Opinión / Columna
|
Alejandro Díaz
La reconstrucción de Haití
El Sol de México
2 de febrero de 2010
|
Ahora que la situación en Haití parece estar bajo control y el auxilio internacional comienza a llegar a una mayoría de los necesitados, los países que se han comprometido a ayudar a esa nación están enfocando sus baterías a la reconstrucción. Pero más que reconstruir, hay que hablar de construir el país. El primer país de América -después de Estados Unidos- en obtener su independencia formal (1804), a partir de una revuelta de esclavos contra sus amos franceses. Sus sucesivos gobiernos han sido incapaces de hacer un país. Apenas transcurridos 40 años de independencia, los pobladores de habla hispana del oriente de la isla lograron imponerse a la parte occidental, formando el país que hoy conocemos como República Dominicana y separándolo de Haití.
A pesar de haber sido la colonia más rica de Francia en el siglo XVII, los gobiernos sucesivos de ese país no formaron un Estado en 100 años, cuando más lo mantuvieron, hasta que en 1915 fueron ocupados por Estados Unidos, inquietos por los desórdenes frecuentes en la isla. Por 19 años estuvo bajo administración estadunidense, pero ni esa ocupación ni sucesivas dictaduras y frágiles democracias que la sucedieron lograron construir un país. Hoy, con más de 200 años de independencia, son el país más pobre del hemisferio occidental, más que muchos países de África.
No sólo carece de estructura carretera, puertos y aeropuertos, carece de casi todo lo demás: suficiente agua potable y drenaje, servicios de salud y educativos, fuerzas confiables de seguridad, instalaciones para producir energía eléctrica y distribuirla, red telefónica suficiente, etc. Carece incluso de bosques, pues los existentes en el momento de su independencia se han terminado en un 98 por ciento por la recolección de madera para usarla como combustible. Dos terceras partes de sus nueve millones de habitantes viven en la miseria y la mitad está sin trabajo; dos millones están desnutridos y el analfabetismo abarca a la mitad de la población; el crimen está desgraciadamente muy presente en forma de secuestros, robos y comercio de drogas ilícitas; la falta de vigilancia de costas y espacio aéreo facilita el trasiego de drogas en gran escala hacia países consumidores, en especial hacia Estados Unidos.
Semidestruido por los grandes huracanes del Atlántico, el terremoto del 13 de enero destruyó en Haití lo que quedaba en pie y puso en evidencia sus carencias en salud, comunicaciones y orden, en suma, la falta de un Gobierno eficaz. Los países que acudieron en auxilio de Haití se encontraron con que no sólo habían de traer medicinas y equipo médico, sino también víveres y fuerzas del orden para organizar la entrega. Encontraron una pobre infraestructura, obligándolos a buscar soluciones ingeniosas para desembarcar víveres, medicinas y equipos de apoyo. La medida reciente de entregar la ayuda sólo a mujeres ha sido porque es un país en el que existe la ley de la selva y el más fuerte siempre se impone; falta ver si no es que los abusivos de siempre organizan a mujeres para obtener lo que no pueden recibir directamente.
Los dos mil 20 millones de dólares ofrecidos a Haití por muchos países para su reconstrucción van a tener que ser aplicados con inteligencia para solucionar sus añejos problemas. Tendrán que ser empleados siguiendo criterios rígidos, para que rindan frutos momentáneos y a largo plazo; que sirvan para darle a sus habitantes trabajos que les den de comer al tiempo que construyen el país. No se requiere una nueva versión del Plan Marshall, porque ese plan tuvo como base la entrega de productos norteamericanos mientras los países europeos estaban en capacidad de generarlos por sí solos. Haití no va a generar nunca nada por sí solo si no se le conduce. Requiere que se sienten las bases económicas del trabajo al tiempo que se construye la infraestructura mínima necesaria.
Se requieren cuatro acciones simultáneas: desarrollar agricultura sustentable, construir viviendas y caminos, contar con una estructura sanitaria y establecer una policía confiable. Lo primero es una agricultura que pueda alimentar a su población o estará siempre sujeto a la ayuda exterior y seguirá careciendo de los necesarios empleos. La construcción de viviendas sencillas, hechas por los propios haitianos bajo la dirección de expertos, será el camino para terminar con los campamentos de tiendas de campaña que abarrotan la isla, al tiempo que provea de empleos a gente dispuesta a trabajar. La construcción de una estructura sanitaria -agua potable y drenaje adecuados- será básica para asegurar el futuro, aún cuando se presenten nuevamente huracanes. Y sin una policía confiable, seguirá imponiéndose la ley del más fuerte. Después habrá tiempo para hacer hospitales y escuelas, así como para atraer inversiones.
alediaz@elsoldemexico.com.mx
Columnas anteriores
Columnas anteriores