Opinión / Columna
 
Derrotero 
Fernándo Amaya Guerrero 
Lucha social
El Sudcaliforniano
2 de noviembre de 2009

  La lucha de los maestros disidentes encontró su momento más álgido durante el fin de la semana que acaba de pasar. La conducción de la disidencia magisterial, como podemos ver más adelante, ha cometido errores que pueden resultar fatales, como lo comprueba el hecho de que siendo originalmente un encuentro campal, pongámoslos de esa manera, entre la dirigencia formal del SNTE Sección Tres, y sus adversarios los maestros disidentes, aquella batalla atrajo ya la atención del mundo oficial que se vuelve abruptamente contra los disidentes.

Ya no están solos pues, unos maestros que luchan contra otros. Ahora toma su parte el gobierno que en su calidad de patrón, ve la puerta de entrada ideal, y por ella penetra. La disidencia hoy debe atender dos frentes, y su franca debilidad económica y quizá numérica, esto no lo sabemos, le pone en situación difícil hasta la angustia.

Un explicación rápida:

La Secretaría de Educación Pública, que había permanecido, al menos para los ojos de la sociedad, en quietud total, observando solamente, ahora actúa y le da un golpe muy severo a la disidencia: Cancela sueldos y es más, exige restitución de aquellos que durante 18 meses fueron pagados. En tanto se dilucida quien tiene la razón, los sueldos ausentes representan una bomba tanto en el ánimo como en el sentir de los maestros.

En respuesta los maestros disidentes han tomado las armas y las utilizan, endilgando adjetivos de grueso calibre tanto al gobernador del Estado como al secretario de Educación Pública.

¿Son denuestos?, ¿son verdades?, ¿son inventos?, ¿son calumnias?, ¿son expresiones desesperadas?

La SEP, dice la información que publicó este diario el sábado, exige que los veinte profesores disidentes regresen a su trabajo. Les demanda cumplan con el trabajo por el cual se les paga, y habiéndoseles pagado durante año y medio sin trabajar, les exige devuelvan esas cantidades. Esto lectora, lector, es nada menos que la acción directa, no de la dirigencia formal del sindicato contra el cual nació este movimiento, sino del gobierno que paga sueldos. Es, como quiera que se le vea, un golpe mortal para la disidencia.

¿Dónde está la verdad?, ¿dónde la justicia?, ¿dónde la razón?

Fuera epítetos, fuera razonamientos, fuera razones y sinrazones, hay una verdad imbatible: A veinte maestros se les cancelan sus sueldos y se les exigen dos acciones: Regresar a clases y devuelvan lo que durante año y medio se les pagó sin trabajar.

En mi opinión, el segundo error de la disidencia, que se había peleado con la dirigencia formal, consistió en abandonar las aulas. Abandonaron el trabajo y eso le dio una poderosa e infalible arma a la parte patronal. Hay una explicación que los maestros disidentes utilizan: "El gobierno al pagarnos, consintió en nuestro movimiento". Seguramente éste es un argumento muy sólido ante la sociedad, pero vale la pena preguntar: ¿lo es ante las autoridades laborales?

En su contra, amén de la supuesta debilidad económica, los maestros disidentes tienen un factor demoledor: Ante ninguna ley, ante ningún tribunal, ante ninguna expresión de adhesión o simpatía, pueden exigir que se les pague sin trabajar. Esa parte del diferendo, es concluyente.

Cuando los maestros abandonan el trabajo además de la simpatía de la sociedad, pierden aquello que se conoce como "Caballo de Troya". Grave error, evidentemente.

Quizá la demanda aquella de que devuelvan lo que se les entregó durante año y medio, pueda alcanzar alguna rendijita por la cual se introduzca un acuerdo. Los adjetivos contra el gobernador y el secretario de Educación Pública, acaso alcance también un ángulo creíble; pero la verdad, es que ni aquello ni esto es de utilidad práctica en la lucha de los maestros. Todo eso reunido, no alcanza el peso que representa la acción directa: Sin trabajar, no hay sueldo.

Dice la información que firma Aracely Hernández, que la dirigencia de los maestros disidentes ha expresado su decisión de no volver a las aulas. Yo creo que éste es un error que arrojará consecuencias fatales.

Si no existe un movimiento de huelga que la autoridad haya declarado existente, diga usted lector, que digan los mismos maestros ¿dónde van a encontrar al tribunal que les dé la razón cuando exigen sueldos sin trabajar? Podría haber un tribunal, uno solo creo, y pienso en la conciencia colectiva. ¿Y? ¿De qué sirve para fines prácticos?

Además, y esto lo deben pensar muy detenidamente los maestros disidentes, para lograr el aval de la conciencia colectiva, tienen que alcanzar el visto bueno de los padres de familia, cuyos hijos no tienen maestro. Por eso digo al inicio de este comentario, que la lucha de los maestros disidentes encontró el momento más álgido en toda su historia. Creo que es momento definitorio, concluyente.

Cuando los maestros disidentes, en uno de sus capítulos declarativos afirman que hay visos de una decisión por aniquilar a su movimiento, deben saber que si tal versión es correcta, con mayor razón han de cuidar los pasos a dar. Volver a impartir la cátedra para la cual fueron contratados, a mi juicio, sería una estrategia adecuada, y tendría una posibilidad, quizá remota, pero posibilidad al fin, de ganar esta batalla desigual.

Veinte maestros cumpliendo su deberes en el aula, y ofreciendo una batalla heroica por desigual, pero dentro de la verdad, pueden ir más lejos que veinte maestros en la calle, y sin un centavo en la bolsa.

Lectora, lector:

La lucha social siempre será heroica. Sus actores viven el momento romántico que les lleva a pensar en un mañana más luminoso para todos los suyos. La lucha social es una etapa del ser humano que jamás debe morir, y su verdad es tan hermosa que siempre debiera ser tangible en la vida.

Toda lucha social demanda, empero, una dirigencia sabia, sin errores.

Hoy nuestra patria, aunque no se diga, aunque no se pregone, vive una lucha social, porque está batallando contra fuerzas opresoras que le niegan educación, trabajo y alimento . Hay la esperanza en esta nación, de encontrar en la tarea del Congreso de la Unión, un liderazgo limpio, sabio, independiente, porque si no es así, la República entrará en otra fase que a querer o no, será concluyente.

Por eso la lucha social debe ser siempre, siempre, dirigida en forma sabia, justa, solidaria, sin error alguno que la haga naufragar.

Todas las luchas sociales han de ser iguales. Aquí, la de los maestros disidentes. En la República la de todos los mexicanos explotados y oprimidos.
 
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