Opinión / Columna
 
Javier Zenteno Barrios 
El sentido de la colectividad
Organización Editorial Mexicana
28 de julio de 2011

  Todos los días, las crónicas informativas dan cuenta de un sinnúmero de actos u omisiones, públicos o privados que conllevan agravios u ofensas a la sociedad.

Éstos, desde luego, parecen diluirse cuando se les analiza con una perspectiva estrictamente colectiva y no se identifican individuos particularmente determinados o no se cuantifican, por sólo mencionar algunos impactos negativos, los menoscabos en las personas, en su dignidad, en su salud o en su patrimonio.

No se trata de enarbolar ni defender las concepciones tradicionales y cada vez más superadas del colectivismo estatal y del no estatal; más bien se trata de enfatizar que a todos conviene cuidar y evitar el debilitamiento de la sociedad, en tanto que si en ella vivimos, en la medida en la que superviva, se fortalezca y se consolide, en esa misma medida todos sus integrantes podremos ser beneficiados.

Nuestra cultura ha sido muy individualista, con poco sentido de la colectividad y del beneficio o daño que pueden implicar nuestras acciones u omisiones. Esta tendencia va en aumento, pues la globalización económica y cultural trascienden más allá de las fronteras físicas de las naciones, y al mismo tiempo, la cultura del subjetivismo (tu verdad, mi verdad y rara vez nuestra verdad) va ganando terreno.

Seguramente estudios antropológicos y sociológicos podían explicar esta característica de la sociedad mexicana. Sin embargo, me parece que en ellos siempre se arribaría, a manera de conclusión, que su génesis está en las deficiencias de la educación y de la cultura.

De educación, porque si bien en los programas oficiales hacen referencia a la Patria y a la sociedad mexicana, no destacan la necesidad humana de la interacción y de la convivencia, y mucho menos de que sin las sinergias que produce, no es posible acceder a los bienes, servicios y niveles de vida que son producto de la vida social.

De cultura, porque en el conocimiento de la vida cotidiana no hay, como debiera, experiencias que le den sentido a la sociedad en su conjunto, ni tampoco el sentido de identidad entre las personas y la sociedad.

Salvo ejemplos extraordinarios como el terremoto del 85 y algunas inundaciones y huracanes, los mexicanos de hoy no tienen en la memoria acontecimientos que los hayan obligado a apelar y vivir un espíritu colectivo para remontar peligros y daños inminentes.

El sinsentido de la colectividad explica actitudes como el desdén por respetar el paso de los demás en los cruces peatonales o de tránsito; el bloqueo de calles, avenidas y carreteras; o incluso la cínica distribución y venta de drogas que está destruyendo vidas y los cimientos sociales.

Este sinsentido es autodestructivo. Sólo revalorando la concepción del conjunto; los derechos de terceros y las reglas elementales de la convivencia social, podremos remontar nuestra inercia negativa.

Es una tarea de todos. En lo individual mediante el cumplimiento de nuestras obligaciones y exigiendo el respeto a nuestros derechos; como organización social, con participación en los espacios de la vida pública, y como Gobierno cumpliendo con su obligación primordial de respetar y hace respetar la ley, sin disimulos ni impunidades.

Fjzentenob@hotmail.com
 
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