Opinión / Columna
 
Manuel González Ramírez 
Recordando a nuestros muertos olvidados I / II
El Sol de Zacatecas
3 de noviembre de 2009

  "Podré fallecer y mi cuerpo convertirse en cadáver pero realmente moriré el día que ya nadie se acuerde de mi". Anónimo.

Algunas personas realizan obras trascendentes y por el bien común sin ningún otro afán que el de quedar satisfechos consigo mismos. Es una forma de sentirse realizados en la única vida que tenemos en este mundo. Lo hacen sin ningún interés. Pero también hay otras personas que motivados por la ilusión de dejar una huella de su existencia en este mundo, emprenden acciones, sobre todo, inéditas, originales, únicas, relevantes que garanticen su inmortalidad y los libren de la des-memoria colectiva. No obstante, para ambos tipos de personas existen riesgos que caer en el purgatorio del olvido o en el infierno del anonimato... es decir, que las futuras generaciones ignoren su existencia, sus acciones, sus logros, sus conquistas, sus aportaciones. ¿Por qué existe ese riesgo? Porque tal vez no quedaron evidencias, datos o registros de todo ello, o bien, por la falta de interés de las generaciones postreras, entre otras causas. Sin embargo, para evitar la amnesia colectiva total, muchas personas se encargan de registrar vidas y acciones de personajes contemporáneos mientras que otros se dedican a "mantener vivos a nuestros muertos", sobre todo, a aquellos que vale la pena recordar con un sentimiento de gratitud o con una finalidad pedagógica. Tenemos mucho qué agradecer de nuestros ancestros. Tenemos mucho qué reconocer de los protagonistas de la historia de ayer y de hoy. Tenemos mucho qué aprender de todos ellos. Al menos, ese es el sentir, la opinión y las acciones que realizamos los cronistas de comunidades, pueblos y ciudades del estado de Zacatecas y de casi todo México... registramos, preservamos, investigamos y difundimos datos del pasado y del presente.

Por todo lo anterior, debemos confesar que nos fascina nuestro oficio. Somos los "pescadores del tiempo". A veces, para "pescar" y conseguir un solo dato, debemos asumir una paciencia tremenda y emprender un sin fin de acciones para obtenerlo. Les ponemos un ejemplo. Ahora que se cumplen cien años de la fundación de la Cruz Roja Mexicana, se ha dicho que su fundadora (doña Luz González Cosío Acosta) nació en Zacatecas. Muchos lo aseguraban. Otros opinaban que había nacido en Jerez; unos que en Tlaltenango; y había quienes aseguraban que era originaria de León, Guanajuato, pero también había personas que defendían la versión de que esta ilustre mujer había nacido en la Ciudad de México. ¿A quién creerle? A quien ofreciera las pruebas documentales de lo que afirmaba. Después de una intensa búsqueda de eso dato único pero importante: el lugar de nacimiento de Luz González Cosío Acosta de López, gracias al apoyo de Bernardo del Hoyo Calzada, de Leonardo de la Torre Berumen y de Gerardo Luna Tumoine (director de Asuntos Religiosos de Gobierno del Estado de Zacatecas), por fin, la duda se disipó. En los archivos de los Mormones, donde se encuentran microfilmados los acervos parroquiales y civiles de todo el país, se obtuvo el dato que nos quitaba el sueño... ¡Luz González Cosío Acosta, fundadora de la Cruz Roja Mexicana, sí nació en la ciudad de Zacatecas!

Por cierto, a finales de septiembre de 2009, nos fuimos a la ciudad de México para investigar el paradero de sus restos -otra gran duda que teníamos-, y afortunadamente nuestro viaje no fue en vano. Ya localizamos sus restos, los mismos que hace poco tiempo fueron exhumados del panteón donde se encontraban, y en este momento reposan en un recinto especial de la ciudad de México, esperando un mejor destino. Al respecto, ya estamos poniendo manos a la obra porque deben estar en un lugar de honor, el que se merecen aquellos personajes que además de realizar acciones trascendentes por el bien común, han dejado un legado importante para el pueblo mexicano. Y doña Luz González Cosío es uno de esos personajes, ya que ella fundó la Cruz Roja Mexicana, una benemérita y apreciada institución que ha servido a nuestro país a lo largo de un siglo.

Hacemos un reconocimiento al Gobierno del Estado de Zacatecas, a la Oficialía Mayor de Gobierno y a Bernardo del Hoyo Calzada, porque por primera vez en la historia de las piras funerarias que se montan en palacio de gobierno, este año fue dedicada a una mujer, a doña Luz González Cosío. Nuestro buen amigo, Bernardo del Hoyo, se ha dedicado en los últimos años a rescatar una tradición que había desaparecido, nos referimos a los túmulos o piras funerarias, una forma en la que se honraba en Zacatecas a los muertos importantes, durante la época virreinal y una gran parte del siglo XIX. Esa singular tradición, ha revivido en el siglo XXI, para recordar y homenajear a personajes relevantes de nuestra historia matria.

Y hablando de nuestros muertos ilustres, queremos decirles que el pasado fin de semana (31 de octubre y 1º de noviembre), nos trasladamos a la Ciudad de México con dos propósitos fundamentales. En primer lugar, atendimos una invitación del Museo Diego Rivera, el Anahuacalli, para que diéramos una charla sobre la historia y tradiciones de Zacatecas, porque han de saber ustedes que en las fiestas de Día de Muertos que organiza este magnífico museo, en su edición 2009, estuvo presente el estado de Zacatecas como invitado especial. Ahí nos encontramos a una nutrida delegación zacatecana integrada por actores, académicos, artistas (entre ellos, Juan Manuel de la Rosa), filarmónicos y músicos (la Banda de Música del Estado de Zacatecas y el Auténtico Taborazo Zacatecano) y artesanos de diversas especialidades, quienes compartieron sus destrezas y talentos con los capitalinos. También quisimos aprovechar la vuelta al Distrito Federal para visitar las tumbas de varios zacatecanos ilustres que murieron y están sepultados en la capital del país. Queríamos saber dónde y en qué condiciones estaban. Eso se los reportaremos la próxima semana.

Hasta entonces.

* Cronista de Zacatecas.
 
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