Opinión / Columna
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Socorro Martínez Ortiz
¿Qué le vas a regalar a México?
El Sol de Zacatecas
29 de enero de 2010
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"...Hidalgo soñó con formar ciudadanos honrados, trabajadores e industriosos que hicieran feliz a la tierra que los vio nacer..." (Luis González Obregón. México Viejo. 1988)
Con motivo de los Centenarios que este 2010 nuestro país habrá de celebrar: 200 años del inicio de la Guerra de Independencia y 100 de haber iniciado también, una Revolución que dio frutos en la Carta Magna de 1917, cuando se llenó de gloria al ser mundialmente la primera que plasmó en sus disposiciones los derechos sociales de los obreros y campesinos, logrando además elevar a rango constitucional, otros anhelos conquistados por el pueblo mexicano, la mercadotecnia no se hecho esperar.
Acompañada de panoramas alusivos a las variedades con que la naturaleza distinguió al territorio mexicano, o del embellecimiento de zonas arqueológicas y turísticas, en los medios de comunicación se formula para los habitantes, esta pregunta: ¿Qué le vas a regalar a México?
Dejemos por el momento el asunto histórico para hacer referencia a una realidad actual: ¿quién puede dar regalos? ¿Quiénes tienen la capacidad de darlos? Y a la vez podemos contestar que son las personas que tienen dinero, que tienen los medios para estar en condiciones de adquirir bienes muebles e inmuebles a fin de obsequiar a otras que por motivos diversos, deben festejar: cumpleaños; aniversarios de bodas; de novios, en fin... quienes carecen de tal posibilidad, regalan afecto, no lo compran, y de éstas existen una infinidad.
Volvamos a nuestro comentario. ¿Qué le vas a regalar a México? Y otra pregunta es obligada: ¿con qué patrimonio contamos para hacer un regalo a México? ¿Qué nos han dejado los gobiernos anteriores y el actual para festejar doblemente a nuestro país? Considero que tenemos poco o nada que ofrecer, pues formamos parte de un país que vive una aguda crisis económica que mantiene a millones de mexicanos en la pobreza y a otros en pobreza extrema; un país que se ahoga permanentemente en los cada vez más profundos problemas de inseguridad pública nacional; un país en el que prevalece, aún en pleno siglo XXI, un marcado índice de analfabetismo; problemas de salud; un país en el cual existen sectores importantes de la población que carecen de los servicios públicos más indispensables. Los habitantes de un país con problemas no superados como los que se mencionan, ¿qué regalo o regalos pueden ofrecer?
Los ciudadanos mexicanos no tienen aún satisfecho su problema democrático. Es decir, esa facultad que les permite libremente participar en la vida política del país, en los términos que dispone el artículo 35 de la Ley de Leyes. Muchos otros tampoco se ejercen plenamente
Si los mexicanos lograron su libertad, es importante destacar que durante la etapa de la prolongada Guerra de Independencia, sobre todo por las derrotas del padre Hidalgo y del padre Morelos, no fue posible establecer un cambio radical en las condiciones de trabajo. No es sino después de alcanzada la Independencia de España y la caída del Imperio de Iturbide que en la sociedad mexicana se presentan los problemas sociales que demandaban la atención de las condiciones de trabajo tanto en la minería como en las incipientes industrias que promovería el Banco de Avío.
Fue la Revolución la que se propuso cambiar el viejo modelo nacional y establecer uno nuevo en el que los principales beneficiarios del desarrollo lo fueran los grupos mayoritarios del pueblo mexicano. Don Porfirio impidió que los pueblos eligieran libremente a sus gobernantes. Un caso: conforme al Plan de Tuxtepec que contenía promesas importantes para los mexicanos, los habitantes de Morelia se organizaron para elegir Ayuntamientos y fueron a votar. El General Manuel González, que era comandante militar en esa ciudad y compadre de don Porfirio, mandó disolver a los votantes a sablazos. Lo mismo sucedía en todas las poblaciones. Nadie votó durante treinta años; se acataban las consignas que venían de arriba: así fueran gobernadores o simples alcaldes de cualquier pueblo. La máquina gubernativa llevaba carro completo; nadie tenía derecho a penetrar, si no era de los agraciados.
El gobierno consistía en una red cuyo centro era don Porfirio y se extendía a gobernadores, jefes políticos, alcaldes o presidentes municipales, hasta los encargados del orden en las más humildes rancherías, todos obedecían la voz del amo, como los músicos la batuta del director.
Una de las muchas consecuencias de la Revolución, estableció que la propia Constitución puede ser modificada. Se da así el planteamiento de nuevos objetivos políticos, de nuevos cambios cualitativos de contenido nacionalista y popular. Esto permitió la posibilidad de avanzar hacia la construcción de la nueva sociedad que la nación mexicana requiere con extrema urgencia a través de un amplio conjunto de reformas revolucionarias.
Requiere, reformas de fondo que permitan expresar, desde la norma constitucional misma, los cambios que México necesita para ir eliminando las situaciones de injusticia social que sin duda aún padece de manera particularmente grave en no pocos casos nuestro país, y para impulsar con todo vigor un verdadero, auténtico desarrollo nacional que distribuya equitativamente sus frutos y permitir al pueblo mexicano el acceso a estadios de mayor bienestar material y cultural. Reformas que otorguen reconocimiento legal a las grandes aspiraciones de los sectores mayoritarios del país y que posibiliten realmente propugnar su realización concreta desde el propio marco institucional.
Hay que considerar que además de ser el cuerpo normativo que contiene las disposiciones jurídicas fundamentales de nuestro país, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es también, y al mismo tiempo, programa nacional de carácter político, económico, social y cultural. En su articulado, se dibujan con claridad los rasgos fundamentales de un amplio proyecto nacional, que se fue estructurando de manera general en el largo trayecto histórico recorrido por nuestro país, y de manera más específica en el curso del profundo movimiento social iniciado en 1910.
No está el pueblo en condiciones de regalar nada a México. Más sin embargo, no se justifican los motivos por los cuales en el Decálogo propuesto por Calderón, se pretenda despojarlo de derechos conquistados como éstos: Sufragio Efectivo. No reelección. Representación de las minorías en el Congreso de la Unión. Aumentar el porcentaje de votación como una condición para que los partidos políticos mantengan su registro.
¿Qué debe más bien regalar el gobierno a los mexicanos con motivo del Bicentenario? Podría ser, desde mi particular punto de vista: seguridad pública nacional; generación de empleos; implementar programas de atención al campo; atender el problema educativo; atender asimismo el problema de salud... El derroche de recursos financieros para festejar el Bicentenario, es una bofetada a los habitantes del México actual.
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