Opinión / Columna
 
Jesus Arrieta Cabrera 
Los criollos: Los españoles ilegítimos y los hijos de la guerra
El Sol de Zacatecas
27 de febrero de 2012

  Ante los hechos contundentes que dieron fin al México indígena, se necesita hacer antropología para analizar a la Nueva España, porque la población que ingresaba a la tierra conquistada por España, (que acto seguido ordenaron sus reyes poblarla), no era una población de iberos de pura cepa de españoles peninsulares, sino una inmigración de tres culturas con su civilización cada una; las que modificarían lo indígena, a lo largo de tres siglos de colonización.

Me remito a los españoles cristiano-católicos, llamados peninsulares; los judíos que los romanos habían deportado, desde los tiempos del emperador Adriano, y que con el tiempo en España se les llamó sefarditas; o lo que es lo mismo que israelitas españolizados, de religión mosaica; luego tendríamos en el escenario, a los moriscos de sangre árabe, mezclada con norafricanos, de religión musulmana; conocidos como andaluces, que son los moros que se españolizaron en los ocho siglos de sitio armado sobre la cristiandad hispánica; hasta las expulsiones de 1492. Las que habrían sistematizado los reyes católicos para echar fuera de la península: lo que era una alianza de judeo-arabismo verdaderamente insoportable. Porque la verdad sea dicha formaron dos naciones dentro de España.

Comento que es una total irresponsabilidad intelectual, la de algunos "buenos comentaristas de efemérides" lapidar la historia de la conquista en dos actores protagonistas; los indios y los españoles; porque los indígenas no eran todos aztecas con cultura avanzada; ni los españoles todos peninsulares católicos; sino que de los barcos bajaban sefardíes y sarracenos mezclados con negros; obviamente cada quien y cada cual, con su cultura, virtudes y vicios.

Será funesto ocultar que para los días del obispado de Fray Zumárraga, los analistas anotan que de un 100% de los blancos, supuestamente ibéricos, un 25% eran de sangre de estratos judíos... lo que significa uno de cada cuatro inmigrantes "españoles" uno era de la raza de Sem. En tanto que un 60% eran moriscos; y un resto importante de las revolturas que se llamaron castas, sin contar a los mexicas indígenas.

Debo especificar para los lectores, que a los hijos descendientes de "los viajeros españoles híbridos, no peninsulares", los españoles de raza celtibérica y románico-visigoda de cultura cristiana, esos llamaban criollos a los hijos de los descendientes de las dos razas que no eran latinas. Palabra del francés: creole, que significa en español: crio... o séase: los menores, o los que maman.

Término muy ofensivo para los estratos sociales sin legitimidad española, que para el indígena era incomprensible. Pues por lo que se veía en las reacciones de los ofendidos, se trataba de racismo... Aunque sociológicamente no lo es, si con éllo se denomina un sector, como "los Pochos" que son para los estadounidenses, los inconsistentes; o los subdesarrollados, cuya desigualdad radica en la notoria ignorancia, resultante del analfabetismo y la incapacidad técnica.

Y para el caso entre los españoles legítimamente celtíberos, "una marca de advertencia" que les indicaba, que no debían olvidar las razas y sus religiones, con las que los cristianos católicos no se debían revolver; porque la civilización de los antepasados siempre la hacen desaparecer los híbridos que mezclan su identidad, al caer en "la finta" de la igualdad, haciendo indiscriminados cruzamientos matrimoniales.

Caso muy diferente era un matrimonio con mujeres indias, cristianizadas en la Fé los peninsulares, que precisamente así hispanizaban al Nuevo Mundo. El que debía evitársele que se hiciera Islámico, o sectorización de los judaizantes... y peor aun: "puerta" para los luteranos y los hugonotes.

Casos que nos ilustran sobre el tema, es el de doña Isabel Cortés Moctezuma y Martin Cortés hijo de doña Marina "la Malinche" y el conquistador; de quien nació Leonor Cortés Moctezuma, esposa de Joanes de Tolosa; hija, esa Leonor india mestiza, de Hernán Cortés y de una hija del emperador Moctezuma, bautizada como Isabel Moctezuma; de cuyo matrimonio Tolosa, Cortés Moctezuma, hubo linaje Zacatecano, que con los años emparentaron con los descendientes de los pobladores peninsulares de los asientos mineros de Oñate... sin que se sepa de matrimonios entre linajes de Judíos y Moriscos con Católicos.

Retomando pues el epíteto criollos y el de pochos que implica la ignorancia que para el siglo XVI (en la época colonial) se adueña del vocablo discriminador con que el indígena señala a todos los que por hablar igual en español, y lo que se le parezca (como el ladino de los judíos españoles), entonces si, para identificar al endurecido despotismo, que en los colonizadores no cristianos fue despiadado; pues judíos y moriscos no obedecieron "las leyes de 1542", que mandaban tratar con moderada humanidad a los conquistados. Porque moros andaluces y sefarditas judíos, por no ser cristiano católicos, para los tales, aquellas "nuevas leyes" eran ley mas que muerta.

Decreto que para los católicos de cultura cristiana, si eran el deber para con la religión y la patria; en cualquiera de los reinos de castilla donde estuviesen las insignias del imperio español. Signos que no solamente eran símbolos políticos, sino alegoría representativa de una España Celtíbera, romano-visigótica vencedora sobre la colosal alianza de judíos y moros; protestantes, anglicanos y hugonotes.

Potencia que por lo universal de su expansión coincidía con el término griego: katólikos que San Ignacio de Antioquía utilizó por el siglo II de nuestra era, para indicar la universalidad de la religión del Cristo Galileo, pontificada por los Papas.

Toda una cultura cuya civilización "los criollos de los estratos andalusíes y los judíos sefarditas se pasaban por la horqueta", cometiendo con todo liberalismo un sinfín de atropellos y corrupciones; como el de saquear al erario de la Nueva España; tal como lo hizo el descendiente de conversos, el tal Nuño de Guzmán, con el pretexto de ir a una expedición de conquista en la que por quemar los pueblos indígenas, para sembrar el odio contra España, le costó la suspensión de su alto cargo y el ser extraditado para enfrentar en juicio los cargos de su despotismo.

Debo informar al lector, que el término "criollo" con que los mexicanos ignorantes de los estratos sociales del siglo XVI también señalarían a los conquistadores... es un calificativo "descalificador" que los peninsulares descargaban sobre sus adversarios infiltrados en sus conquistas; sin lograr que el indio notase la diferencia.

Puede parecer a los lectores que estas disertaciones sobre los principios de la historia moderna mexicana, sea una historia de los europeos españoles; lo cual no es así, aunque hay que subrayar que la historia de los indígenas terminó con la conquista que da comienzo a la historia hecha con un idioma y una espiritualidad de cristianismo romano. Un nuevo molde que daría la forma a una nueva sociología.

Una cultura que se le descontinuó su proceso con las conspiraciones de las razas de antepasados asiáticos, como lo eran en su momento los sefarditas y los andaluces, que en la Nueva. España fueron los estratos contraculturales. Mismos que traumatizaron a la Nueva Nacionalidad.

Estratos que no eran portadores de la civilización europea que los españoles si habían recibido de los romanos; y en la conquista la transmitieron a los indios del Nuevo Mundo. Al menos mientras los criollos no los utilizaron como carne de la guerra.

Transfusión que solo se haría posible si los misioneros se inmolaban apostando su vida en una existencia que los consumaría como semilla de la vida futura de los mexicanos; quienes ahora solo les falta saber, entender y comprender: quiénes son, de donde vienen y cuál es su desafío... como hijos de la guerra.


 
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