Opinión / Columna
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Claudia Sofía Corichi
¿Combatir la pobreza aumentando a los pobres el costo de los alimentos y las medicinas?
El Sol de Zacatecas
24 de septiembre de 2009
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El Proyecto del Presupuesto de Egresos para el 2010, enviado por el
Presidente Calderón a la Cámara de Diputados, prevé diversos aumentos de impuestos, entre ellos destaca un nuevo impuesto del 2 % al precio de venta de todas las mercancías, incluyendo alimentos y medicinas, que hasta ahora no están gravados con impuestos al consumo. La justificación de este nuevo gravamen es que se utilizaría para combatir la pobreza. La paradoja es que se pretende obtener impuestos de los más pobres -los que destinan el total de sus ingresos a alimentos, y ni así alcanzan a satisfacer esa necesidad- en lugar de gravar, por ejemplo, las ganancias obtenidas en la bolsa de valores por capitales golondrinos. Quizá, piensan los autores de la propuesta que como la pobreza es lo que más ha crecido en nuestro país, debe pagar impuesto.
Voces de expertos se han manifestado en contra de la pertinencia de esta medida, entre ellos el Premio Nobel de Economía 2003, Robert Engle, quien recientemente declaró, según la prensa nacional, que "el Gobierno de México incurre en una decisión equivocada al pretender incrementar los impuestos a la población, cuando la economía continúa en un periodo recesivo". A su vez, José Luis Calva Téllez, prestigioso economista de la UNAM, advirtió que: "la cascada de impuestos que comenzarían en 2010, si el Congreso avala la propuesta calderonista provocará una contracción económica de 1.8%". Los especialistas coinciden en que deben de gravarse mayormente los ingresos de quienes más ganan, como bancos y aseguradoras, y no los gastos de aquellos que no ganan lo suficiente para comer.
Los pobres no pueden pagar este nuevo impuesto que aumentaría el precio de alimentos y medicinas. Veamos algunos datos que lo dejan muy claro:
El 18 de julio pasado, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social presentó un informe en el que manifiesta que el 14.3 % de los mexicanos está en pobreza alimentaria, lo que significa que 19.5 millones de mexicanos no alcanzan, con sus ingresos, a comprar los alimentos que requieren, aún si destinan a ese fin el total de sus percepciones; que el 20.1 % de los nacionales viven en pobreza de capacidades, aquélla que se refiere a que una persona no puede satisfacer, con sus ingresos, los gastos de alimentación, de salud y de educación, destinando a este fin el total de sus ingresos; y por último, que el 40.2 % de los mexicanos se encuentran en pobreza de patrimonio, pobreza patrimonial que indica que una persona no gana lo suficiente para cubrir sus necesidades de alimentación, salud, educación, vestido, vivienda y transporte. Es de destacar que entre el 2006 y el 2008 la pobreza aumentó en nuestro país, creándose, en ese periodo, 5 millones más de pobres alimentarios, 5.1 millones más de pobres de capacidades y 5.7 millones de nuevos pobres de patrimonio.
La Secretaría de Hacienda dice que, este nuevo impuesto afecta por igual a todos los mexicanos, porque todos gastan en alimentos y medicinas; la afirmación es un sofisma, pues, como vemos, a los mexicanos en pobreza extrema se les va el total de sus entradas económicas en alimentos, lo que significa que para ellos se gravaría con el 2 % el total de sus percepciones, mientras que en los estratos de más altos ingresos, sus gastos en alimentación y bebidas representan sólo el 14.1 % de sus egresos; estos datos constan en los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH) 2008, publicitada por el INEGI el 16 de julio del presente año. La misma encuesta revela que, los mexicanos comprendidos en los cuatro primeros deciles de pobreza, sus gastos corrientes son mayores que sus ingresos, t-eniendo que recurrir a fuentes de ingreso no monetarios (como la producción de autoconsumo) o al endeudamiento, para mal cubrir sus necesidades básicas.
La situación se complica si tomamos en cuenta que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) se elevó en un 9.1 % en el periodo 2006-2008, pero el subíndice de alimentos y bebidas tuvo un incremento mayor, del 15.6 % en el mismo periodo, lo que significó, en palabras simples y llanas, que los pobres tuvieron que comer menos o comer alimentos de más baja calidad, además, el gasto corriente trimestral promedio, medido por la ENIGH 2008, sufrió una reducción real de 12.7 % en relación con el 2006. En resumen, los pobres de México cada vez son más, son más pobres, tienen menores ingresos, deben pagar más por sus alimentos y se ven obligados a reducir su consumo.
Si se aprueba el impuesto de 2 % generalizado al consumo, el resultado será más pobreza y más hambre, también mayor descontento y mayor frustración.
* Senadora de la República
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