Opinión / Columna
 
María Guadalupe Muro Robles 
Una nueva cultura sindical para México
El Sol de Zacatecas
18 de octubre de 2009

  Esta claro que un trabajador cumplido honesto y ético, nunca o casi nunca necesita del apoyo de un sindicato, ya que el ser institucional y responsable es tu mejor defensa ante cualquier riesgo laboral.

Los derechos laborales de los mexicanos están consagrados en la Constitución Mexicana y en las leyes laborales que se han decretado para ese fin, por lo tanto ningún sindicato puede aportar nada nuevo a ese derecho que nos ampara.

Los sindicatos ha lo largo de los años han perdido su esencia y objetivo para lo que fueron creados, la mayoría de ellos son antidemocráticos y corruptos y han favorecido en gran medida para que una organización o Empresa caiga en situaciones de bancarrota

Antecedentes

La historia del movimiento sindical en nuestro país, tal y como lo conocemos en la actualidad, está totalmente ligada a la formación, desarrollo, consolidación y decadencia del Estado semibonapartista emergido de la Revolución de 1910-17, consolidado durante la época del Cardenismo. La actual crisis que vive el Estado mexicano también se expresa en la crisis del corporativismo y por tanto de los sindicatos afines a esta norma. El corporatismo se ha utilizado en la época actual solo con fines políticos y partidistas, ya no con fines democráticos y de apoyo grupal.

El sindicalismo inicia en la era industrial donde grupos de trabajadores se organizaron para formar grupos de apoyo en contra de las condiciones laborales injustas de los obreros. Los inicios de la era de los sindicatos se dieron en la época de Porfirio Díaz.

El movimiento que mas impactó en el sentido de los primeros grupos subversivos, fue el que se originó en las luchas de Cananea y Río Blanco (1906-1907) que son un emblema de lo que tenía que enfrentar el sindicalismo y el movimiento obrero en aquellos tiempos.

De igual forma en la era de Carranza, en su natal Coahuila, se funda en Mayo de 1918 la Confederación Regional Obrera de México (CROM), con Luis N. Morones a la cabeza. Los sindicalistas, que intuían la maniobra no participan en la formación de la CROM o se desprenden de ella y forman el Gran Grupo Central de Trabajadores (CGT), que en un año amenazaban con superar en tamaño y fuerza a la CROM oficial, por lo que Carranza decide su supresión por la vía de la represión en abril de 1919.

En esos tiempos los lideres sindicales eran medianamente reales representantes de los trabajadores, ahora son literalmente traficantes de los derechos, apoyos y beneficios que se dan a la clase trabajadora, casos concretos; plazas laborales, ascensos, viviendas etc. motivo por el cual son considerados como representantes de pequeñísimos grupos los cuales aplican medidas de represión y acoso a trabajadores que no concuerdan con ellos.

Es necesario que en México se cree una nueva Cultura Sindical la cual se dedique a generar y apoyar a sus representados en buscar el crecimiento profesional y laboral dentro de sus centros de trabajo, es tiempo ya de dejar de elegir a falsos lideres que solo buscan su beneficio propio, y eliminar la creciente corrupción que existe en la complicidad que significa el apoyo irracional del Estado a estos grupos lo que permite el beneficio y enriquecimiento de los dirigentes sindicales solo para garantizar supuestas lealtades.

Después de la policía y los partidos políticos la población no tiene confianza en los Sindicatos, pues su imagen se ha visto deteriorada enormemente. Sindicatos como los mineros, magisteriales, paraestatales, federaciones y de algunas grandes organizaciones automotrices, han contribuido en gran medida para ello.

La mejor manera de vivir armónicamente ambas representaciones, Sindicato y Estado es actuando estos dentro de su ámbito de competencia, es decir no traspasar las líneas de operación que les toca desempeñar a ambos, el sindicato es un representante del trabajador y como tal debe de actuar, y sobre todo nunca prometer mas de lo que pueda ofrecer.

Es necesario que ya se acabe con los caciques sindicalistas, no es posible que tengamos líderes que buscan afanosamente cambiar sus estatutos para permitirse su "reelección" y así conservar su poder al frente de los sindicatos, de los cuales tenemos muchos ejemplos.

El líder sindical no nace corrupto, se hace corrupto", indica el investigador Marco Antonio Leyva Piña, del departamento de sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, y apunta que las prácticas ilegales en el sindicalismo son toleradas por el Ejecutivo, con el argumento poco creíble del respeto a la autonomía sindical. Aunque es cierto que también existen los que ya lo son antes de ser lideres.

Sin embargo no todo esta perdido, pues creo que aun existe la posibilidad de derrumbar estas prácticas y retomar el sentido democrático y verdadero del espíritu sindical, solo es cuestión de que nosotros los trabajadores hagamos de nuestro derecho de elección, la herramienta del cambio hacia una Nueva Cultura

Aportaciones y sugerencias

lupita_muro@hotmail.com
 
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