Opinión / Columna
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Luis Gerardo Romo Fonseca
El "nuevo PRI" es el viejo PRI; el de siempre, el único
El Sol de Zacatecas
4 de junio de 2010
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El panorama de nuestro país, "un verdadero desastre político, económico y moral" ha propiciado la supervivencia del PRI: la estructura del viejo partido sigue intacta pese a perder la presidencia en el año 2000. Parafraseando el cuento de Augusto Monterroso: el dinosaurio sigue ahí.. y coleando. "El peligro fundamental en este país es el pésimo desempeño de Calderón, que le está abriendo las puertas a una restauración del PRI", cómo señaló Muñoz Ledo en días pasados aquí en Zacatecas. Efectivamente, desde el inicio de su sexenio, Felipe Calderón se olvidó de gobernar y se limitó a vociferar que había emprendido una "guerra" frontal contra el narcotráfico. Una guerra destinada al fracaso: no importó el amplio nivel de infiltración de los cárteles de la droga en las policías y en la administración pública, no importó que no se tuviera un plan con diseño, no importó la carencia de planeación. Lo que verdaderamente necesitaba, Felipe Calderón, era legitimarse. Y la guerra comenzó. Ahora observamos cómo ese enfoque de guerra está fracasando rotundamente.
La derrota del 2000 en la presidencia no llevó al PRI a cambiar su esencia: el que fuera un partido de Estado, sigue comportándose acorde a su naturaleza original. Una prueba de ello, la tenemos en la manera caciquil de entender el poder -casi de manera autocrática- por parte de los actuales gobiernos priístas de Puebla y Oaxaca. Mario Marín y Ulises Ruiz actuaron en sus respectivas coyunturas críticas de la misma manera en que lo hicieron anteriormente todos los gobiernos priístas. De la misma forma, en Veracruz o en el estado de México -otro par de notables feudos priístas-, la política cotidiana no difiere gran cosa de lo que era la norma en México antes del 2000: una mecánica vertical y antidemocrática en el ejercicio del poder, propia de un régimen autoritario, corrupto, caciquil y corporativo.
Sin ninguna duda, el retorno del PRI implicaría una regresión autoritaria, su proceder ha dado demasiado muestras de ello, tendríamos a un PRI reforzado, embalado y más que dispuesto a volver por sus antiguos fueros de partido hegemónico. La vieja esencia del PRI sigue intacta, no existe un nuevo PRI, el eufemísticamente llamado 'Nuevo PRI' encabezado por Enrique Peña Nieto -que 'inspira' y emociona a las huestes dinosáuricas-, es tan sólo una reedición modernizada y adecuada a la realidad actual, del uso de prácticas negras e ilegalidades características del otrora "ogro filantrópico" (ahora sólo neoliberal). ¿Alguien puede creer que hay un nuevo PRI en México? Mi respuesta es negativa. El priísmo del siglo XX es el mismo del siglo XXI. Son los mismos caciques políticos que rigen el destino de su partido, su discurso ideológico sigue intacto y sus prácticas clientelares sólo han sido sofisticadas. El PRI es una maquinaria diseñada para la dominación política a través de la manipulación de los grupos populares.
Por fortuna, la sociedad zacatecana percibe con claridad la realidad política, repudia estas prácticas y el ejercicio corrompido del quehacer público inherente a la naturaleza priísta. En Zacatecas, el gobierno de Amalia García Medina goza de una aprobación importante de las y los zacatecanos. Nuestro proyecto social avanza con pasos firmes y prueba de ello son las preferencias electorales que favorecen ampliamente a nuestro candidato Toño Mejía, lo cual se observa nítidamente en las encuestas serias y autorizadas por el Instituto Electoral del Estado de Zacatecas.
Por tal motivo, el PRI nacional y sus gobiernos estatales no han escatimado en inyectar recursos a lo largo y ancho del territorio donde hay elecciones, para fortalecer su posición electoral. En particular, estos esfuerzos están dirigidos por el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, encabezados por Beatriz Paredes y por el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, "para tratar de doblegar a los estados y que regrese la aplanadora corrupta a gobernar en 2012". De esta forma, se han vuelto norma las acciones desestabilizadoras y de guerra sucia del PRI, incluidos hechos delictivos, cómo en los que ha incurrido para sabotear al gobierno estatal. En este mismo sentido, se explica su obstinación en generar confusión en la ciudadanía a través del bombardeo mediático de encuestas "espejo" sin ningún valor científico, ni rigor metodológico y sin estar avaladas por el IEEZ, que con resultados descabellados y favorables su candidato en Zacatecas, pretenden crear artificialmente la idea de que van ganando, tal como lo hicieron en Veracruz y, más recientemente, en Yucatán.
Para este propósito, el PRI se ha valido de mercenarios a su servicio, tal es el caso de Liébano Sáenz y Federico Berrueto, propietarios de la empresa encuestadora Gabinete de Comunicación Económica (GCE), la cual funciona como un instrumento de propaganda priísta. María de las Heras, encuestóloga de gran prestigio, renunció a su cargo en el diario Milenio por reprobar la línea editorial de las encuestas: "para no compartir responsabilidad de las encuestas que se publican en la edición impresa del diario, que ahora están a cargo del Gabinete de Comunicación Estratégica". De las Heras fustigó la mala calidad del trabajo de Sáenz "...cuyo profesionalismo y capacidad para realizar estudios demoscópicos he puesto en entredicho públicamente". En el mismo sentido, Raymundo Rivapalacio afirmó que "el GCE es parte del esquema de mercadotecnia electoral que maneja Alejandro Quintero, el ejecutivo de la empresa responsable de negociar los paquetes electorales con los políticos. Quintero ofrece la pantalla de Televisa para que se promocionen encuestas que promete serán difundidas en Milenio TV y en los periódicos del grupo; además de estrategias de las que estarán a cargo Sáenz y Berrueto". Así mismo, Rivapalacio, describió lo sesgado de la información dada a conocer por la empresa encuestadora GCE en el pasado proceso electoral en Yucatán, dejando expuestas las trampas priístas de forma grotesca y ridícula. Mismo caso de Zacatecas.
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