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Opinión
![]() Con Sentido Empresarial
Jorge Zimmermann Mireles
Receta mágica: Consume lo que México produce
El Sol de Zamora
18 de enero de 2009
Es verdaderamente maravilloso que el presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, haya descubierto el hilo negro en materia de política económica: congeló el precio de los energéticos y busca que se incremente el consumo interno del país y de las entidades federativas, esto es, consumir lo que México produce.
Las medidas del primer mandatario son mucho más que una cascada de buenas intenciones, son poner las cartas sobre la mesa en momentos en que debe demostrarse un liderazgo férreo, definido, con un claro ejercicio de autoridad y facultades constitucionales, que mucha falta le hacía al país. Me parece maravilloso que se descubra que debemos aplicar el principio de "México para los mexicanos". Ahora falta que la gente deje de lado el malinchismo en el consumo y prefiera artículos, bienes, mercancías y servicios producidos, fabricados u ofertados por empresas mexicanas, sean de talla nacional, regional o local, por encima de las mercancías extranjeras. Falta ahora que el presidente de la República ponga las manos en el asunto de que no haya políticos, con cuestionable honorabilidad, que busquen enriquecer sus bolsillos a costa del benéfico e interés social. Que no haya de esos políticos y funcionarios que solo sirven para vivir del presupuesto sin dar beneficio alguno a la población que los eligió. Que no haya diputados federales o locales que se den -con la mano en la cintura, sin que nadie los cuestione- millonarios aguinaldos. Que no haya empresarios ventajosos, de esos que por ganarse unos pesos son capaces de reducir la calidad del artículo o servicio que brindan y que sin embargo cobran muy caro a los consumidores; o bien de esos que aprovechan la ocasión y re-etiquetan las mercancías. Que las promesas, propuestas y medidas del ejecutivo federal se hagan realidad. Que no haya egoísmos políticos y que los diversos niveles de gobierno trabajen en forma coordinada y avancen en el mismo sentido. Que se invierta en México, por los mismos mexicanos, empezando por el gobierno. Que los empresarios no se hagan multimillonarios a expensas de la población, caso concreto los elevados precios de bienes y servicios, lo cuales sin ser la economía de México de las mejores del mundo pagamos carísimos, además de muy elevados impuestos y servicios. Falta también que el presidente de la República meta al orden a sus secretarios y funcionarios de primer nivel, para que dejen de lado actitudes inadecuadas y hasta tontas, como son el hacer declaraciones y bromitas que resultan un insulto para la población, que es la que reciente su mal desempeño; como es el caso de Agustín Carstens, secretario de Hacienda y Crédito Público, con aquello de la gripita y tosecita que le daría a México por la neumonía económica de los Estados Unidos. Claro que para quien gana decenas de miles de pesos mensuales es muy cómodo salir con risitas y bromitas que en nada ayudan a dar la seriedad e institucionalidad con que debe conducirse un gobierno de la calidad y nivel que México merece. Indudablemente que con la medidas anunciadas por el presidente Calderón se buscan muchas cosas, ojalá que se encuentren soluciones, ya que las bases del programa presentado económico presentado la semana pasada son sólidas y enfocadas a fortalecer la competitividad y productividad nacional y de las unidades productivas. Al enfocar el titular del Ejecutivo federal sus esfuerzos en una reactivación efectiva y eficiente de los sectores productivos, por medio de la nueva dinámica que tendrá la banca de desarrollo y su innegable participación en las grandes obras de infraestructura nacional y regional, se dan pasos firmes. Se le da un vuelco a la política económica, de un disfrazado capitalismo a una economía social y con visión nacionalista. Sin embargo dentro de toda esta situación cabe reflexionar si el multimillonario gasto en campañas y elecciones es o no un insulto a la realidad económica de México, ya que es demostrado que en los últimos comicios en el país y en las entidades federativas tal parece que no han ganado los mejores hombres y mujeres, si no los menos malos. Creo que cabe preguntarse dónde está ahora la transparencia tan pregonada y el sentido social de los partidos políticos y sus candidatos. (R) Columnas anteriores
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