Opinión / Columna
 
Efraín Esparza Montalvo 
¡Yo quiero ser chofer!
El Sol de Zacatecas
7 de noviembre de 2009

  Ayer viernes concluyó mi gestión como Vicepresidente de Radio de La Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México, A. C.

Fue una experiencia enriquecedora que me permitió recorrer el país entero, gestionando y abogando por los medios públicos de México.

A todos los asociados de La Red, mi agradecimiento sincero e infinito por sus enseñanzas, pero sobre todo por su apoyo y amistad.

Por inverosímil que parezca, el argumento que el portal de transparencia de la Secretaría de Gobernación esgrime para otorgar un sueldo mensual de $46,732.00 (cuarenta y seis mil setecientos treinta y dos pesos 00/100 m.n.) al chofer del titular de esa dependencia, Fernando Gómez Mont, es que se trata de un director de área que además de conducir el vehículo que transporta al número dos del gobierno de este país, realiza otras actividades inherentes a su responsabilidad, sin especificar cuáles. A ese sueldazo (por cierto el más alto que percibe cualquier chofer en el mundo), se suma un bono de productividad que ronda los siete mil pesos.

Consulté con dos fuentes de la Secretaría de Gobernación para confirmar la información, y me encontré con más: "Sí, se trata deå un fulano que cursó hasta el tercer año de secundaria y que no tiene más méritos que el ser muy cercano a Gómez Mont, desde hace por lo menos doce años"; coincidieron ambos.

O sea, que el señor chofer del Secretario de Gobernación se gana al año, por la agotadora y muy desgastante tarea de transportar a su jefe de la casa a la oficina y viceversa, y de vez en cuando a un punto dentro de la capital del país para presidir cualquier evento (porque cuando Gómez Mont viaja al interior de la república lo hace por vía aérea), la nada despreciable cantidad de $644,784.00 (seiscientos cuarenta y cuatro mil setecientos ochenta y cuatro pesos 00/100 m.n.); mientras que un obrero promedio, a veces con más preparación académica y méritos laborales, percibe al año miserables $25,200.00 (veinticinco mil doscientos pesos 00/100 m.n.). De ese tamaño es la desproporción de los salarios en nuestro país, aunque con la diferencia de que no todos somos amigos del Secretario de Gobernación.

¿No le da coraje? ¿No siente, como yo, que se están burlando de nosotros? ¿No cree que sea tiempo ya de hacer algo? Cuando nos enteramos de cosas como esta no podemos menos que indignarnos y manifestar nuestra inconformidad. El robo en despoblado que están haciendo estos sujetos del gobierno federal nos agravia a todos, fundamentalmente porque la pobreza aumenta día con día y los hambrientos se multiplican como búlgaros.

Recientemente y desprovisto de vergüenza, el presidente Felipe Calderón reveló que 20 millones de mexicanos pasaron de ser pobres a muy pobres, o sea, que la cifra se incrementó a cincuenta millones de ciudadanos en situación de extrema gravedad, mientras que los incondicionales y amigos de los altos funcionarios, pasaron de unos cuantos millonarios a ser los mismos solo que más ricos en apenas tres años.

Por eso titulo a esta entrega ¡YO QUIERO SER CHOFER! Porque aspiro y tengo derecho a ganar casi un millón de pesos al año; soy muy buen conductor, invariablemente respeto las reglas de tránsito, estudié mucho más allá de la secundaria, soy de buen trato y por si fuera poco bastante discreto. ¡A la orden!

Pero no solo se trata de choferes y linduras parecidas. Tuve un amigo (ya fallecido por cierto) que fue presidente municipal y diputado federal con apenas el segundo año de primaria. ¡Sí!, lo leyó usted muy bien ¡El segundo año de primaria! Ese señor se embolsó, durante los tres años en que fungió como tribuno, cerca de 8 millones de pesos, sin contar lo que por "servir" a su pueblo como presidente municipal, se "ganó" en un período similar.

Pero está la otra parte, la que protagonizan nuestros "representantes populares". Un senador, por ejemplo, percibe al año unos 8 millones de pesos que multiplicados por los seis años que dura su gestión, alcanza casi los cincuenta millones de pesos, es decir ¡4.3 millones de dólares! Lo suficiente, y un poquito más, para vivir como rico toda su vida.

Así las cosas. Por eso creo que debemos hacer algo porque lejos de cambiar, el panorama se advierte complicado para los próximos años si consideramos la nueva ola de impuestos que nos recetaron los señores diputados; las tributaciones no son otra cosa que más hambre y más violencia; más migración y menos competitividad; más problemas y menos paz social, y por si fuera poco menos oportunidades de empleo.

Ya lo sabe pues, si quiere ser rico y llegar a chofer o diputado gozando de sueldos descomunales, no estudie ni haga más mérito que ganarse la confianza de los hombres del poder; al fin que son ellos los que deciden.

El autor es analista.

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escast73@hotmail.com


 
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