Opinión / Columna
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Jorge Miranda Castro
Igualdad, libertad social
El Sol de Zacatecas
8 de marzo de 2010
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Cuando se hace referencia a estas tres categorías de derechos humanos y de garantías individuales, no deben considerarse como potestativas, sino como un derecho para los ciudadanos y una obligación de observancia y respeto para la autoridad.
Los integrantes de una sociedad son iguales, cuando con independencia de género, de condición social, credo político o religioso, cultura y dialecto, se otorgan las mismas oportunidades en educación, recreación y deporte, en salud y en empleo principalmente, de tal manera que la discriminación por cualquiera de las razones mencionadas, estaría no solamente prohibida, sino sancionada.
Son libres de elegir, de decidir y de actuar quienes integramos una comunidad, cuando al hacerlo no se transgreden disposiciones constitucionales, legales o normativas y, además, cuando al hacerlo, no se vulneran los derechos, garantías y libertades de otras personas. La libertad como se deduce, implica una responsabilidad porque al conocer los resultados, consecuencias, efectos e implicaciones de una decisión o de una acción, se tiene que asumir un resultado positivo o negativo que puede llevar incluso a contraer obligaciones o deberes que originalmente no existían pero que pueden llegar a ser inevitables, si es que existe un nivel mínimo de conciencia personal, familiar y social.
Para la existencia de las relaciones interpersonales e intergubernamentales se requiere la prevalencia de la seguridad tanto para otorgar certeza normativa a hechos y actos jurídicos, como la seguridad de libre tránsito, de libre expresión, de libre asociación, entre otros, porque de no existir este "piso", privaría la anarquía, el desorden, la violencia y la arbitrariedad, subvirtiendo el orden constitucional y legal, para dejar el paso franco al fuerte en evidente perjuicio del débil.
Pero veamos la realidad. En toda sociedad se supondría que la libertad, la igualdad y la seguridad formarían parte de la normalidad institucional y normativa, sin embargo hasta ahora no hay sociedad perfecta ni democracia plena; es fundamental insistir y trabajar permanentemente en ello sobre todo cuando a género nos referimos; tenemos serias insuficiencias atribuibles a factores religiosos, morales y sociales en su conjunto, que están impidiendo un equilibrio entre los derechos, obligaciones, responsabilidades y oportunidades entre hombres y mujeres. Atavismos, tradiciones, costumbres, religiones y geografías, que para algunas personas justifican ese trato de violencia y discriminación hacia la mujer.
La mujer, por años e incluso por generaciones ha sido y en muchos espacios lo sigue siendo, reducida a niveles diferentes al del hombre en lo laboral, en lo intelectual y en lo cultural, ubicándola tradicionalmente en funciones "diferentes", no por falta de capacidad o de inteligencia, sino por estigmas ofensivos y vergonzantes impuestos por buena parte de una sociedad excluyente, porque igual o mayor capacidad, igual o mayor dedicación, igual o mayor sensibilidad y sentido social tiene la mujer que ha incursionado exitosamente en la política, en la investigación, en la cultura, en las artes y en el deporte, sin demérito, y ahí reside la doble importancia de la mujer, de su naturaleza de madre y formadora de valores en la familia.
No debemos festejar tan solo un día como el internacional de la mujer, porque todos los días y sin excepciòn alguna, la mujer es esencial en todas las sociedades; desde aquellas de recolección y caza para la sobrevivencia comunitaria, hasta las que ejercen a plenitud un liderazgo en las naciones del mundo.
Es verdad que los estigmas son pesados y requieren para su erradicación, una gran labor desde edades tempranas, desde la educación inicial hasta la profesional; pero también es verdad que en todos los casos es una cuestión de respeto y de responsabilidad. Existen hoy en día movimientos internacionales que luchan para liberar a la mujer de la esclavitud que provoca la ignorancia, la insalubridad y la ausencia de oportunidades; movimientos que luchan para erradicar la violencia física y psicológica, movimientos que buscan rescatar la dignidad y la autoestima de la mujer, como símbolo de la vida universal.
Los espacios se han abierto y es necesario abrirlo mucho mas, pero no bajo la percepción de concesiones "gratuitas o benevolentes", para la mujer, sino como una necesidad social en donde ellas, las mujeres, representan una importancia relevante en cuanto a su capacidad para decidir en la política por su número, sino por su capacidad para proponer, para trabajar, para crear y para otorgar resultados.
En el día internacional de la mujer, seguramente habrá múltiples expresiones artísticas, culturales y de todo tipo para exaltar a la mujer y sus aportaciones al mundo, que bueno que así sea, pero démonos el espacio y el tiempo para la reflexión de lo que es necesario avanzar para liberar a la niña que es víctima de la violencia intrafamiliar, a las adolescentes y jovencitas que son obligadas a vivir apresuradamente, a aquellas que son secuestradas y explotadas sexual y laboralmente, a aquellas que son víctimas de una pareja, dentro o fuera del matrimonio, que son victimizadas y reducidas a tareas de servicio en todas sus manifestaciones. Las declaraciones sin embargo, deben trascender a los hechos y a las acciones. Por ejemplo, a un cambio sustantivo desde el seno familiar, hasta decisiones de carácter legal que se traduzcan no en la mediatización de un movimiento de liberación feminista, muy propio de algunos que los utilizan para fines de lucro electoral, sino para reivindicar con seriedad y responsabilidad a la mujer, a quienes debemos muy buena parte de lo que somos en lo individual y personal, pero también a lo que hemos construido como sociedad en Zacatecas, en México y en el mundo.
Desechar el trato despectivo, misógino e insolente hacia la mujer, pensando que se "concede o se otorga un favor", porque si tenemos y conservamos esa concepción, sin duda estamos equivocados al favorecer únicamente cuestiones superficiales, se requiere, insistimos en ello, que las garantías de igualdad, libertad y seguridad, sean en efecto elementos discursivos, para por encima de ello, convertirlas en realidades tangibles y accesibles para todas las mujeres, en un siglo XXI de retos y desafíos que reclaman la unidad de esfuerzos entre la mujer y el hombre.
No atemos los derechos de la mujer a un calendario, mas bien hagamos del calendario de 365 días, un motivo, una razón y una inspiración para que la mujer sea ella misma.
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