Opinión / Columna
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Derrotero
Fernándo Amaya Guerrero
Magisterio herido
El Sudcaliforniano
6 de noviembre de 2009
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El magisterio nacional está herido porque ha sido fragmentado, esta circunstancia, le impide crecer y resulta el obstáculo mayor para alcanzar dos propósitos de avanzada, propósitos cuya ausencia lesionan a la República.
Cuando nuestro maestros, debido a razones muy profundas se dividen, parten su representación y parten su fuerza. Entonces, malherido como está el sindicato, no es capaz de influir decisivamente en la calidad de la educación, por una parte, y por la otra, no tiene la fuerza suficiente para hacer valer sus demandas. Carece de la capacidad que le lleve a la conquista de satisfactorias que le garanticen una vida más digna, más tranquila, más satisfecha en el pleno personal y familiar.
Nuestros maestros deambulan por las calles de ciudades y pueblos, buscando una segunda chamba que les ayude a llevar suficiente pan a la mesa de los suyos: la fractura de la organización ha sido la punta de lanza en este drama representado muchas veces por maestros de a pie y maestros en limosina, o Hummer, como se les llama hoy. Esa es una situación que se vive, que se siente en lo más hondo- del ser humano. Alguno de los de la Hummer puede ser doblegado por la arrogancia. Del grupo aquel que se ha separado y que vive muy cerca de la indigencia, es humano que el rencor florezca. Un sindicato así dividido, es "pan comido" para los gobiernos, como se ve ahora.
De aquel sindicato que en el pretérito se ve a lontonanza como el grupo de maestros reconocidos y asimilados con cariño como "el segundo padre", sólo que da frustración, reconocer y muchas veces odio.
De ese tamaño es la fractura de la querida organización sindical tenida por nosotros como ejemplo a seguir. Es dolorosamente cierto que hoy podemos ver a un maestro gritando su coraje porque no se le cumplen sus demandas plenamente justificadas por cierto, y luego, no muy lejos, algún líder satisfecho, echándose unos alcoholes para "hacer la digestión".
La fractura se ahonda, lamentablemente. No vemos, al menos yo no veo que se aparezca por allí alguna señal que nos haga pensar en el reencuentro de la familia, en la reconciliación entre hermanos, para hacer de aquella hermosa y ejemplar organización, el punto de arranque de una revolución que, como dice ahora el maestro José Narro Robles, haga posible la refundación de la República.
Y si no son maestros maestros, ¿quién lo haría posible?
En Baja California Sur, como en toda la República, hay ejemplos dolorosos de esta fractura, y también se da la lucha vigorosa, heroica y terca de aquellos que defienden su verdad con el rostro de frente.
Son maestros que integran minoría numérica en cuya circunstancia, no podrá jamás calificarse de razones o sinrazones. Ellos tienen la convicción plena de que actúan y hablan con la verdad, y demandan la satisfacción de una serie de prestaciones y convocan, en nombre de su lucha, a paros escalonados.
Sus demandas no son prebendas que huelan a vacaciones precisamente. Exigen en todo los casos que documentan las informaciones, la satisfacción de derechos que garantizan la salud de la familia y la salud propia. Denuncian el uso indebido de recurso que mañana han de garantizarles una vida más tranquila, después de decenas de años de servicio a la patria.
Los maestros que así luchan hasta ahora al menos, han encontrado como respuesta el silencio.
Lectora, lector.
En este drama que viven los maestros hay, entre otros, un silencio ominoso, grosero, injusto. Es el silencio de la dirigencia llamada formal del sindicato, que evidentemente no ha escuchado este claro. De haberlo escuchado, pudiera decir a esos maestros, decirle a la sociedad misma: "Están equivocados" y por supuesto, ofrecer fundamentos claros y contundentes.
Podría decirles también, "compañeros, tienen ustedes la razón, vénganse para que luchemos todos untos, porque este ejemplo que nos ofrecen, lo reconocemos con entera humildad, lo aceptamos y nos sumamos a la tarea".
¿Podría ser eso? Bueno, hay veces que uno sueña. Cuando se ama al país que nos lo ha dado todo, queremos para ese país lo mejor. Hoy nuestra patria está en la superficie de una débil tablita. Son muchos los problemas que le agobian y sin muchos también los destinos que pueden marcarla.
No sabemos cuales será el final de esta etapa que hora vivimos, pero si es posible asegurar que cualquiera que sea, debe encontrarnos, para bien de la república, unidos como una familia. Divididos cualquier problema nos hará añicos.
Y en este caso, es mi punto de vista, nuestros maestros deben asumir el liderazgo natural que es corresponde. Bien sabemos que no es nada fácil esta tarea. Sabemos que a la dirigencia formal de magisterio en Baja California Sur, le ha de resultar muy difícil, casi inalcanzable, la tarea de reubicar a la organización. Pero si no lo intenta jamás lo ha de lograr.
Todo los dirigentes de todas las organizaciones han soñado algún día con la posibilidad de consumar una hazaña que nunca muera en el pensamiento de la gente. ¿Acaso podría ser el sueño de la dirigencia formal del sindicato sudcalifornianos, la unidad total, la reconciliación que luego impulse al grupo a nuevas aventuras, a nuevas luchas por el bien del gremio?
Ese, a mi modo de ver es otro sueño. Pero no lo creo imposible, Es verdad que pensando así, luego uno puede llegar a concebir un diálogo entre el dirigente y su permanente acompañante, así: "Parece que reconciliar a todo el sindicato, es posible. En el otro lado se ven algunos de intentar un diálogo pero los compañeros nos piden que también nosotros le mentamos huevos al asunto, para lograr el triunfo. Y no es que hagan falta huevos, lo que sucede es que ahorita la estamos llevando a toda madre. Cómo la ven compañeros? Le entramos, o nos esperamos?
En el caso de los sucesos de Bahía Tortugas, las autoridades han ofrecido su versión, y al igual que los cooperativistas pescadores, han afirmado que van a llevar este asunto a las autoridades judiciales para que actúen.
Bueno, son dos versiones que surgen y es una autoridad la elegida para que establezca donde está la verdad, donde la justicia. Cualquiera que sea el resolutivo del Ministerio Público, esto es, para cualquier lado que se incline, debe ser justo. Que el encono social no se agrande, es deseable. Que nuestra nación no siga padeciendo por tanto desacuerdo entre mexicanos, donde es posible ver a unos buscando la comida y a otros arrebatándosela.
Que las malas artes no presidan el andar de la República, es nuestro anhelo.
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