Opinión / Columna
 
José Manuel Martín Ornelas 
Dos de octubre no se olvida
El Sol de Zacatecas
2 de octubre de 2009

  El mitin del dos de octubre en Tlatelolco comenzó a las 5 de la tarde tenía por objeto exigir la salida de las tropas del Casco de Santo Tomás y Zacatenco (IPN), la consigna de dirigirse luego de la Plaza de las Tres Culturas al Casco de Santo Tomás, se había cancelado para evitar enfrentamientos con la policía y el ejército. Varios oradores del CNH, los que desde el tercer piso del edificio Chihuahua se dirigían a las más de diez mil personas, congregadas en la Plaza, tomaron la palabra; uno de ellos estaba afirmando que "era indispensable continuar la lucha y exigir un dialogo con el gobierno," se anuncia también, que la marcha programada al Casco de Santo Tomás del IPN no se iba a llevar acabo.

Hombres, mujeres, niños, ancianos, muchos sentados en el suelo, vendedores ambulantes, amas de casa con niños en brazos; habitantes de la unidad, escuchaban, algunos estudiantes pasaban entre los grupos distribuyendo volantes. Asimismo, hacían colectas en botes con las siglas CNH, vendían periódicos y carteles. En las grandes arterias vecinas la circulación era normal. El clima era tranquilo a pesar de la policía, el ejército y los granaderos que habían hecho un gran despliegue de fuerzas y rodeaban por tres lados la Plaza de las Tres Culturas. Una verdadera ratonera. Desde la rampa del tercer piso se vio como hacia entrada un grupo de trabajadores que portaban una manta: "los ferrocarrileros apoyamos el movimiento" este contingente obrero fue recibido con aplausos.

También se podían ver mantas de electricistas y otros sindicatos. En el, helicóptero, y después, a las 18:20 se elevó por encima de la iglesia de Tlatelolco arrojaron unas luces verdes de bengala. El hecho no tenía nada en si de extraordinario, pero a todos les pareció amenazador. Brotaron algunos gritos "quédense quietos no corran..." Sócrates Campus Lemus toma el micrófono y grita: ¡no corran, cálmense¡ ¡no corran compañeros, por favor¡ ¡no acepten provocaciones¡. En ese momento se oyeron unos disparos, la gente había corrido, en un primer impulso hacia el edificio Chihuahua gritando: ¡el Consejo¡ el Consejo¡; pero al llegar a la base del edificio retrocedió aterrorizada; como una sola masa, el movimiento de retroceso se propagó por toda la Plaza. La multitud intentó escapar por el costado derecho de la Plaza y nuevamente fue rechazada. Era una locura, se atropellaban unos a otros; gritos, llantos, señoras con niños en brazos, trabajadores, estudiantes.

Ya estaba oscuro y no se comprende la razón de ese tumulto. El orador que da la consigna de calma es empujado bruscamente por uno de sus vecinos, lo ataca y golpea con una macana. Los ocupantes de la tribuna trataron de escapar; son capturados por gente vestida de civil que salen de los apartamentos que estaban, como luego se supo, llenos de policías. En la explanada, antigua pirámide Azteca rodeada de fosos, los manifestantes tratan de huir sin comprender bien lo que sucede, pero se encuentran cara a cara con 5000 militares con cascos, metralletas y fusiles en las manos que avanzan en forma de combate.

En contra de la versión dada por los periódicos mexicanos ningún disparo partió en ese momento de los edificios que rodean la Plaza de las Tres Culturas, ni de los techos. Por el contrario se distinguen entre la multitud hombres vestidos de civil con guante blanco en la mano izquierda o con pañuelo del mismo color anudado. ¡BATALLON OLIMPIA¡ gritaron desde la otra escalera. También algunos disparaban con pistolas de grueso calibre a la multitud rechazándola a balazos, a la vez hacían señales a los militares que desencadenan de parte de estos últimos un fuego nutrido contra los manifestantes

Los militares avanzan con las bayonetas caladas; agachados caminaban unos cuantos metros y luego se perpetraban detrás de los coches; desde ahí disparaban al edificio Chihuahua. Obligan a retroceder a la multitud contra la iglesia. Los soldados salen de todas las calles y matan. La mayor parte de los estudiantes ayudan a huir a las mujeres, las protegen; ya es de noche son las 7:15 e inicia una tenaz llovizna, la balacera continúa y un disparo de una tanqueta incendia un piso del edificio Chihuahua.

Una calma extraña se apodera de todos, y todo el mundo exhorta a los demás a no perder la cabeza ¡calma¡ calma¡ se oye. Se empuja a los detenidos se da la orden a los hombres de arrojar los cinturones y a las mujeres el paraguas. La balacera ha cesado a las 18: 15 para entonces la llovizna se convirtió en chubasco, a las 10:30 vuelven a comenzar los disparos. Esa vez se dirigen a los edificios situados del otro lado del barrio Nonalco donde se ocultan, según se dice, francotiradores. Esta segunda balacera dura a su vez 20 minutos. La ciudad se llena de alaridos de las sirenas de las ambulancias. No ha habido una matanza igual en la historia de México. En las otras calles la circulación parecía totalmente normal. Había transeúntes, cláxones, taxis, ciclistas. Todo como si nada hubiera pasado. Un número aún no establecido de estudiantes, hombres, mujeres y niños cayeron asesinados en la Plaza de las Tres Culturas. A partir de ese momento la vida de muchos mexicanos quedó dividida en dos, antes y después de TLATELOLCO.

Con la inmolación del 2 de octubre, el movimiento estudiantil entró en una lenta pero irreversible agonía. Las masas reaccionaron con enorme temor ante la masacre y se fueron alejando de la actividad política. El desaliento, la confusión, el miedo, la incertidumbre terminaron por apoderarse de los ámbitos escolares, y fue en ese clima que se resolvió levantar el estado de huelga y desaparecer el CNH, acto último que simbolizó el fin del movimiento estudiantil de 1968; así lo dio a conocer en su "Manifiesto a la Nación." Las clases empezaron a normalizarse en enero del 69, poco más de cinco meses después del inicio del conflicto.

Jmm_ornelas@yahoo.com.mx
 
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