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Sociales
El fantasma en el convento
Foto: El Sol de Tulancingo
El Sol de Tulancingo
19 de noviembre de 2009
por Isabel Hernández
Tulancingo,Hidalgo.-Durante muchos años, y según consta en las actas del muy antiguo convento, las monjas, enclaustradas en tan lóbrega institución, sufrían la presencia de una blanca y espantable figura que, en su hábito de monja de esa orden, veían colgada de uno de los arbolitos de durazno que en ese entonces existían. Cada vez que alguna de las novicias o profesas tenía que salir a alguna misión nocturna y cruzar el patio y jardines de las celdas interiores, no resistían la tentación de mirarse en las cristalinas aguas de la fuente que en el centro había y entonces ocurría aquello: Tras ellas, balanceándose al soplo ligero de la brisa nocturnal, veían a aquella novicia pendiente de una soga, con sus ojos salidos de las órbitas y con su lengua como un palmo fuera de los labios retorcidos y resecos; sus manos juntas y sus pies con las puntas de las chinelas apuntando hacia abajo. Las monjas huían despavoridas, clamando a Dios y a las superioras, y cuando llegaba ya la abadesa o la madre tornera que era la más grande, aquella horrible visión ya se había esfumado. Así, noche a noche y monja tras monja, el fantasma de la novicia colgando del durazno fue motivo de espanto, durante muchos años, y de nada valieron rezos ni misas ni duras penitencias ni golpes de cilicio para que la visión macabra se alejara de la santa casa, llegando a decir en ese entonces en que aún no se hablaba ni se estudiaban estas cosas, que todo era una visión colectiva, un caso típico de histerismo provocado por el obligado encierro de las religiosas. |
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