Opinión / Columna
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Derrotero
Fernándo Amaya Guerrero
La Salgadada
El Sudcaliforniano
24 de octubre de 2009
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Enorme fotografía que ocupa 17 columnas de las páginas 6D y 7D, y un encabezado a 18 columnas que dice "descendientes de don Valente Salgado León se reunieron en Todos Santos, Baja California Sur", ilustran el reportaje de Anita Contreras, que nos ilustra a todos sobre la forma tan alegre como segura, y tan ejemplar como honrada, de fortalecer a la patria nuestra: Uniendo a la familia.
El relato de Anita la cronista es muy breve, pero aleccionador, especialmente en el párrafo que lo da por concluido. Dice así:
"Rescatar los valores, raíces y cultura de la familia Salgado es una obligación de los mayores y derecho de las nuevas generaciones para conocer quiénes y cuántos son, en dónde están y hacia dónde van como institución fundamental de la sociedad". Bella expresión ésta que también es lección.
La Salgadada, nos refiere la información, está integrada por unas 600 personas y ha instituido la reunión anual donde la música, el baile, la comida y un desfile por el pueblo, dice a la sociedad cuando vale la unidad familiar.
En esa gran familia hay maestros, hay políticos, comerciantes, profesionistas, gente toda de trabajo que puede identificarse por su don de gentes, por su espíritu de servicio. Al menos a los Salgado que yo conozco los identifican esas características. Al tronco de esa familia, al padre y la madre más lejanos en el tiempo, los veo como gente de trabajo que efectúa su labor a la vista de todos, y ofrece su pan y el cobijo de su techo, al viajero cansado.
No dudo yo que en Baja California Sur existan muchas familias numerosas. El "Chito" Mayoral me platicaba alguna vez de grandes familias que pueblan el Estado, todas perfectamente identificadas, todas laboriosas que constituyen la más grande riqueza de esta parte del país.
Me dio mucho gusto que Anita haya capturado y publicado la información sobre esta gran familia, porque estamos en el caso de un diálogo comunitario que hace mucho bien. Hace mucha falta cuando se viven momentos de crisis en todos los terrenos.
Nuestra patria demanda la unidad y ésta debe comenzar en la familia, en la misma sangre de unos y otros, porque esa es la raíz de la nación que aspira a ser libre, alegre, próspera, trabajadora y estudiosa.
Siempre recuerdo con mucho afecto y emoción, el gran ejemplo que conocí en Tijuana. Ricardo Torres Gutiérrez, líder limpio y humano del sindicato Alba Roja del Hipódromo de Tijuana, no fue el mayor, pero sí el líder de los suyos y en un terreno de su propiedad (Prolongación de la Calle Segunda), construyó su casa y entorno a ella todos sus hermanos hicieron los propio. La familia Torres Gutiérrez, en su unidad, es ejemplo para los tijuanenses.
Lo recordé ahora cuando escribía sobre la familia Salgado, gracias al esfuerzo y dedicación de Anita que nos trajo esta historia, misma que debiera multiplicarse y ser la constante en la información que cotidianamente sirve la prensa local a los lectores sudcalifornianos.
Con ejemplos como los que nos ofrecen la familia Salgado en Baja California Sur y Torres Gutiérrez en Baja California, nuestra patria podría enfilar hacia las metas que se propusiera, utilizando los caminos más amplios, seguros y alegres, porque su marco sería la unidad.
No dudo que estas familias se han multiplicado en el país y esto me regocija. A esta bella multiplicación, solamente le hace falta más atención, más vehemencia e impulso de nuestra prensa, la prensa de todo México, creo. Una sección de "La Familia (x)" en este periódico , sería garantía de unidad sudcaliforniana, supongo.
Lectora, lector:
En la sección "Agenda Empresarial" publicada ayer viernes en este periódico, nos encontramos una nota cuyo encabezado dice: "Alemanes ricos quieren pagar más impuestos para ayudar al país en crisis".
El primer párrafo nos ilustra así:
"Un grupo de alemanes ricos lanzó una petición en internet para reclamar la reintroducción de un impuesto al patrimonio con el objeto de ayudar a su país a tener más recursos para salir de la crisis".
Vaya actitud más ejemplar, más aleccionadora, más unificadora, más patriota y más digna que además, no cuesta nada: Solamente pensar en nuestro vecino y tenderle la mano. No cuesta nada, solamente despojarnos de nuestro egoísmo y sepultar la avaricia.
Nosotros desde muy pequeños, no sé si a usted, si es de la tercera edad le sucedió algo parecido, admiramos a los alemanes. ¿Por qué? ¿Qué acaso no teníamos entonces, que acaso no tenemos ahora ejemplos donde abrevar?
Francamente no sé porque esa admiración, quizá por la bravura de sus soldados, pero en ese caso tampoco eso explica aquella admiración, porque nuestros soldados también son bravos y también aman a su país. Que políticas estúpidas los lleven a otros escenarios, a otros menesteres alejados de la patria, no es en forma alguna, motivo para no admirarlos.
Hay, además de aquellos soldados valientes que recordamos oyendo la radio y viendo escenas en el cine cuando durante la Segunda Guerra Mundial se difundía información entre película y película, además de aquellos soldados, decía, nos encontramos con alemanes económicamente encumbrados, que reclaman el derecho y seguramente privilegio también, de poder contribuir un poquito más con su patria, en estos momentos de crisis.
Esos alemanes no le echan la culpa a la crisis internacional, y no es porque estén mejor informados que los nacionales de otros países, como México, por ejemplo. Es porque tienen un concepto muy claro del valor que tiene su familia como núcleo de la patria que tanto aman.
Es porque tienen vergüenza ciudadana. Es porque tienen capacidad para ser agradecidos con el suelo que les dio todo. Es por eso y muchas cosas más que a miles, muchos miles de enriquecidos "mexicanos" si acaso tienen sangre en las venas, debieran remitirla al rostro para que pudiéramos decir que ciertamente, tienen vergüenza.
Hoy los partidos políticos andan a la greña, peleándose por un presupuesto que el gobierno inútil quiere para tapar hoyos que nadie, salvo el mismo gobierno abrió. Muchos ricos en México se mesan los cabellos, pensando en que puede "llegarles Hacienda" con los nuevos impuestos, y entonces cabildean entre ellos para encontrar la mejor forma de "salvarse", y solamente encuentran dos caminos: Elevar los precios de la comida y modificar las leyes laborales, para explotar con más posibilidades de éxito a los trabajadores.
Un gobierno apátrida los apadrina.
¿Cree usted lector, que nosotros lo mexicanos si tenemos lo que los alemanes tienen? Yo también lo creo, sólo que me extraña que insistamos en esconderlo, cuando el único camino es utilizar arma tan formidable para cachetear a lo gobernantes inútiles y los millonarios explotadores.
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