderá en su perjuicio una gran oportunidad para que los jóvenes participen en la construcción de su futuro.

fjzentenob@hotmail.com
 
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