Opinión / Columna
 
José Guadalupe Estrada 
Fin de una era del espionaje mexicano
El Sol de Zacatecas
30 de enero de 2012

  Se podría haber escrito algo así como el fin de una era. Pero no es para tanto. Se trata simplemente del fin físico del representante de una era. En días pasados murió en la Ciudad de México uno de los policías, espía innato y guarador de secretos del poder más famosos del país.

Perseguidor primero, y luego, para fines mediáticos exclusivamente, perseguido, este personaje supo y pudo sortear un sin fin de enemigos posteriores que se agenció por los diversos y variadísimos crímenes que cometió. Si bien es cierto, convencido un ex presidente, por no sé quienes inexpertos de la política, Vicente Fox, trató de encarcelarlo sin poder sacarlo de su casa. La edad ya no le permitía sortear los vericuetos jurídicos de un sistema judicial que poca gente comprende y menos seres humanos aún, tienen la posibilidad de manejarlo a su exlcusiva convenciencia y discreción. Al fin de cuentas, todo apuntó a una tomada fulminante de pelo. La absolución anunciada vino a clarificar la santidad inmaculada de este declarado inocente.

Quedará para la historia los métodos de inteligencia y espionaje que se utilizaban en aquéllos momentos, los cuales, valga decirlo, eran tan eficaces que les permitían darse cuenta desde los chismes más inocuos y miserables, hasta los más trascendentes, para efectos políticos y de seguridad nacional. Nada ni nadie escapaba a las escuchas y orejas que tenían por todos lados.

"Para saber lo que sucedía en este país había que infiltrar gente en todas las áreas: en el gobierno, en la Iglesia, en las escuelas, en las prepas, en las secundarias, en las uniones, en los sindicatos, en los clubes. Teníamos información así... diario, de todo lo que pasaba. Era una labor de inteligencia preciosa y acabaron con ella".

Nadie dudó, ni duda, por cierto, de la eficiencia y la eficacia con la que actuaba este personaje. Ni tampoco de los grandes favores que prestó a los poderosos en materia de seguridad personal y de información que se requería en el momento exacto y preciso.

Las labores de inteligencia en un país son tan necesarias que, sin ellas, no se puede controlar al adversario, se descalabran los planes mal armados y peor comunicados. Los enemigos pequeños se convierten en grandes piedras en el camino. No se avanza hacia el control casi esquizofrénico que se requiere para ejercer el poder, y las cuestas de subida, y de bajada son más empinadas.

No se trata de hacer apología de criminales, ni defender acciones innombrables. Hay que recalcar que hay gente que sirvió al sistema, que vivió sus actos delictivos como importantes servicios a la patria, y que investigó y descubrió información que constituye oro puro en el lugar exacto, en el momento preciso.

Después de esta época, en materia de espionaje, información e inteligencia de seguridad nacional y política, Fox desmanteló toda esa tradición y escuela verdaderamente mexicana, digna de las más lúgubres historias de espías al estilo Hollywood al darle el último tiro de gracia al Cisen.

Por eso, una de las críticas fundadas a la estrategia que se armó en la actual guerra al crimen organizado, estriba, en que se estructuró sin una labor de inteligencia e información que dimensionara la magnitud de la colmena que se iba a golpear. Por eso, dicen los representantes todavía vivos de aquéllas historias que están por terminar: "esto no hubiese pasado en aquélla época de oro del espionaje mexicano".

Correo Electrónico: estradagp@hotmail.com
 
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