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Pancho Austria, el último cacique
El Sol de Hidalgo
28 de octubre de 2011

  Pachuca, Hidalgo.- LEJOS DE SU TIERRA, Tepehuacán de Guerrero, donde finalmente fue sepultado, dejó de existir Pancho Austria Cabrera, considerado el último de los caciques, dejando tras de sí una vibrante historia y 20 hijos, de los cuales sobreviven 17.

Uno de ellos, Héctor Austria Salas, lo defiende: "No fue un hombre malo. Ni era dueño de vidas y haciendas. Era, simplemente, un gestor social y un líder natural".

No rechaza, sin embargo, el mote de "cacique", si por esto se entiende "jefe de indios", de los indígenas, a quienes, dice, ayudaba con mano firme.

En su cama de enfermo quedaron muy remotos los mejores días de "Don Pancho", aquél que encabezó una cabalgata integrada por un impresionante tumulto de 500 jinetes armados que viajaron, durante dos días, para llegar a Tamanzuchale, donde le dieron la bienvenida al entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines, amigo personal de su padre Francisco M. Austria.

El origen de los Austria se pierde en el tiempo. Quizá los primeros llegaron desde el Viejo Continente y decidieron, por alguna razón no conocida, establecerse en lo más remoto de la Sierra Hidalguense, donde, entonces, sólo se podía llegar a lomo de caballo.

Austria Cabrera, corpulento, de 1.90 metros de estatura, güero, chapeado, no sólo heredó tierras, sino también el carácter férreo de su padre Pancho M. Austria, alguna vez diputado local, quien también fue amigo de gobernadores y presidentes.

Pero a finales de los años 80 terminó el reinado de esa casta, cuando una muchedumbre saqueó e incendió las propiedades del recién fallecido Austria Cabrera.

"Mi padre no se sintió traicionado por el PRI. Más bien creyó que lo abandonó el sistema".

En ese entonces era presidente municipal de Tepehuacán Benigno Campos, quien no hizo nada, por el contrario, azuzó el festín de violencia.

Quemaron tres casas con todo y sus tiendas de abarrotes, incluso los ranchos San Simón y Xochimilco, este último, su favorito. Masacraron literalmente más de 700 cabezas de ganado, recuerda Héctor Austria Salas, quien actualmente se desempeña como director de Concertación Política del Gobierno Estatal.

Había un clima de linchamiento en el municipio que para entonces ya tenía carretera y electrificación, obras que, dice su hijo, gestionó Pancho.

Él salvó la vida y se estableció en una casa ubicada en la calle Plan de San Luis, número 12, en el pachuqueño fraccionamiento Constitución, a donde aceptó, a finales de la década de 1980, una entrevista con un reportero de este diario, a condición de que no grabara la conversación ni tomara fotografías.

Todavía prevalecía la leyenda negra del "cacique de Tepehuacán", alimentada por murmuraciones y acusaciones directas, algunas documentadas por un profesor indígena, Inocencio Rangel, originario de Tlahuiltepa, quien se declaró enemigo jurado de don Pancho..

"Lo acusaban de actos sangrientos y de algunas muertes, entre otros atropellos. Pero ningún hecho fue comprobado. Si lo que se decía de él hubiera sido cierto, pues habría caído en la cárcel", afirma Héctor, quien vivió en Tepehuacán hasta la edad de 11 años, cuando su padre lo mandó a la Ciudad de México a estudiar.

El difunto don Pacho fue presidente municipal desde muy joven. Decía la voz popular que a partir de entonces, y hasta antes de Benigno Campos, impuso a sus sucesores, al tiempo que cultivaba amistad con todos los gobernadores de sus tiempos, algunas veces compartiendo la mesa donde había tequila, pulque o whisky, porque "no tenía predilección por alguna bebida en especial".

Pancho fue tío de Carolina Viggiano Austria, hoy diputada federal por Pachuca.

"La gente lo iba a buscar para solicitarle algún apoyo o intervención ante alguna autoridad. Toda su vida se dedicó a gestionar obras", según dice su hijo Héctor.

Su caída se instrumentó, afirma, durante el gobierno de Adolfo Lugo Verduzco. Querían sacarse un diez, ante la moda de entonces de terminar con los supuestos cacicazgos, a iniciativa del presidente Carlos Salinas de Gortari.

Alejado del lugar donde produjo sentimientos encontrados, don Pancho murió a los 84 años, víctima de diversas afecciones, lo que ocurrió apenas un mes y 11 días después de la partida definitiva de su compañera, María Elena Salas. "Rezaba todos los días por la gente que quería".

Pero quedó vigente la leyenda, documentada en hojas sueltas, del cacicazgo que ejerció en una población enclavada en medio de la Sierra Hidalguense.
 
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