Migración
Truncan sueño americano de Reimur Sánchez
Reimur Sánchez Rodríguez, vio truncado su sueño pero no se arrepiente, pues dice que "la migra todo el tiempo quiere humillar al mexicano". Foto: Sandra de la Torre / El Sol de Zacatecas
El Sol de Zacatecas
13 de mayo de 2008

Sandra de la Torre

Jerez, Zacatecas.- Una historia de vida se teje cada día, en cada familia, en cada lugar, en cada rincón; en esta ocasión, Jerez recibe a un viajero, uno más de muchos que han visto truncado el sueño americano, su nombre, Reimur Sánchez Rodríguez, que sin más compañía que una pequeña mochila color azul que guardaba con recelo un cambio de ropa, sucio por cierto, debido a la travesía emprendida, que más se convirtió en una odisea que en un viaje, deambulaba el día de ayer por las calles de esta ciudad, pidiendo un apoyo ya sea para comer ó para poder regresar a su lugar de origen.

Si bien Reimur no es ilegal en su tierra, ya que es oriundo de Pénjamo, Gto., sí intentó serlo en el vecino país del norte de no haber sido impedido por la "migra", que con todo y su pequeña mochila en la que apenas guardaba un cambio de ropa fue "aventado" para este lado de la frontera.

Por supuesto, luego de haber sido detenido durante tres días, y haber recibido, según relata, un trato humillante por parte de los policías americanos, "por respeto me reservo las palabras que me decían y que lograron hacerme sentir el desprecio que provoca el racismo", sostiene este joven, de piel morena, ojos negros y aguileños, con rasgos, orgullosamente indígenas, igual que el origen de su nombre.

De nada le sirvió a este mexicano, caminar dos horas, para poder cruzar por debajo del puente de Laredo, que comunica con Texas, y luego, ya en territorio norteamericano caminar otras dos horas, pues fueron detenidos por la "migra".

"La migra todo el tiempo humilla al mexicano, a pesar de que nosotros somos los que vamos y les hacemos todo el trabajo, cortando la fresa, la uva, construyendo, todos los trabajos pesados", resalta Reimur, que deja en claro que no regresa, "me dijeron que si me volvía a brincar me iban a dar seis meses y a mí me gusta ser libre, estoy acostumbrado al campo, no aguantaría encerrado".

Señaló que durante su encierro de tres días si le dieron de comer, "pero pura papa y pan blanco, no se compara con nuestros frijolitos".

"A muchos nos aventaron a diferentes fronteras, porque son puños de camiones de bases los que llenan de indocumentados y los sacan a diferentes fronteras, según eso para que ya no se devuelvan, y lo único que dije, mejor me regreso a mi casa, qué voy a andar acá sufriendo".

Y considera que fue la mejor decisión que pudo haber tomado, "porque hasta las ganas se me quitaron de ir a trabajar a Estados Unidos, los migras, son bien gachos, lo ven a uno y luego luego, le ponen a uno como unos plásticos en las canillas de las manos, pero le jalan y le aprietan bien fuerte", dice mostrando las marcas en sus manos que le dejó este artefacto.

Veinte días han pasado desde que Reimur, de 33 años, salió de casa, con no más de tres mil pesos en los bolsillos, decidió arriesgarse a pesar de que nunca antes había intentado cruzar la frontera y que no cuenta con familiares en Estados Unidos.

Ahora me arrepiento, dijo, "pues aunque puros frijolitos, en mi casa siempre comíamos, pero también se enfada uno de ver a su gente en la pobreza, no tengo hijos, pero dejé a mi novia, mis piensos eran hacer un dinerito, hacerle su casita, juntar para la boda, pero desgraciadamente no se pudo".

El objetivo era llegar a Colorado y apelar a la buena voluntad de paisanos para que le echaran la mano, relata Reimur con la mirada perdida, más de tristeza que de pena por verse en la necesidad de pedir dinero para comer mientras llega a su tierra natal.

Añadió que, "en la pobreza que está uno en México, lo hacen correr a uno de su pueblo, yo soy de la sierra, trabajo en el campo, en la siembra de maíz, sorgo, trigo, pero como peón le pagan a uno 45 pesos al día, eso no alcanza".

Con ocho pesos que traía consigo, algunas monedas que le dio un regidor y cien pesos que la Presidencia Municipal le otorgó, Reimur continuó su viaje con destino final a Pénjamo, "ahora no resta más que seguir dedicándome al campo, agarrar los caballos y empezar a rajar la tierra, que más hacemos", concluye en tono nostálgico este mexicano que incrementa así el número de indocumentados que ve truncado su sueño americano, que más bien para muchos parece convertirse en una pesadilla.