Michoacán
Planean proteger pinturas rupestres de Peña Rajada
Los vándalos, han pintarrajeado la Peña Rajada y tapado con graffiti las pinturas rupestres. Fotos: Florentino S. Fuentes Barrera/ El Sol de Morelia.

*** El ayuntamiento de Queréndaro ha iniciado los trabajos de construcción de una calle empedrada hasta la Peña Rajada
El Sol de Morelia
2 de noviembre de 2009

Florentino S. Fuentes Barrera/ Corresponsal

Queréndaro, Michoacán .- Finalmente, las autoridades municipales han tomado cartas en el asunto y aplicarán recursos para establecer un corredor turístico que considera a la Peña Rajada, símbolo de este territorio estatal. Ese monumento natural ha sufrido la destrucción de pinturas y vestigios rupestres, e irreparables daños causados por el tiempo y la mano del hombre.

El lugar ha sido saqueado por los depredadores de la historia que se dedicaron a la extracción y comercialización de todo tipo de piezas de cerámica antigua, y los jóvenes que sin responsabilidad alguna han tapado bajo capas de pintura acrílica las pinturas que los antiguos pobladores de la región dejaron plasmadas para beneficio de las actuales generaciones.

Etimológicamente y acorde al lenguaje tarasco, Queréndaro (querendas y kupandas) significa lugar de peñas y aguacates; en esta región se registró un asentamiento precortesiano con influencia de la cultura purépecha -"los que hacen visitas"- y de los nativos del pueblo de Chupícuaro, Guanajuato.

De acuerdo a los vestigios, se establece que esos primeros pobladores practicaron una agricultura sobre terrazas, puesto que en el lugar de grandes manantiales y formación de lagos de aguas dulces y cristalinas, la pesca siempre ha sido muy abundante, y estas son las dos actividades más trascendentes que en la actualidad se practican por sus vecinos.

Queréndaro es un municipio cercano a la capital del Estado, dotado de ricas tierras de cultivo que son regadas por las frescas aguas del río que baja desde la sierra de Otzumatlán, de la Ciénega del Malpais y de la montaña de San Andrés, por el río Zinapécuaro, aguas que han permitido el cultivo del aguacate -"Cupanda"- desde tiempos remotos, de granos como el maíz, el trigo y el sorgo, pero el cultivo que le ha dado fama internacional es el del chile en sus diversas variedades, que secado por los campesinos a los rayos directos del sol, logran el mejor condimento para cocinar el sabroso mole mexicano.

El símbolo de Queréndaro es una gran peña -Kerenda- que se encuentra partida en dos y se localiza en el cerro, al sur de la cabecera municipal, que todos conocen como "La Peña Rajada". Se cuenta una triste y hermosa leyenda, en la que se escenificó el amor de una sacerdotisa y un fuerte guerrero, que se registra en el libro Rincones Michoacanos, Leyendas y Datos Históricos.

Se dice que en ese lugar existió un adoratorio, en el cual se dio origen a la leyenda del idilio de la bella sacerdotisa Incunicunari y el guerrero Cuahutli, quien llegó al frente de un ejército para conquistar tierras para su padre, cuyo reino se encontraba en el valle en que moraba la tribu chichimeca, al otro lado de Yurirhiapundaro, "Lago de la sangre", allá por Yuriria, Guanajuato.

La madre tierra, Nana Cueraváperi, antes de ser herida en sus entrañas para dar luz al hombre, invadía todo con maternal abrazo, y en la tierra dio toda clase de frutos, llenó los bosques de la Sierra Madre Occidental de fuertes y grandes arbolados de pino y oyamel. Llenó los montecillos de cupandas, pero además, cuando el hombre pobló la zona en una gran piedra del cerro cercano al lugar de peñascos, le ordenó edificar un templo en honor a Tam-Hoscua, que significa "cuatro estrellas", "cuatro senos fecundos de la naturaleza", "las cuatro estaciones del año", la primavera, verano, otoño e invierno, eran también los cuatro puntos cardinales; norte, sur, oriente y poniente.

Los tarascos asentados en Queréndaro cantaron a Tam-Hoscua, "Mi corazón recuerda cosas bellas, al mirar como brillan cuatro soles, que son las estrellas, y noche a noche saldrán. Yo por instantes voy caminando hacia el final tremendo... Me voy, no volveré como antes, su luz a contemplar me estoy muriendo".

El templo dedicado a Tam-Hoscua se encontraba encumbrado sobre una gran kerenda, que parecía buscaba en los espacios siderales a las cuatro primorosas estrellas que forman el trono de Curicaheri (Dios de la Muerte), se contemplaba al oriente y sur de la Sierra Madre y al norte el lago de Cuitzeo. Luego de que llegaron del sur unos uingatacuári (sacerdotes), en aquel imponente templo ardía el fuego sagrado; los uingatacuari cargaban en sus espaldas a los dioses que guiaban a una tribu azolada por las enfermedades sin curación. Encontraron en ese lugar de las kerendas, mucha fertilidad, y ahí levantaron sus chozas. Una hermosa niña llegó con ellos y fue educada en los servicios del templo levantado a Tam-Hoscua, y que desde su nacimiento fue consagrada a Huriata (padre sol).

Los indios bárbaros del norte lograron traspasar las fronteras del pueblo tarasco y atacaban a los pueblos michoacanos, a la vez que hacían sonar los caracoles de guerra por toda la montaña de Otzumatlán. Los ancianos uingatacuari recibieron una tarde a los invasores al pie del templo edificado sobre esa gran kerenda y la niña -ya una mujer-, entonaba el himno sagrado a Tam-Hoscua. El guerrero más joven, el jefe de los chichimecas, recibió a Xúchitl que los uingatacuari ofrecían a sus huéspedes en señal de paz. Ya en el adoratorio, los visitantes fueron recibidos por la sacerdotisa, quien les ofreció el ahumador para que honraran a Ziritacherenke, Huacíxecha, Tingárata y Mihuecaraxchua. Esos fueron momentos en que la bella sacerdotisa y el apuesto guerrero sintieron la llama que incendió sus corazones.

Cuando la tarde palidecía, los chichimecas dejaron el templo y se perdieron en el bosque. La sombra cubrió la tierra y las estrellas aparecieron para brillar en el jardín de los cielos. Cuando Tam-Hoscua apareció, en el sur, en el templo se dieron los cuatro toques de Pindecuario y los uingatacuari entonaron el himno de la salutación.

El atardecer recogió los velos nacarados del ocaso, cuando la hija del Sol descendió por la escalinata del templo y se internó en el bosque de cupandas, mientras el río cercano murmuraba. La sacerdotisa Incunicunari se sentó a la orilla de la corriente, mas no jugueteaba la sonrisa en sus labios, ni arrojaba piedrecillas al agua, ni su sonrisa despertaba al tzentzontle, como otras veces acontecía.

La mente de incunicunari alucinaba y escuchaba la voz de cuahutli que le llamaba. El joven guerrero chichimeca no era un sueño, pues se dirigía al lugar en que se encontraba ella y no le dio tiempo de huir. Con su mano fuerte la sujetó por un brazo en tanto le decía: "Detente hermosa hija amada de los dioses y escucha un sentimiento y una pena que por ti guarda mi corazón".

Las entrañas de la sacerdotisa virgen nunca habían palpitado antes como lo hicieron al escuchar la fuerte y vigorosa voz del guerrero temblándole los labios y con mucha timidez, Incunicunari se sentó sobre una kerenda "¿Quién es tu padre?", inquirió Cuahutli a la bella doncella, quien respondió: "Los uangatacuari dicen que mi padre es el Sol, al que me consagraron desde pequeña. Mi madre es Xarátanga, la diosa del himeneo y ella me castigará si escucho tu voz".

Incunicunari se levantó y dio unos pasos, más el apuesto Cuahutli la contuvo y le dijo: "No me has dicho tu nombre y no sabré invocarte cuando me aleje de ti". Respondió: "Me llaman Incunicunari (aroma de los bosques) y tú, ¿Quién eres?". "Yo soy Cuahutli, el hijo del jefe de una tribu que habita más allá del Yuririapúndaro (lago de sangre) y me manda a conquistar tierras para su reino".

Xarátanga apareció entre las copas de los árboles de las cupandas, y sus rayos hicieron huir a Incunicunari. En tanto, Cuahutli se alejó para reunirse con sus guerreros, a los que ordenó siguieran explorando el lugar. Xarátanga dejó en plena oscuridad de la noche y los jóvenes enamorados siguieron viéndose a escondidas y platicaban hasta que Huriata, (el padre Sol) aparecía entre las montañas para anunciar el nuevo día.

Cuahutli se había tornado atrevido y más de una vez, Incunicunari, jadeante se había protegido entre los troncos de los frondosos árboles de las cupandas y corriendo se refugiaba en el templo de Tam-Hoscua. Una noche Incunicunari faltó a la cita y Cuahutli, desesperado se atrevió a buscar a la sacerdotisa y sigilosamente subió la escalinata del templo. La doncella estaba ahí entre los cuatro altares; que representaban a las "cuatro estrellas", a los "cuatro senos fecundos de la naturaleza", las "cuatro estaciones del año"; primavera, verano, otoño e invierno, eran también los "cuatro puntos cardinales"; norte, sur, oriente y poniente, y gimiendo desconsolada imploraba a los dioses, para que no la mirasen con enojo.

Cuahutli enardecido por el deseo, tendió sus brazos para sujetarla. Incunicunari se refugió tras los altares y después de luchar desesperadamente rodó en los brazos del guerrero, pero al caer accidentalmente golpearon la lámina de oro, cuyo vibrante sonido se extendió clamoroso en medio de la noche. Los uingatacuari acudieron presurosos y, al ver que un sacrílego intentaba manchar a la hija del Sol, indignados se arrojaron sobre el guerrero. Xarátanga brilló siniestramente en el cielo. Las cuatro estrellas del trono de Curicaheri se tornaron rojizas y Cuerávaperi, indignada hizo que la tierra comenzara a temblar. El terror paralizó a los uingatacuari y el guerrero Cuahutli trató de descender por las escalinatas del templo, un chasquido ensordecedor se escuchó y la kerenda entera se partió en dos en tanto que el templo se derrumbaba.

Cuahutli vagó mucho tiempo entre los escombros del templo, buscando a su amada Incunicunari, y los alaridos de sus desesperación se repetían de kerenda en kerenda. Cuando regresaron los guerreros, observaron a Cuahutli como mezclaba su sangre con las semillas de las cupandas, que machacaba en la concavidad de una kerenda. Con esa mezcla en su lucidez, Cuahutli pintaba en las partes lizas de la kerenda rajada, la relación de sus amoríos que los dioses airados interrumpieron con un cataclismo.

Esos vestigios que aún existen, poco a poco se van deteriorando y se pierden bajo la capa de pintura del graffiti, que inconcientemente aplican innumerables jóvenes como recuerdo de su estancia con su pareja, y que sin conocer la historia de esas pinturas rupestres emulan el idilio de Incunicunari y Cuahutli.

Personas de edad avanzada, como don Sacramento Romero Sosa, cuentan que más antes, por donde se localiza la Peña Rajada, va un camino por el que pasaba una pesada diligencia cargada de oro, lugar en que los forajidos se escondían, en tanto se dirigían a México.

"La Peña Rajada tiene muchas cosas que contar, como sus caminos internos que dan hasta Indaparapeo. De los bandidos nadie sabía porque era un buen escondite. Se dice que fue un rayo el que partió la piedra, que hace muchos años, una persona podía de un paso caminar de un pedazo a otro sin caer, ahora, vean como se va separando", y es que se puede observar que las dos rocas que forman la peña rajada han sufrido un asentamiento de unos dos metros, una oquedad ha quedado tapada por el derrumbe.

Ahora, el actual ayuntamiento que preside Filiberto Romero García ha presentado al cabildo un proyecto de recuperación de esa zona que es el símbolo de Queréndaro, La Peña Rajada. De acuerdo a la información de Juan José Toriche Méndez, secretario municipal, se ha destinado un recurso para construir un camino de empedrado, y que los turistas puedan llegar con comodidad hasta ese lugar, "se tiene propuesto restaurar todo ese espacio que representa a Queréndaro, y es que han pasado muchas administraciones y actualmente se voltea a ver lo poco que tenemos. Debemos lograr su recuperación, hacer del lugar un paseo considerado dentro de un corredor turístico, que se puede explotar durante todo el año y en especial durante la presentación de la Feria del Chile".

Por los cuatro puntos cardinales de esa gran peña rajada se pueden observar pinturas en color rojo, que parten desde lo que es una gran serpiente con muchos símbolos en su cuerpo; unos centímetros más arriba se encuentra un hombre tirado boca arriba, al que le sigue un gigante que en su mano izquierda sujeta a un enano, el que en su mano derecha lleva una punta; luego aparece una gran llamarada y un hombre que con los brazos abiertos vuela hacía el sol, concluye con lo que parece la cara de un diablo en lo más alto de la peña.

En la base de la Peña Rajada se puede observar, intacto, ese orificio que señala la leyenda de Incunicunari, en que se marcan a partir del centro las cuatro estrellas, los cuatro senos fecundos de la naturaleza, los cuatro puntos cardinales: norte, sur, oriente y poniente, así como las cuatro estaciones del año; primavera, verano, otoño e invierno; orificio en que Cuahutli machacó la semilla de las cupandas con su sangre para hacer la pintura con que narró la relación de sus amoríos con la bella Incunicunari, sacerdotisa virgen. (A)