Opinión / Columna
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René Lara Ramos
La nominación en el PRD
El Sol de Zacatecas
9 de febrero de 2010
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En Zacatecas, la sucesión gubernamental, la legislativa y la municipal, transcurren con sobresaltos. Por supuesto, la gubernamental es la más estresante. No se antoja que sea tranquila y tersa, porque es accidentada y llena de aristas que la influyen como proceso y ya registra algunas acciones peculiares, otras inéditas, sin poder afirmar si todo ello, en su conjunto, será suficiente para impulsar el bien de todos los zacatecanos, o sólo el de las camarillas dirigentes de los partidos políticos, vestidas con colores distintos para identificar algunas curiosas y poco creíbles amalgamas políticas, todavía sin dar por resultado la armonía de un arcoris, porque muestran salpicaduras, girones y roturas, incluso, de ideologías.
Parecen alianzas articuladas más por la fuerza de la pasión por el poder y el cálculo instrumental de las prebendas, que sostenidas por un auténtico fervor por la democracia. Palabra que desgastan al usarla como cliché y muy débilmente significada como compromiso para propiciar su aterrizaje, preservación y asunción como criterio orientador de todos los órdenes, en la política.
Esto no puede ser de otra manera por la concepción de los actores políticos respecto a lo que es la ciudadanía, la que, finalmente, con su participación y voto en las urnas delegará el poder. Si no acude a votar, de todos maneras lo delegará, con su ausencia y renuncia al deber de votar y ello influirá los resultados. Si todos los aspirantes de todos los partidos políticos son, en verdad, partidarios de la democracia, extraña de algunos de ellos la zaña de su lenguaje y el uso del estigma como la forma a su alcance para motivar a su favor el proselitismo.
En la búsqueda por fijar algún punto, aunque artificial y efímero, para levantar una identidad común, los extremos del lenguaje están al día: amor y rechazo, simpatía u odio, amigo o enemigo, pertenencia o despojo. Si no estás conmigo, estás contra mí. Abundan los señalamientos de causas a defender o a combatir. Y ante esta subjetividad desatada, la artificialidad o la apariencia lo es todo y la objetividad, no importa.
Tampoco se apela a la razón, porque para hacerlo parece no haber voluntad ni tiempo. Y para ahorrar en ambas cosas, el pragmatismo impone el apetito que quisieran unos, avasallara a todos, para que la pasión aplaste a la razón. ¿Para qué la razón, si se tiene y se prefiere la fuerza? Y si se carece de ella para ir en pos de lo que consideran su grandes fines, hay que inventar, encontrar o hacer aliados, cuya suma facilite conseguirlos: "Mi gente", más "tú gente, más "la gente de aquel". ¿De quién es la gente? ¿O porque ha de decidir el número y no el argumento, ni la razón? ¿Por qué la ocurrencia y no la realidad? La diferencia es obvia: ¿se trata de conducir a las masas a las urnas? ¿O se trata de convencer a l@s ciudadan@s de la importancia de discutir las propuestas, de enriquecerlas e ir a votar por la que más les guste?
Discrepo con una publicidad por incompleta, según yo, porque no se trata de ir a votar sólo por quien tú quieras. Una democracia será más potente si la ciudadanía vota por la propuesta que considere ser la mejor, para sí y para todos. Así se votará por la mejor propuesta y por el o por los candidatos que la hicieron, la divulgaron, promovieron y facilitaron su modificación con aportaciones pertinentes y eventualmente, si la llega a suscribir la mayoría con el voto, habrá sido por convicción.
Tal vez por ello resulta deplorable el que aspirantes a candidato a gobernar Zacatecas por el PRD, reunidos semanalmente en la cafetería del Four Seasons durante ¿un par de meses? del año anterior, a invitación de la Gobernadora Amalia, dejaron pasar las semanas sin conseguir verse, todos ellos, como los depositarios de una sensacional posibilidad: la de poder condicionar el proceso político en Zacatecas y no sólo el tratar de influir en el electoral, desde sus personalidades.
No se vio que asumieran, como colectivo, el protagonismo de esa parte informal del proceso de nominación del candidato a la gubernatura, el correspondiente, en este caso, al PRD. Aquellas reuniones, dejaban a salvo los derechos, tanto los de ellos, como los de todos aquellos que quisieran postularse para tal posiciòn, sin necesidad alguna de acudir ahí. No obstante, los 9 que asistieron, no tomaron el control colectivo ni gestionaron, de la misma forma, ese proceso de interés para todos los zacatecanos y hubiera sido ejemplar para todo el país, porque aquí estaban a la expectativa de noticias de lo que ahí ocurría y da la impresión que, por decirlo así, debido al carácter privado y voluntario de esas reuniones, no trascendió lo que realmente ahí ocurría y sólo se podían hacer conjeturas, con lo revelado por algunos de los asistentes.
No se sabe si había instalación, minuta de trabajo u orden del día. Ni tampoco si acudían a recibir información o si ellos mismos se organizaban para intervenir con algún orden en las reuniones, ni sobre qué, etc. Ni conocimos la carta de navegación o si navegaron, sin darnos cuenta. Es decir, faltó publiseidad o publificación de lo que ahí se hacía y los resultados divulgados, no eran alentadores. Al contrario, auguraban problemas a brotar en el momento de llegar al desenlace: la nominación del candidato del PRD, a Gobernador.
¿Por qué ocurrió así? Las respuestas son, la de cada uno de quienes ahí asistieron como aspirantes, las de la jerarquía partidaria local o nacional y la de Amalia, a las reuniones que ella asistió. Esto cobra importancia, sobre todo, si se toma en cuenta no sólo la distinta faceta de sí mismo que cada uno ahí mostraba sino por el distinto capital cultural de cada uno y la también distinta forma con la que cada uno acostumbra construir la idea o el fantasma de lo que es para uno: la autoridad, el poder, etc.
Así, los zacatecanos fuimos privados de una lección pedagógica fundamental para entender mejor el proceso de nominación en su conjunto y seguimos pendientes de varios desenlaces: al que puede conducir el fallo del TEPJF; los posibles en cuanto a dividir y restar fuerza al PRD, por inconformidad; la probable, suma de algunas voluntades con Antonio Mejía, Candidato a Gobernador, postulado por el PRD, que ya se ha dado. Otro sería la eventual suma a proyectos de otros partidos políticos, más los desenlaces que los lectores ven. No obstante, una cosa es cierta, quienes asistían a esas reuniones, aspirantes o no, todos eran protagonistas del proceso de nominación, en su fase informal.
A la vez, tenían sus derechos políticos a salvo, así como las posibilidades que tuvieron a la mano para intervenirlo, pero no lograron erigirse como un colectivo decidido a asumir la autogestión del proceso en bien de ellos, del PRD y de todos los zacatecanos. En esa película, mala no fue Amalia, malo es el no asumir los aspirantes, con todas las consecuencias, la capacidad colectiva para autogestionar ese proceso, con resultados de suma y comprensión para los zacatecanos, y no de división.
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