Opinión / Columna
 
René Lara Ramos 
Creación y conservación
El Sol de Zacatecas
7 de febrero de 2012

  Y aquí estamos, ante la complejidad del mundo y de una realidad social, difíciles de comprender si no se renuncia a la seguridad imaginaria que da el recurrir a un manual para explicarla, si acaso uno piensa la sociedad con la ambición o la idea de transformarla de algún modo y en alguna medida, en otra mejor. Por supuesto, eso inicia por someter a reflexión y crítica el pensamiento anterior predominante en uno. Hecho que puede comenzar en el aula con pervertir la significación literal de la palabra alumno: del latín, a lumine, que en español quiere decir, sin luz, significado que en ciertas circunstancias áulicas puede llevar al torcimiento de la metáfora, al pensar que el maestro hace la luz en el alumno, cuando la clausura del sistema psíquico de cada uno, sólo permite a cada uno hacer la luz o la oscuridad de sí mismo. Lo cual no impide que maestros o maestras lo suficientemente buenos como tales, ayuden a propiciar esclarecimientos con su trabajo docente. Con todo, un libro de texto que no reúna ni ofrezca ni sea una bibliografía a la cual se remita el maestro y el alumno, poco abona a la curiosidad académica y sí a la simplificación, favorable al fomento de la pereza intelectual de ambos, si reduce la realidad o sólo propicia la decimonónica repetición como imposible forma de aprender a desplegar el alumno, por sí mismo, su competencia cognitiva y de reflexión para formular o imaginar problemas acerca de la complejidad de lo socialmente existente y ensayar así a hacer o construir el conocimiento de lo social, tarea fundamental para todo imaginario que se precie de pretender lo imposible en la sociedad de la complejidad y del riesgo: la transformación individual, social e histórica de alumnos, maestros y funcionarios universitarios y su entorno. Justo por eso, dignos de ese nombre: de universitarios, ni parcelarios ni atados, sino activos y abiertos al despliegue de la infinitud de posibilidades de lo existente. ¿De ese modo, dónde si no en la Universidad se ofrecen condiciones para ese despliegue intelectual, crítico y académico, político, por ello, sin más? No obstante, ¿sin partir de fomentar entre los estudiantes el aprecio por apropiarse de elementos que los doten de competencias al problematizar académicamente lo social y a partir de ahí desarrollar el pensamiento complejo acerca de su sociedad y de sus alternativas, cómo propiciar la posibilidad del despliegue de lo popular en un sentido democrático?

El domingo anterior, José Agustín Ortíz Pinchetti, escribió: "Una diferencia sustancial entre la propuesta de los partidos conservadores, PRI y PAN, con la alianza que encabeza AMLO está en que ellos creen que el pueblo es una masa manipulable por la televisión, sobornable por lo regalos o chantajeable por las amenazas. Nosotros creemos, en cambio, que la conciencia política ha crecido y que una parte decisiva del pueblo se ha politizado, ha aprendido a defenderse y a organizarse. Nosotros tenemos fe en la gente en su dignidad, en su compromiso y en esta convicción se soporta nuestra estrategia para ganar las elecciones presidenciales de 2012." Por supuesto, semejante perfil esbozado, corresponde a un posible votante con una dotación cultural que lo caracteriza como actor político reflexivo, crítico y por ello proactivo y propicio para el despliegue de posibilidades propias para instaurar una democracia formal y real, por ser capaz de aterrizarla desde el nivel comunitario de su convivencia. Sin ello, sin esa actuación pro democrática, ¿qué caso tiene hablar de izquierda y derecha, si al final acaban por hacer lo mismo, dejarse llevar por la inercia del modelito neoliberal, inveteradamente implantado en nuestro país y defendida a capa y espada su profundización por Gurría, por ejemplo? ¿O a qué viene su prédica neoliberal en este tiempo electoral, en todos los foros que se le ofrecen? En efecto, el neoliberalismo es el objetivo de las traídas y llevadas prédicas en torno a "las reformas que necesitamos". Emerge como tema en cada intervención de funcionarios, corifeos al servicio del Sr. Calderón H., no del país, con el que ni siquiera se desempeñan con la suficiente honestidad. Se necesita empleo, por supuesto. ¿Pero cómo crearlo, si antes no se han aprobado "las reformas que tanto necesitamos" y que dejarán en mayor indefensión a una nueva generación de trabajadores, sin otras ventajas que las aportadas por la precariedad del empleo y la de ellos mismos como humanos. El empleo precario es inseguro, inestable, efímero, incierto. Ése es el contenido de "las reformas que tanto necesitamos". No es el mercado el que impone esos rasgos, sino las calificadoras que aportan a los poderosos capitales los criterios que lo rigen. El mercado como tal sólo es otro artífico humano y social, y la mano que lo rige no es invisible, se le puede ver tras los daños ocasionados al empleo, ¿por la chatarrización contra- legal de las economías, hundidas por la ambición y al especulación, combinadas con una inflexibilidad para acepar cambiar sin destruir los avances económicos y sociales que se hayan construido? No es con la destrucción de humanos e instituciones, como se va a estabilizar la ambición por cada vez más crecientes ganancias y a reiniciar otra etapa de crecimiento, después de quemar el avance anterior. A este nivel de concreción se enfrentarán los universitarios y mexicanos, si no todos, sí la inmensa mayoría. Por ello urge una educación radical en ciencias sociales que con imaginación y consistencia vaya a la raíz de la política y la economía. Una que capacite a los estudiantes para comprender, mediante la problematización de sus experiencias, que toda institución es creación de un imaginario y en su continua autoinstitución hoy no están los ciudadanos, como fuera deseable que estuvieran para intervenirla en un sentido democrático, sin exclusión. Así, los estudiantes y egresados tal vez serán políticos más instituyentes y menos siervos de quienes no los aprecian autónomos sino como clientela política a manipular en tiempos electorales. Y partícipes, por tanto, más de la conservación que de la creación y perfeccionamiento de sí mismos y de su sociedad, en consonancia con el atraso de nuestro sistema político que les ofrece la informalidad como alternativa, con todas las variantes riesgosas, en ella implicadas.
 
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