Opinión / Columna
 
Claudia Sofía Corichi  
Por un país con aroma de mujer
Organización Editorial Mexicana
7 de febrero de 2012

  En los últimos días, he tenido la fortuna de recorrer muchas comunidades de la zona centro y sureste de Zacatecas. Durante esas jornadas, he constatado y refrendado mi convencimiento sobre el importantísimo papel que juegan las mujeres en los roles más fundamentales de la sociedad. Las mujeres como el principal motor de las comunidades y como el soporte principal del tejido social, las mujeres como la autoridad moral de referencia y como el símbolo de la lucha cotidiana por la supervivencia, aun en las condiciones más adversas y en los climas inhóspitos como el sureste zacatecano.

De esas valientes mujeres he escuchado un sinfín de historias de orgullo y de pasión por hacer las cosas, pero también existen historias de rabia y de coraje por los abusos de los que son víctimas por parte de quienes aún las consideran como seres inferiores destinadas al cuidado de la casa y responsables exclusivas de las tareas domésticas y de las atenciones fundamentales a los del "sexo fuerte". Esas historias me han motivado a escribir esta columna como un homenaje a la lucha de las mujeres por un mejor México.

En lo personal, tengo la férrea convicción de que hoy más que nunca es fundamental el proceso de empoderamiento de las mujeres, ya que el progreso nacional pasa por la consolidación de la participación de las mujeres en todas las esferas de la vida pública. Es cierto, los avances son innegables, pero pareciera que la lucha aún no fructifica lo suficiente, y que en la mayoría de las ocasiones, estamos destinadas simplemente a cubrir una cuota o a ser parte de las estadísticas.

Por lo anterior, y más allá de mi convicción ideológica, celebro que para la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, dos mujeres sean las virtuales candidatas. Estoy segura que su simple presencia y su aportación al mercado de las ideas, generara un círculo virtuoso de beneficio para todos. Lo mismo sucede tras el virtual triunfo de Josefina Vázquez Mota en las elecciones primarias del PAN. Desconozco cuáles serán los resultados en las urnas en el mes de julio, pero me resulta muy sano y revitalizante la presencia de las mujeres en esas candidaturas. Como militante de la izquierda y de las fuerzas progresistas de este país, celebro que el abanico de opciones se amplíe y que dentro de ese abanico, tengamos la opción de incluir a destacadas mujeres como una opción.

Adicional a ello, está claro que, los partidos deben cumplir con la norma que los obliga a promover a cierto número de integrantes de un sólo género encabezando candidaturas. Lejos están aquellos tiempos en que la participación de las mujeres generaba una especie de morbo por lo inusual. Basta por darnos una vuelta por cualquier calle de este país, cualquier comunidad, cualquier ranchería para darnos cuenta que dentro de la escenografía propia de un año electoral, las mujeres han logrado posicionarse en postes, bardas, casas, espectaculares y demás medios publicitarios en una proporción similar a la de los hombres que aspiran a un puesto de elección popular, y cuando algo se vuelve parte de la normalidad, se vuelve cada vez más factible. Lejos quedaron las épocas de la desigualdad abrumadora y de la Sor Juanesca necesidad de la clandestinidad.

Pero no sólo es un asunto de cantidad, si no calidad. Cada vez son más constantes las voces femeninas repercutiendo en todos los acontecimientos nacionales. Cada vez más académicas, más periodistas, más deportistas, más políticas, más profesionistas. La lucha no ha sido fácil, pero creo que vamos por buen camino. La lucha por la equidad puede llevarnos tal vez aún muchos años más, especialmente para que se vea reflejada en esas comunidades alejadas en donde el costumbrismo y la misoginia nos agobian, pero estamos avanzando en la ruta correcta. El camino hacia el éxito puede ser largo y tortuoso, pero sin duda vale la pena, por lo que se requiere de todo el compromiso y esfuerzo de quienes estamos en esta lucha permanente por mejorar las condiciones de todas y todos. No hay acción menor, no hay esfuerzo que no valga la pena, no hay cumbre imposible y no hay fracaso si existe la esperanza. Por ello, sean muy bienvenidos los esfuerzos de todas aquellas mujeres que día a día luchan por un mejor país.

Senadora.
 
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