Opinión / Columna
 
Felipe Arizmendi Esquivel 
Fanatismo religioso
Organización Editorial Mexicana
1 de octubre de 2009

  Caritas in veritate (vii)

* Ver

De cuando en cuando aparecen sujetos que se dicen inspirados por Dios para alguna misión especial, para anunciar cosas espectaculares, para prevenir a la gente, para tomar venganza, para criticar el sistema político y económico y proclamar un cambio; pero lo hacen en forma fanática, excesiva, desmedida y hasta violenta, sin importarles el daño que causan a los demás. Como quien hace poco intentó secuestrar un avión en nuestro país, o quien mató en el Metro de la Ciudad de México a quienes lo querían controlar. Ambos se dijeron movidos por Dios: uno protestante boliviano y otro católico mexicano. ¡Pobre religión! Les sirve de escudo para esconder su descontrol psicológico, su arbitraria interpretación de la Sagrada Escritura, o su ambición de dinero, de fama y de conquistar nuevos adeptos. ¡Cómo surgen cada rato nuevas religiones, con predicadores que hacen circo, maroma y teatro para convencer a tantos ingenuos e ignorantes que buscan salud, prosperidad y algo de Dios!

Otros alegan estos excesos de gente muy religiosa, pero excéntrica y desquiciada, para alejarse de la religión, para dudar de la bondad de tener una fe, para pretender excluir a Dios de su vida y de la vida pública. Unos lo hacen para sentirse libres y justificar sus vicios, para que nada ni nadie les reproche sus pecados; pero otros se sienten sinceramente confundidos. Por culpa de estos abusos de la religión, muchos se quedan sin ella.

* Juzgar

El Papa Benedicto XVI, en su carta encíclica Caritas in veritate, reconoce que hay "luchas y conflictos que todavía se producen en el mundo por motivos religiosos, aunque a veces la religión sea solamente una cobertura para razones de otro tipo, como el afán de poder y riqueza. En efecto, hoy se mata frecuentemente en el nombre sagrado de Dios". Ante ello, advierte: "La violencia frena el desarrollo auténtico e impide la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar socioeconómico y espiritual. Esto ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración fundamentalista, que causa dolor, devastación y muerte.

No obstante, se ha de añadir que, además del fanatismo religioso que impide el ejercicio del derecho a la libertad de religión en algunos ambientes, también la promoción programada de la indiferencia religiosa o del ateísmo práctico por parte de muchos países contrasta con las necesidades del desarrollo de los pueblos, sustrayéndoles bienes espirituales y humanos. Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de «ser más». El ser humano no es un átomo perdido en un universo casual, sino una criatura de Dios, a quien Él ha querido dar un alma inmortal y al que ha amado desde siempre. Si el hombre fuera fruto sólo del azar o la necesidad, o si tuviera que reducir sus aspiraciones al horizonte angosto de las situaciones en que vive, si todo fuera únicamente historia y cultura, y el hombre no tuviera una naturaleza destinada a transcenderse en una vida sobrenatural, podría hablarse de incremento o de evolución, pero no de desarrollo" (No. 29).

* Actuar

Es necesario consolidar nuestra fe en Jesucristo, a pesar de las deficiencias de los líderes religiosos, algunos no sólo inmorales e incoherentes, sino fanáticos y desquiciados. Muchos otros son santos y dignos de confianza, pues se esfuerzan no por atraer adictos para hacer crecer su iglesia, sino para acercarles al único Salvador y Redentor, que es Cristo.

Sin embargo, para evitar interpretaciones fundamentalistas de la Biblia, Jesús estableció quiénes habrían de confirmar en la fe a los discípulos. Es Pedro y el colegio de los Apóstoles, con sus legítimos sucesores: el Papa y los obispos que estamos en comunión con él. Sin esta autoridad, a la que el mismo Pablo consulta para comprobar si su predicación es correcta, cada quien funda religiones sin control de nadie. Seamos humildes para someter a examen de esa autoridad nuestra forma de interpretar la fe y de ser Iglesia, para no generar más descontrol y división.

*Obispo de San Cristóbal de Las Casas
 
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