Opinión / Columna
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Alejandro Díaz
El Plan Ciudad Juárez
El Sol de México
2 de marzo de 2010
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Los medios han calificado a Ciudad Juárez como la más violenta del país por los graves acontecimientos sucedidos en esa ciudad, desde los feminicidios en los años noventa hasta los más recientes del narcotráfico. Si bien hay otras ciudades con problemas similares, lo que sucede en la localidad fronteriza ha llegado a niveles que no pueden tolerarse. Aún si la violencia es menor que a la que llegó Medellín en lo más álgido de la lucha en Colombia, y menor de la que padecen algunas ciudades de África del Sur, sí sobrepasa -y con mucho- los límites aceptables. La violencia se ha vuelto cotidiana amedrentando a propios y a extraños. Los ciudadanos emigran a otras partes del país o allende la frontera, o guardan un inaudito silencio sobre lo que sucede a su alrededor.
Con la llegada de la violencia, el silencio ciudadano se ha impuesto. A diferencia de Tijuana, que también ha sufrido el embate de bandas del crimen organizado, la población de Ciudad Juárez denuncia formalmente muy poco. Incluso cuando hay múltiples reclamos de ONG's en los medios de comunicación contra militares por problemas de derechos humanos, apenas y hay denuncias en instancias oficiales: la Sedena acaba de informar que en los dos años que ha mantenido su presencia en esa ciudad, sólo hay 20 denuncias contra elementos castrenses. ¿Exageran las ONG's o le falta valor a la ciudadanía para denunciar abusos?
Desde la aparición en los campos aledaños a Ciudad Juárez de las primeras mujeres asesinadas en 1993, el número de ilícitos violentos se disparó en la ciudad. No sólo por la falta de eficacia de las autoridades judiciales para encontrar a los responsables y sancionarlos, sino porque la población no se involucró; consideró que eran problemas ajenos a ella y pocos tuvieron valor civil para denunciar comportamientos atípicos, a quienes habían estado cerca de las víctimas o podían considerarse sospechosos. Ni las autoridades ni la población contemplaron el tamaño del problema que enfrentarían en unos años por su inacción.
Ignoraron la verdadera 'Ley de Herodes', que dice que "si no atiendes los problemas cuando son pequeños, éstos crecerán hasta destronarte". Los problemas de hoy son consecuencia del incumplimiento del pasado.
El narcotráfico agravó el problema de la criminalidad, disparando los índices a las nubes. Se sigue dando una lucha sin cuartel por parte de mafias antagónicas para ganar el control de las rutas de la droga, generando miles de muertes, algunas de ellas realizadas con crueldad innecesaria para amedrentar a los contrarios. Son mafias que han hecho todo por mantener el control de un negocio de millones de dólares, lo que ha facilitado la proliferación de delitos de todo tipo, tanto del orden común como secuestros y asesinatos, o federales como crimen organizado y tráfico de drogas. La ciudad siempre ha sido punto muy activo de contacto desde que se estableció la frontera y, como acceso natural al centro de Estados Unidos, se ha convertido en el punto de paso de varias rutas de la droga rumbo a los lugares de consumo.
Pero no es la única razón por la que ha crecido la criminalidad, pues hay otras: las deportaciones desde Estados Unidos y las leyes locales que inhiben la denuncia. Por un lado, las autoridades migratorias de Estados Unidos anualmente expulsan 15 mil personas por ese puerto fronterizo, y aunque a la mayoría sólo por violar las disposiciones migratorias, a otros es por cometer delitos, incluso violentos. Como las deportaciones son sin aviso, ninguna autoridad mexicana las recibe o las registra, simplemente los criminales liberados pueden seguir realizando su actividad entre la población local. Por otro lado, una reforma legislativa relativamente reciente obliga a quien denuncia o atestigua contra alguien a carearse con él o los acusados. Si bien fue una reforma que buscó abatir el número de detenidos y procesados, también inhibió las denuncias en todo el estado de Chihuahua, y muy especialmente en Ciudad Juárez.
Incrementar en 500 por ciento la presencia policiaca para inhibir actos delictivos, aumentar el número de patrullajes y crear un Centro de Análisis Táctico, son buenas medidas para abatir la criminalidad, como lo son aumentar la oferta escolar y de empleos, pero van a ser insuficientes si no se acuerdan los términos en que nuestros connacionales son expulsados de Estados Unidos, se corrige la legislación que obliga al careo y, sobre todo, se fomenta la confianza ciudadana para que se denuncien los casos de delito y de evidente lavado de dinero. Sin la cooperación ciudadana, la erradicación del crimen en Ciudad Juárez no tendrá éxito.
alediaz@elsoldemexico.com.mx
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