Comunidad y Cultura Local
I Castrati
Hoy día nos llegan pocas grabaciones que realizó Moreschi (que pueden ser escuchadas en Internet), aunque la calidad de grabación no sea excelente. Foto: El Sol de Zacatecas
Suplemento Cultural La Soldadera
El Sol de Zacatecas
12 de marzo de 2007

David Hernández Alonso*

Se recuerda la fabulosa época de la voz de los castrati como si de una historia mitológica se tratase, pero es un hecho que en realidad sucedió durante el barroco en Europa. Estos legendarios personajes fueron hombres castrados antes de la pubertad con el fin de preservar su aguda voz infantil. La palabra "Castrati" es en italiano el plural de "castrados".

Su historia en la incursión musical comienza cuando en Constantinopla durante el siglo XII se utilizaban eunucos que interpretaran canciones de cuna. Esta moda pasó a Europa Occidental, y por muchos años, no llamó la atención. El gran revuelo comenzó por una bula papal dictada por Paulo IV en 1556 en la que prohibía la participación de mujeres en los coros de la Iglesia. Pronto se requirió de aquella conocida y grotesca práctica para crear hombres con los registros femeninos (incluso el de una soprano).

En contraposición a esta práctica, existía una escuela española de contratenores de falsete, esto significa que a través de la técnica vocal llamada falsete (imitando y forzando), los hombres cantaban los registros más agudos, pero en realidad y al gusto de compositores y de la sociedad de la época, estos no tenían demasiada potencia ni claridad, además de sonar muy forzados.

Después otro pontífice no sólo prohibió a las mujeres actuar en los templos sino en cualquier escenario, y para los castrati se abrieron las puertas de la ópera. Las familias de bajos recursos en Italia vieron una oportunidad económica con el auge de estos cantantes. Según registros históricos de la época, cada año en Italia durante el siglo XVIII se realizaron 4,000 castraciones por año. Este tipo de castración sólo mutilaba los testículos y podía ser realizada por cualquier barbero a niños de entre 7 y 11 años de edad. Oficialmente esta práctica estaba prohibida, pero se utilizaba de pretexto la necesaria mutilación por fines médicos.

Aunque las autoridades de los divididos estados italianos, incluyendo a la Iglesia, condenaron la práctica de la castración, poco hicieron por castigarla o evitarla, muy por el contrario, la Iglesia comenzó a contratar a los jóvenes castrati e impulsó esta práctica, así estos cantantes llenaron las naves de las iglesias de Italia, hasta la misma capilla Sixtina. La mayoría de estos niños no llegaron a ser importantes cantantes o no todos conservaron sus voces, rechazados y frustrados sólo les quedaba ingresar como sacerdotes.

Pero para los cantantes exitosos la historia les dio otro lugar. Con su aparición en la ópera, la carrera artística de estos cantantes se volcó por completo. Las compañías de ópera otorgaban mucho mejores salarios que en las iglesias y existían más posibilidades de relucir las capacidades vocales, así las voces más privilegiadas se encontraban en los teatros.

Pronto los principales centros artísticos de Europa contaban con varios castrados en sus coros o como solistas. Y aparecieron grandes figuras artísticas, entre los más famosos destacan Sinesino I, Cafarelli y Farinelli.

Estos cantantes poseían capacidades inusuales, pues tenían el registro agudo de las mujeres pero con mucha mayor potencia, por tener la fisonomía de un hombre. Realizaban impresionantes trinos, gorjeos, cambios de octavas, pasajes rápidos y muy largos con una sola respiración, y todo esto con una expresión de la mayor naturalidad posible, además de poseer una maravillosa técnica vocal.

Todas estas cualidades los convertían en gigantes estrellas de su tiempo. Durante sus actuaciones en las óperas, las mujeres se desmayaban de la emoción, la gente aplaudía y gritaba con desenfreno. Los castrati recibían altísimos sueldos y les eran dedicadas cientos de obras por todos los compositores.

Pero su decadencia comenzó con el conflicto causado por sus impresionantes improvisaciones sobre las obras escritas, llegando a ser realmente una obra totalmente diferente a la concebida por el compositor. Llegado el clasicismo, la mayoría de los compositores buscaron frenar estas desviaciones de la partitura a través de bellas arias pero mucho más sencillas que no dieran lugar a improvisaciones de estilo virtuoso.

La reincorporación de las mujeres en la ópera a mediados del siglo XVIII, dio pie a que los castrati fuesen relegados, y pronto casi olvidados. Las mujeres con mayor educación musical demostraron poder llegar a realizar las mismas dificultades técnicas que los castrati, pero con un color diferente, y más natural.

Fue Giaocchino Rossini quien escribió las últimas obras para castrati, cuando Rossini se encontraba en el ensayo de su ópera "Aureliano in Palmira" el gran soprano Velluti improvisó magníficamente, Rossini quedó profundamente impresionado pero juró no volver a escribir nada para este tipo de voces, que más escandalizaban de lo que conmovían.

Esta práctica de las familias italianas tuvo su fin con la unificación de Italia por parte de Napoleón Bonaparte. La Iglesia forzadamente prohibió los castrati en sus coros y por fin aceptó la participación de las mujeres. El último castrato, fue Alessandro Moreschi, quien cantó y dirigió en el coro de la capilla Sixtina hasta 1922, su ingreso en el coro fue aceptado por el hecho de haber sido castrado antes de las leyes que prohibían tal acto.

Hoy día nos llegan pocas grabaciones que realizó Moreschi (que pueden ser escuchadas en Internet), aunque la calidad de grabación no sea excelente.

* Estudiante de viola en la Unidad

Académica de Música de la UAZ.
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